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martes, 16 de febrero de 2016

Análisis: El nombre del viento, Patrick Rothfuss

Título: El nombre del viento
Autor: Patrick Rothfuss
Sinopsis: «Viajé, amé, perdí, confié y me traicionaron.»

En una posada en tierra de nadie, un hombre se dispone a relatar, por primera vez, la auténtica historia de su vida. Una historia que únicamente él conoce y que ha quedado diluida tras los rumores, las conjeturas y los cuentos de taberna que le han convertido en un personaje legendario a quien todos daban ya por muerto: Kvothe... músico, mendigo, ladrón, estudiante, mago, héroe y asesino. Ahora va a revelar la verdad sobre sí mismo. Y para ello debe empezar por el principio: su infancia en una troupe de artistas itinerantes, los años malviviendo como un ladronzuelo en las calles de una gran ciudad y su llegada a una universidad donde esperaba encontrar todas las respuestas que había estado buscando.

Editorial: Debolsillo. 
Número de Páginas: 872.

Todos sabemos que hay obras que no se pueden tocar porque los fans te agarrarían, descuartizarían y mostrarían tus pedazos al mundo como advertencia. El nombre de viento, o más bien, la primera parte de la Crónica del asesino de reyes es uno de esos libros.

En uno de mis paseos, hace unos años, en busca de comida para Green y palillos de las orejas para que Lyra pueda usar las puntas como esponjas, charlé con un chavalín que parecía tener muy buen gusto y me recomendó este libro con un tono serio y casi reverencial. Uno de los mejores libros que leería en mi vida, afirmó.

Y como estaba en una tienda por menos de diez euros, lo compré.

La verdad es que lo leí bastante rápido, no me duró ni una semana, también porque estaba en esas épocas en las que quería evadirme del estudio y podía pasarme horas y horas leyendo. El nombre del viento, por tanto, se deja leer y mucho. Tiene un estilo muy sencillo y, a pesar del interminable relleno y que apenas ocurran cosas, tiene un aire muy del «día a día» que me recuerda a esas series que una sintoniza para ver después de comer y reírse mientras pasa el rato. Las disfrutas, se pasan rápido y no les vuelves a dedicar muchos pensamientos excepto para rememorar las escenas que te han gustado.

Algo similar me pasó con este libro.

Luego llegó el segundo, que también me lo leí en un plis —en parte porque estaba en una Montaña, aislada y sin forma de comunicarme con nadie, de modo que aproveché para leer y aislarme del frío bajo las mantas de mi cama [L: Así sobrevivimos en la mazmorra]— pero me dejó peor sabor de boca. Sobre todo cuando empecé a hablarlo con gente que también lo había leído y le veía los mismos problemas que yo.

Eso me llevó a no volver a leer El nombre del viento, convencida de que tenía las mismas taras que la segunda parte.