Recordatorio

No somos profesionales, simplemente nos gusta leer y tenemos tiempo libre, así que a veces cometemos errores.

domingo, 30 de octubre de 2016

La canción de Aquiles


Título: La canción de Aquiles

Autor: Madeline Miller

Sinopsis:

El joven príncipe Patroclo mata por accidente a un muchacho. Repudiado por su padre, es exiliado al reino de Ftía, donde lo acoge el rey Peleo, un hombre bendecido por los dioses, inteligente, apuesto, valiente y reconocido por su piedad. Tanto que se le concedió el más alto honor, la posibilidad de engendrar un hijo con una diosa: Aquiles.

Aquiles es fuerte, noble, luminoso. Patroclo no puede evitar admirar hasta el último de sus gestos; su belleza y perfección hacen que sea incapaz de contemplarlo sin una punzada de dolor. Por eso no se explica que Aquiles lo escoja como hermano de armas, un puesto de la más alta estima que lo unirá a él por lazos de sangre y lealtad, pero también de amor. Así emprenden juntos el camino de la vida, compartiendo cada instante, cada experiencia, cada aprendizaje y preparándose para el cumplimiento de una profecía: el destino de Aquiles como mejor guerrero de su generación.

Especializada en cultura clásica, Madeline Miller acomete una relectura del mito de Troya, mostrando su plena actualidad y vigencia. Todos los elementos que tan familiares nos resultan y que forman una parte tan esencial de nuestra cultura tienen cabida en ella: la belleza de Helena, la fuerza de Áyax, la astucia de Ulises, la nobleza de Héctor, el sacrificio de Ifigenia, la obstinación de Agamenón… Y, sin embargo, toman una nueva dimensión, moderna y actual, con un estilo tan firme y fluido, desarrollando una trama tan inteligente y bien perfilada que resulta imposible abandonar su lectura ya desde la primera página.

Editorial: SUMA, 2012

Número de Páginas: 497


Pobre gente que escribe las sinopsis, cuántas mentiras se ve obligada a decir. A menos que «relectura moderna» sea equivalente a «anacronismos» y el tema del compañero de armas sea… acompañar sin más. También es divertido que se mencione a personajes como Áyax que no tiene ningún papel, o Ifigenia, o la misma Helena. Lo único que tiene de cierto es que… vais a leer a Patroclo «admirando» —ya entraremos en eso— a Aquiles.


En cada maldita página.





Pero vayamos al tema. Por lo general relacionamos la guerra de Troya con epopeyas grandiosas y no es para menos al ser una de las historias más antiguas de Europa y que todavía hoy se sigue leyendo. Homero estaría orgulloso. Este señor, que ni sabemos si existe, nunca describió la relación de Patroclo y Aquiles como romántica, sino que hablaba de «amigos». Pero quizás esto se debía a que la gente ya era consciente del tipo de amigos que eran. Recordad que la Ilíada era un poema oral enorme que se puso por escrito. No era necesario explicar algunas cosas, igual que nosotros vemos innecesario aclarar que Harry es amigo de Ron y Hermione cuando hablamos de Harry Potter. Y otras sólo se remarcaban porque permitía hacer rima y por técnicas de memorización que ayudaban a hacer la narración más fluida (Atenea la de los ojos glaucos). También es posible que se debiera a que se sentía cierta vergüenza contra los shippers de Aquiles y Patroclo porque el sistema pederasta griego respetaba el amor entre alguien mayor y un menor, y la parejita ya debía estar talluda al final de la guerra de Troya, así que estarían rompiendo ciertas normas. El caso es que la cultura popular reconocía el amor de esta pareja sin problemas [L: Que no, mujer, que la homosexualidad nunca ha estado reconocida hasta ahora tsk]. Alejandro Magno y Hefestión, otra pareja muy conocida, les rindieron culto identificándose respectivamente como Aquiles y Patroclo —y también moriría primero el segundo y le seguiría el otro al cabo de poco tiempo—.

[Nuestro amor es clásico YA: brilla por su ausencia.]
Así pues, cuando una coge este libro espera leer dos cosas: una historia de amor y la horrible y maravillosa guerra de Troya. Y yo me pregunto: ¿Cómo puede fallarse teniendo tantos libros, tanto material, incluso pudiendo corregir los errores de la película donde aparece Brad Pitt interpretando a Aquiles?

Pues… inventándote a Patroclo y a Aquiles. Ah, y cosificando a Aquiles, sus maravillosos labios, su suave piel, su figura firme —y casi femenina—, el cabello de fuego, los, insisto, labios de pétalos de flor…

En serio, es insufrible.


A nivel general, este libro es una pobre representación del conflicto de Troya. Una diría: ¡pero es que Troya no es importante, lo es el amor de los protagonistas! ¡Vaya, por Medea, menuda lástima que resulte que casi la mitad de sus vidas transcurren en Troya, que su destino está ligado a Troya —en el caso de Aquiles desde el nacimiento— y que ambos mueran en Troya! ¡Es que no es importante y por eso no ocupa ni la mitad de la novela!

Así que sí, esperaba encontrar más esfuerzo en vez de encontrarme que en cierta parte pone «y pasaron diez años» y ea, tirando, que es gerundio.

Normalmente no me atraen las relecturas pero en ocasiones pueden ser interesantes. Siempre había querido una historia centrada en Aquiles y en Patroclo. Pero porque eran Aquiles y Patroclo. Un semidiós arrogante y cruel y un joven fiel, pero más amable, ambos luchando codo con codo en el campo de batalla. En su lugar vais a encontrar a una especie de maniquí monísimo en el lugar de Aquiles y a un chico feucho —aunque las fanartistas ignoren este dato— y que en nada se parece a Aquiles —lo cual me hace gracia porque, bueno, gran parte del argumento de Patroclo es que puede pasar por Aquiles—, con poca autoestima y extremadamente pacifista, que no hace literalmente nada hasta las pocas páginas antes de su muerte excepto mirar y admirar a Aquiles en toda su maravillosa perfección de vampiro sobrehumano y resplandeciente.

También tenemos a un personaje muy diferente de la Ilíada: Tetis es una de las malas de la historia, a pesar de que la autora nos quiera recordar de mil en mil que todo lo hace por proteger a su hijo. Por eso su final me resulta tan absurdo. Pero eso lo trataremos en la parte de los spoilers. El caso es que Tetis, aunque tenga un diseño guay y en cada aparición se enfoque lleva un vestido chachi —pero si es una nereida, diréis, que vive en el agua. Ya, y odia a los humanos. Pero se viste para salir presentable—, es la que se interpone en la relación de los protagonistas, odia a Patroclo y no duda en hacerles la vida imposible. Aunque en la Ilíada llega a conservar el cuerpo de Patroclo para que no se pudra y parece ser bastante amable dentro de la exageración de las diosas.

Ya, pero qué gracia tendría una historia si no hay impedimentos. Y ese es el problema que tiene doña Miller. Crea conflicto donde este no existe. En algún momento se mencionan las costumbres pederastas de los griegos, creo que cuando Patroclo tiene unos 15 años, pero dice que ya es demasiado mayor para eso y que sería una humillación para Aquiles —es lo único interesante del libro: de esa forma se está diciendo que Patroclo es el «dominante», porque la vergüenza es siempre para el que está debajo y se somete a otro hombre—. Lo cual es absurdo porque tienen quince años. Sé que en esa época no había división entre niños-adolescentes-adultos, pero a esa edad todavía eras un chaval. Los espartanos con suerte estaban a punto de casarse con una chica a la que le rapaban el pelo para que pareciera más un chico y no aterrorizara a su futuro marido por su diferente aspecto.

El caso es que por algún motivo su relación está prohibida a lo largo del libro y es como un secreto a voces. Luego está el tema de que la madre no los quiere juntos y, en realidad, prácticamente nadie quiere que estén juntos porque a ver si va a impedir que Aquiles tenga hijos. Habría visto más lógico que pensaran que era una deshonra estar con un hombre que se niega a ser guerrero, pero eso se toma como lo más normal del mundo. Porque, ejem, anacronismos.

[Y esta novela está llena de bullshit]

Tres cuartas partes de la historia se centran en la juventud de Patroclo y Aquiles y no pasa mucho, por no decir nada. Aprenden con Quirón un par de cosas, se separan, se juntan y llega Ulises —el mejor personaje. Y dice cuatro frases. Bueno, perdón, el mejor es Apolo y ya veréis en los spoilers por qué— y parten para Troya. Allí nos describirán un añito muy resumido y luego «pasaron diez años» y se llega a lo interesante.

Lo más fascinante es que los personajes no cambian, son indistinguibles de cuando eran niños excepto porque Aquiles se vuelve más sanguinario y Patroclo más pasivo que nunca.

La narración está en primera persona del pasado y luego en primera presente. Y esa parte, completamente inventada, también tiene tela porque se separa innecesariamente de los hechos acontecidos en la Ilíada. En sí, es una primera persona mediocre y aburrida. La rígida traducción no ayuda. Y un párrafo puede empezar meditando sobre una cosa, para a otra, y terminar con la del principio. Los saltos de tiempo, como ya he comentado, son aleatorios y la narración se centra en elementos innecesarios, como que Patroclo aprende a ser médico. ¿Para qué? No tiene ninguna repercusión en la historia. Da la impresión de que se intente ganar tiempo antes de Troya, pero no se desarrolla la personalidad de los personajes ni hay ningún esfuerzo de profundización.

Quienes vengan por amor sólo encontrarán una repetición constante de una relación que se estableció en las primeras 50 páginas y cuyo desarrollo no tiene consecuencias hasta el último segundo de forma muy forzada. No hay ninguna escena subida de tono, lo cual no es malo, es más, lo prefiero así, pero en sí… tampoco hay nada. Los conflictos de los personajes aparecen al final, no tienen un verdadero motivo para nada y Aquiles es tan aburrido que casi me daban ganas de llorar.

Así que no, no lo recomiendo. Si queréis una historia de romance gay, id a otro libro que al menos os dará una relación más entretenida.



Historia

Pues… la verdad es que no hay mucho que contar, excepto que los cambios incluidos por la autora para sentirse más cómoda me parecen absurdos. Me cuesta creer que trabajara diez años para… esto.

Nah, miento, sí que hay mucho que decir. 

Si me he dejado los dedos con esto esperad a Captive Prince...
En fin, ya he comentado que la historia desborda un dramatismo innecesario en la historia de Aquiles y Patroclo para que, cuando llega el verdadero momento —la guerra de Troya— de crear drama… este casi no exista. El resumen narrativo está por todos lados. Podemos pasarnos páginas leyendo sobre cómo Patroclo atiende a heridos o lo bonitas que son las montañas pero no hay sentimiento. No he sentido verdaderos puntos de inflexión… y mira que los ha habido.

Probablemente el problema es que Patroclo no tiene personalidad y no existe para nadie excepto Aquiles. Esto lo desarrollaré más con los personajes, pero me explicaré: doña Miller hace que Patroclo sea feo y medio tonto —algo que nunca he entendido porque en la narración tonto no es— para aislarlo de su padre. Además, le da una madre retrasada para que tampoco pueda contar con su amor maternal. No le vemos tener conversaciones excepto para asentir a su padre, que todo el rato teme que cometa un error. Y precisamente porque es un niño pacífico, la autora debe forzar —como veremos más tarde la participación de Patroclo en la guerra de Troya inventando que su padre lo presentó como pretendiente para casarse con Helena cuando tiene ocho años. Así, cuando Ulises hace que todos queden comprometidos a ser fieles a Meneleao, habrá excusa de guión para justificar que Patroclo vaya a la guerra porque es pacifista. Así que irá obligado [R: melodrama. El drama es bueno. Es lo que hacen los griegos. El melodrama es malo, niños. Así que no es ningún halago.]

Poco después, Patroclo mata al hijo de un noble sin querer. Le da un empujón y este se revienta la cabeza contra el suelo. Como resultado, su padre lo exilia, quitándole el título de príncipe y todo eso [R: porque melodrama]. En la Ilíada Patroclo simplemente acude a educarse a la corte del rey Peleo, algo normal si es un hombre tan respetado que los dioses le permitieron violar a la nereida Tetis. Es decir, que tenía una historia perfectamente justificada y coherente pero la cambió porque… Bueno, ya veremos por qué. [R: os lo adelanto. Melodrama] [L: Inesperado].

Así que Patroclo acaba en el hogar de Aquiles, un chico brillante como el sol, con pies preciosos y que huelen muy bien porque siempre se los baña en perfumes [L: ¿Huelo a sarcasmo?] [R: qué va, lo remarcan varias veces] y con el pelo dorado y pupilas [R: nunca me ha quedado muy claro por qué esto no espanta a la gente] verdes y muy lindo. Porque si algo es Aquiles, es lindo. En todo el libro no ganará músculo hasta diez años pasados la guerra de Troya, lo cual me hace gracia porque solo hay que ver la cerámica griega para saber qué esperaban los griegos de un héroe. Pero doña Miller cree que poner a un chico de 15 años al frente de las machorras tropas griegas con aspecto de niña va a gustar a alguien más que a los pederastas. En fin.

El caso es que Patroclo se aísla porque [R: melodrama] no sabe relacionarse con los demás y todo va a peor cuando se enteran de que, chan chan, es un asesino. En vez de admirarlo y tal y de interesarse por si mató a alguien en duelo, lo rehúyen como lo harían estudiantes de hoy en día. Anacronismo al canto. Además, Patroclo odia la instrucción militar así que se salta las clases. Un día Aquiles, a quien todos adoran, lo encuentra y Patroclo le pide que mienta por él a pesar de que se supone que no es capaz de hablar en su presencia por lo mucho que lo admira. Aquiles, quien luego nos confesará que no siente interés por las personas ni es capaz de distinguirlas unas de otras —al menos a sus propios hombres en el campo de batalla—, resulta sintió interés por él desde el principio quizás por no ir como un patito tras él.

[Esta no es tu novela. Fuera de aquí :/]

Se hacen amigos tras eso. Bueno, más que amigos. Aquiles decide hacerlo su compañero de armas [R: quiero llorar por la ironía], que normalmente implica, ejem, algo más que una relación de amistad… aunque podríamos hablar de amor platónico, claro. ¿Por qué, os preguntaréis, se queda al seco y poco interesante Patroclo? Porque, según él, es sorprendente. Ya me dirá él porqué. Y bueno, sigamos antes de que me dé una embolia. Esta repentina unión no solo despierta celos entre los compis de Patroclo, que desaparecen para siempre de escena, sino que no le gusta nada a Tetis. La madre de Aquiles suele pasarse a visitarlo y acosará más de una vez a Patroclo para decirle que no se merece a su hijo pero reconoce que no es para tanto porque un día se morirá así que no pasa nada. Encantadora [L: La suegra definitiva].

El caso es que Aquiles y Patroclo se van acercando hasta que un día, muac, se dan un beso. Y Patroclo se asusta y Aquiles —esta es de las pocas cosas que me parecen bien tratadas—se siente rechazado y se lo toma muy mal. Lo suficiente para ser tan cabrón de marcharse al día siguiente con el centauro Quirón esperando que Patroclo vaya tras él porque ha desarrollado un evidente sentimiento de dependencia. Por supuesto Patroclo va detrás y, a pesar de que Tetis estaba encantada con la «ruptura» de los niños y quiere obligar a Quirón a que envíe lejos a Patroclo, se quedan a aprender del centauro durante un par de años.

En realidad no aprenden mucho excepto a moverse por la montaña, cosa que les será completamente útil porque luego van a la guerra y… necesitan tanto esas habilidades… Patroclo aprenderá técnicas de médico pero se negará a ser soldado. Y como Aquiles ya es perfecto, pues nada. A otra cosa, mariposa.

Por cierto, un pequeño inciso: Aquiles normalmente no entrena delante de sus compañeros, así que no sé de dónde sale su fama de invencible ya que nadie es testigo de su impresionante velocidad [L: Mira cómo es y aún sigue vivo con ¿17 años? Yo también me sorprendería]. De verdad, doña Miller, si quieres hacer un Gary Stu interesante aprende de Deadpool.

Con un conveniente salto de tiempo —algo así como «y pasaron dos años»—, llega un mensaje de Peleo que hace regresar a Patroclo y Aquiles. Paris ha secuestrado a Helena y Agamenón está convocando a los pretendientes de la esposa de su hermano a a la guerra contra Troya. Aquiles no se muestra interesado en este asunto de faldas: lo cual es absurdo porque Aquiles en teoría es puro orgullo y fama. Pero claro, doña Miller ya ha puesto que el mejor de los griegos no hace nunca demostraciones públicas y que desarrollará interés por crearse una leyenda andando el tiempo, porque no es nada que se enseñaba a los niños o que un muchacho semidiós esperaría. Anacronismo al canto again.

Pero por si acaso, y solo por si acaso, Tetis secuestra a su hijo y lo esconde durante meses vestido de chica en la corte del rey Licomedes. Patroclo llega hasta ahí y se queda a vivir en su costumbre de no hacer nada y simplemente seguir a Aquiles, quien danza para los espectadores y, ah por cierto, ha engendrado un hijo con la princesa Deidamia. Un hijo por el que nunca se preocupará y tendrá una ridícula aparición al final. El caso es que Tetis los casó para intentar separarlo de Patroclo [R: yo es que no entiendo a doña Miller. Técnicamente Tetis quiere evitar que su hijo vaya a la guerra, motivo por el que mete a su hijo en la corte de Licomedes. Lo de que ella le fuerza a tener sexo con Deidamia es una bobada, Aquiles claramente cumplía con las costumbres bisexuales de su tiempo. El caso es que era muy, muy normal que los hombres tuvieran amantes masculinos por amor y solo se casaran por deber. ¿Tetis es tonta o qué? Hasta Briseida comentará más tarde que se puede casar con Patroclo sin que deje de ser amante de Aquiles. En fin. Tetis odia a Patroclo pero es capaz de hacer que Aquiles, su niñito, se case con una princesa don nadie y tenga un hijo con ella… Ajá. Porque el que ella sea mortal supongo que no importa. La cosa es interponerse en la pareja principal. Melodrama y encima anacronismo] y al final no servirá de nada cuando llegue Ulises dirá: «Patroclo se viene conmigo porque juró y Aquiles, ¿sabes de esa leyenda que dice que morirás en Troya pero tu fama será inmortal? Vente, anda.»

Y Aquiles y Patroclo van.

Ya en la guerra… La decepcionante guerra debería decir. En la Ilíada se nos cuenta cómo intervinieron todos los dioses de ambos bandos hasta que Zeus, por quejas de todos, tuvo que sacarlos. Aquí solo vemos a Tetis de vez en cuando y de fondo. Pero vienen también las perlitas.

Al parecer todos respetan a un Aquiles que nunca ha hecho nada, ni siquiera demostrar su primacía en la batalla, nada más aparecer. Tenemos constantes ejemplos de nepotismo como este:

«Aquiles se hallaba muy complacido: se había hecho con uno de los puestos de primacía y sin luchar» (p. 293).
Si se enfatizara más el tema de la leyenda o se fuera realista y Aquiles hubiera participado en exhibiciones públicas de sus habilidades, me creería que Agamenón le de tanta prioridad. Si no… pues ea. Gary Stu x1000. 


Luego viene una de mis partes favoritas:

«No había palabras que yo pudiera pronunciar para explicar cómo me sentía. El nuestro era un mundo de sangre y solo la reputación lo conquistaba. Los cobardes no combatían. Un príncipe ni siquiera tenía elección: guerreaba y ganaba o guerreaba y moría.» (p. 295)

Todo bien, ¿no? Lógico y coherente. Pues atención:


«Sin su presencia, el pabellón parecía de pronto mucho más pequeño y cerrado, y olía más a las pieles colgadas por las paredes. Me tumbé en nuestro lecho […] carro que se alejaba. […] Cerré los ojos y me dormí.» (p. 296)

No. Mira doña Miller, no. Las cosas no funcionan así. Ya estoy vomitando sangre porque hagas que Patroclo no luche junto a Aquiles y lo metas en la categoría de «cobarde» [R: ¿Qué Ilíada se ha leído? La que me tocó leer a mi en bachillerato desde luego no]. Pero la cosa de un ejército es que quien no lucha o tiene otro trabajo —talabartero, médico, esclavo…— O ES CASTIGADO.

Doña Miller no tiene suficiente con ignorar los temas de la homosexualidad hasta la página 235 sino que se inventa las reglas de la guerra. Perfecto, oiga. En realidad Patroclo lucha en un par de batallas más tarde, pero luego se justifica con que la gente se acostumbra a vivir en la playa de Troya durante diez años como para que no todos vayan siempre al combate. No me gusta, pero podría tragármelo... Si al menos Patroclo hubiera luchado bien al principio.

Y es que cuando Patroclo va a su primera batalla literalmente pone que no mata a nadie y apenas sí usa la lanza para caminar. ¿Esta mujer sabe cómo eran las lanzas o cómo funciona el campo de batalla? ES IMPOSIBLE estar por ahí perdido como hace Patroclo sin que alguien te mate.

Frustraciones acerca de lo perezosa que es esta parte de la narración, técnicamente la más relevante de la historia, he de comentar que la relación de Aquiles y Patroclo sigue exactamente igual que la primera vez. Así que hay que meter un poquito de salseo. Al parecer, Patroclo se dedica a pedir a Aquiles que reclame esclavas para salvarlas de su destino. Entre ellas está Briseida, a la que ponen como una campesina porque estoy segura de que Homero se interesaba mucho por esta clase de personajes y que una chica podía ser tan guapa y estar tan bien alimentada siendo de bajo estamento. El caso es que Briseida, andando el tiempo, se enamora de Patroclo. Patroclo, por cierto, tuvo sexo con Deidamia para calmarla cuando Aquiles la ignoró porque «no sentía interés por ella». ¿He dicho ya melodrama?

Luego doña Miller intenta responder a una de las grandes preguntas de la Ilíada. ¿Por qué Aquiles y Héctor no se enfrentaron hasta el final de la guerra?

«Más tarde, Agamenón le preguntaría cuándo pensaba enfrentarse al príncipe de Troya. Aquiles le dedicó una de sus sonrisas más cándidas y desesperantes antes de contestar:

—¿Y qué me ha hecho Héctor a mí?» (p. 323)

Seguramente lo mismo que esos veinticinco hombres que matas durante las cargas o la montaña de cadáveres sobre la que trepas al final de cada combate, Aquiles. A ver, la cosa es que Aquiles no quiere luchar contra Héctor porque si este muere, Aquiles morirá. Pero Aquiles sabe que no lo matará él. Así que ¿????

Es una excusa bastante débil viniendo de un personaje tan orgulloso como Aquiles, que se aburre mucho en combate y siempre quiere retos. ¿Qué mejor reto que Héctor o los grandes soldados de la época en vez de los pobres soldados que sólo están para ser asesinados? Más tarde se insinuará como una cobardía encubierta para alargar su vida pero como no se desarrolla...

El caso es que Aquiles va destacando cada vez más, al parecer, como uno de los pocos dirigentes con cabeza en contraste con el orgulloso Agamenón. Hace discursos para los griegos y los convence de quedarse para saquear Troya. El momento de tensión llegará cuando Agamenón no pueda quedarse a una esclava llamada Criseida porque Apolo se enfada cuando se niega su devolución a su padre Crises —sacerdote del dios—, con el resultado de que el dios manda una Plaga que destruye en parte a los griegos. Es aquí cuando Aquiles hace otro discurso y consiguen que devuelvan a Criseida. Pero Agamenón no puede permitir algo así y le arrebata a Aquiles a Briseida. Como la narración no se cansa de repetir, Aquiles no siente nada por ella, solo deja que se la lleven y se enfurruña en un rincón para que la gente vea que está siendo injustamente humillado a pesar de todo lo que ha hecho por la guerra.

Es el único momento en que Patroclo verdaderamente se enfada con él y le traiciona para conseguir que Briseida no sea violada. Al parecer el plan de Aquiles era que sí que lo fuera para poder tener un argumento contra Agamenón. Aquiles lo perdona a pesar de todo, de modo que no tiene ninguna influencia en su relación. Pero no se ha quedado de brazos cruzados y ha conseguido que Tetis ejerza su influencia sobre Zeus: desde entonces, los griegos no ganan ni una sola batalla.


Pero aunque Ulises, Áyax y demás gente importante le pide que vuelva, Aquiles se niega a hacerlo hasta que Agamenón se lo pida y Agamenón, claro, se niega. Al final hay tantísimas muertes que Patroclo no puede más y le pide, en una reacción absurda para un pacifista, que le deje salir cuando tienen a los griegos encima. Lo convence diciendo que no luchará, que solo se quedará en el carro. Y Aquiles, porque tiene todo el sentido del mundo mandar a tu novio a pelear contra semidioses como Sarpedón, y esperar que no le pase nada.

Y yo quiero reírme por no llorar porque, por mucho que Patroclo diga que no va a luchar HAY UN MARAVILLOSO ARQUERO LLAMADO PARIS y, no sé, LANZAS QUE SE PUEDEN ARROJAR. Podría pensar que Aquiles se esconde detrás de su invulnerabilidad pero lleva años viendo morir a la gente y sabe lo frágil que es Patroclo.


Al parecer esto se justifica porque la autora quiere darnos una lección y hacernos creer que la profecía que dice que antes de Aquiles morirá el mejor de los mirmidones —los mirmidones son los seguidores de Aquiles— se puede relacionar con este personaje. Briseida más tarde gritará que Patroclo era el mejor de los mirmidones. Y me entra la risa histérica. Mirad lo que pone en la Wikipedia, una de las fuentes menos leales a los datos pero, igualmente, MIRAD lo que pone:

«Eran un pueblo valiente y con guerreros muy capaces, y en la Guerra de Troya lucharon bajo las órdenes de Aquiles.»

Enésimo anacronismo al canto y una bofetada a todos los escritores que se han esforzado por recrear una época. Y a ver cómo lo digo más alto, ¡¡no se pueden imponer nuestros cánones al pasado!! Podemos pensar con razón que Aquiles era un cabrón egoísta y hacer historias para explicar su carácter o acercarnos a él. Pero imponer nuestro criterio sobre un personaje deformado y cambiado hasta el extremo de que es irreconocible para que se parezca a lo que pensamos hoy en día es nada más y nada menos que un insulto.

En fin, Patroclo, por arte de magia, se vuelve un luchador excelente, se le suben las ganas de matar —esas que nunca había sentido— a la cabeza y mata a Sarpedón y otros tantos:

«Tal vez fuera obra de la armadura, que ya estaba moldeada, quizá fueran los años que me había pasado observándole, pero lo cierto es que mi hombro ya no se vio afectado por el tembleque ni el torpor de antaño. Lograba un equilibrio perfecto, más alto, más fuerte». (p. 432)

A esto también se lo conoce como un Deus ex Machina porque la autora no tiene ni idea de cómo justificar que Patroclo luchara bien en lugar de Aquiles. Luego, como hay que seguir los hechos de la Ilíada y es difícil hacerlo con un personaje pacifista, a Patroclo le da igualmente por algún motivo por subir las murallas de Troya. Y viene el mejor momento de todo el libro, un Diabolus ex Machina respetado del poema original pero que no tiene fuerza en una historia donde los dioses casi nunca aparecen y da la impresión de estar sacado de la manga:

«—Apolo.

Esbozó una sonrisa, como si todo cuanto quisiera fuera eso, que le reconociera. Entonces alargó un brazo capaz de abarcar la distancia imposible entre mi cuerpo colgante y sus pies. Al cerrar los ojos solo fui capaz de sentir cómo un dedo me enganchaba por la parte posterior de la armadura, tiraba hasta alejarme de mi asidero en la pared y me arrojaba abajo» (p. 438)

Creo que es el momento que más he disfrutado de la novela [R: Apolo rules]. Te quiero tío.

En fin, Héctor mata a Patroclo y el resto de la narración es desde el punto de vista de un espíritu en pena porque no es enterrado. Lo cual tendría sentido, porque siguen los hechos de la Ilíada —Aquiles llora y llora sobre el cuerpo de Patroclo, mata a Héctor y se niega a entregar su cuerpo— excepto porque, permitid que me ría, cuando Aquiles muere aparece su hijo Pirro de 12 años y se niega a enterrar juntos a Patroclo y Aquiles por considerar al primero un esclavo. ¿Recordáis eso de que Patroclo fue exiliado? Ya nadie lo respeta como un príncipe. [R: melodrama]. Y al final debe ser, tiempo después de que se hayan ido los griegos y de Pirro mate porque sí a Briseida, Tetis quien reconozca que siempre estuvo equivocada y que se merecen estar juntos.



Tetis, la madre que protegió en la Ilíada a su hijo con todas sus fuerzas, que lo apoyó para encontrar el éxito tras la muerte, que dio ambrosía al cuerpo de Patroclo para que no se corrompiera mientras Aquiles lloraba y lloraba su muerte [L: Y cantaba, supongo. Y si no que alguien me explique el título]. Tetis, que nunca abandonó a su hijo y que en este libro por algún motivo le manda a la mierda y dice que es un fracaso y que prefiere a su nieto, al que ella misma ha criado —después parece que le considera demasiado monstruo y echa de menos a su hijo fallecido—.

Porque doña Miller no tenía suficiente con destruir la figura de Patroclo, sino que tenía que destruir también la de Tetis.

Y colorín colorado, recordadme que jamás vuelva a leer nada que trate la mitología griega de manos de un ciudadano de nacionalidad estadounidense [L: Pues en Percy Jacks…] [R: BASTA O TE QUEDAS SIN CENAR].


Personajes


¿Qué decir que no haya dicho ya? Hagamos un veloz repaso.



Patroclo

Más allá de que su narración sea aburrida y repetitiva a morir, debo decir lo mismo que con Aquiles: es un personaje bastante plano. Sus inicios, a pesar de que fuera un personaje que nada tenía que ver con el verdadero Patroclo, era relativamente interesante. Introvertido, torpe socialmente y con un inmenso sentimiento de inferioridad—que supera porque, vaya, ¿cómo va a esperar ser mejor que Aquiles?— del que doña Miller parece olvidarse a partir de cierto momento. Mi cita favorita es esta:

«Agamenón me contempló. Era muy conocido en el campamento por mi honestidad y buen corazón. No había motivo alguno para no creer en mí». (p. 385) [R: Modestia, ¡baja que subo yo!]
A lo largo de la historia no hace… nada. Ni siquiera cuando Tetis secuestra a Aquiles: acude al palacio y se queda a vivir allí [L: A ver bailar a Aquiles. Tonto no es]. La trama nunca le obliga a nada excepto a perseguir a su amado de un lado a otro.

Ya he comentado que su personalidad no casa ni con la época ni con cómo lo tratan los demás personajes. Acepta con demasiada facilidad que no está hecho para la guerra y nadie, absolutamente nadie, se lo reprocha. Se podría decir que la personalidad de Aquiles lo protege pero eso no lo libraría de comentarios maliciosos.

Pero sí quiero comentar algo de él. Algo que la mayoría de los lectores habrán encontrado encantador y a mi me ha puesto los pelos de bruja que tengo como puntas.

Patroclo cosifica a Aquiles. La mayor parte del tiempo lo compara con flores, con oro, con el sol o lo que sea. Si fuera en una o dos ocasiones para representar una escena, quedaría cuco. Pero es que es prácticamente en cada página, en cada instante. Se supone que es el constante recuerdo de la autora de que nos encontramos ante alguien especial [R: especialmente aburrido] pero al final llega a un extremo siniestro. Patroclo cuenta en alguna ocasión que Aquiles era perezoso o tenía sus cosillas que lo hacían humano, pero la mayor parte del tiempo eso no importa. Nunca sostiene una verdadera conversación con él excepto cuando van a la guerra y le pregunta si quiere pelear o no.

¿Y sabéis en parte por qué me irrita? Porque a Aquiles se lo relaciona indirectamente con una mujer. Como ya he comentado por arriba, no gana músculo hasta que transcurren 10 años en la guerra de Troya. Antes siempre se resaltan sus rasgos delicados y delgados. Siempre me pregunté cómo un hombre como Aquiles, incluso siendo adolescente, se pudo hacer pasar por una chica. A veces cuesta recordar, por mucho que doña Miller lo olvide, que los «talles delgados» no eran precisamente la moda en Grecia. Y todo cobra más sentido. Pero no, aquí Aquiles es como nuestras chicas, delicado y pequeñito, rubio, de ojos grises, piel suave y delicada. Creo que lo relaciono bastante con el hecho de que se da a entender de que es el «pasivo» de la relación, vamos, hablando en plata, el que se abre de piernas —no digo que no pudieran cambiar de posición, pero en esas reglas sobre la pederastia que tan alegremente se salta la autora, los roles no eran intercambiables— [L: Dos hombres enamorados sin que uno adopte un rol diferente, ¡qué barbaridad! ¡Menos mal que Miller nos ahorró este sinsentido griego!]. Nunca nos lo confirman pero es lo que se comenta entre los círculos de eruditos. Y por supuesto, Aquiles, al identificarse con una mujer, debe ser el pasivo cuando Patroclo no demuestra ser capaz ni de mover un dedo sin que Aquiles le enseña. Aclaro que mi problema no es con el rol en la cama, sino con la dinámica. 

Luego, ya por motivos personales, en esta ocasión no respeto que Patroclo sea tan diferente de Aquiles en términos físicos y de piel. Con cualquier otro personaje no me habría molestado, pero Patroclo se hace pasar por Aquiles y para que te quede la armadura de alguien debes tener una complexión muy parecida. Si tienes la piel más oscura, con el tipo de cascos que usaban, se va a ver. También se nota en los brazos y en las piernas. Vale, si vas en carro en las piernas no. Pero la gente que marcha contigo se daría cuenta de inmediato de que no eres Aquiles.



A menos que te parezcas a él. Fue de las únicas cosas que hizo bien la película de Troya, por Medea. Patroclo se parecía una barbaridad a Aquiles —lo cual me habría hecho mucha gracia en este libro porque representaría lo egocéntrico que es Aquiles al enamorarse de alguien parecido a él mismo— y por eso pudo luchar en su lugar.

Cojones putrefactos de dragón [G: Cuernos, sí que está enfadada], cómo me saca de quicio [L: Te he preparado una tila. Gratis].


Aquiles


Aquiles es un Gary Stu de cuidado que no tiene desarrollo hasta las últimas cien páginas. Durante las demás no tiene personalidad. Además, durante la guerra, pierde protagonismo a favor de Briseida, excepto cuando está en modo irritado o extasiado con la muerte. Me hace mucha gracia que la autora haya unido el concepto de que un dios es algo superior y que, por tanto, Aquiles debe estar completamente por encima de sus compañeros hasta el punto de que parece de otro mundo —el del aburrimiento— y es demasiado etéreo para ellos. Pero todos los que se hayan molestado en leer algo de mitología griega saben que los dioses son los humanos elevados a la enésima potencia y, por tanto, muchísimo más explosivos que ellos en sus sentimientos. Aquiles mismo es la representación de este carácter que alterna entre la amabilidad y la crueldad más absoluta porque, sin ser un dios, se cree uno y se comporta como tal.

Nada de esto aparece en la novela. Durante la gran parte de la historia, Aquiles parece bastante razonable hasta el punto de resultar anodino, ya que las partes en las que se nos da a entender que se enfada no transcurren delante de Patroclo. Sus conflictos internos, como cuando se casa con Deidamia y engendra un hijo, para luego abandonarla, le duran un suspiro. La autora mete una escena salida de ningún lado cuando hace que Agamenón lo comprometa con Ifigenia para que la madre de esta acepte llevarla al hogar… Para luego matarla delante de Aquiles. Este se queda traumatizado, normal, porque con su super velocidad no la salvó. Pero a la página se ha olvidado de ella y no le deja mayor impresión. Nunca interactúa con más de cinco personajes: Patroclo, su padre Peleo, su madre Tetis —y casi nunca vemos sus conversaciones—, Ulises y Agamenón. Nunca habla con sus mirmidones, y reconoce que no los distingue, ni tiene verdadera presencia a nivel de historia más allá de que cada centímetro de su piel hace babear a Patroclo, ya que nunca vemos sus hazañas. En cierto momento Ulises lo acusa de cobarde por no luchar contra Héctor pero, como todo en esta novela, el conflicto dura dos instantes contados.

Al final, cuando pierde a Patroclo, se vuelve un alma en pena [L: ¿Y un cantante?] [R: toca bien y canta como los ángeles, pero en ese momento solo iba matando a gente por el campo de batalla y lloriqueando]. Supongo que debería entenderlo pero como Patroclo se ha esforzado por representarlo como alguien ajeno y superior, no lo consigo. Ya he dicho que nunca tienen más que una o dos conversaciones realmente privadas. Por ejemplo, en cierto momento Aquiles dice que le encanta el rizo que se le hace a Patroclo tras una oreja. Cuando Patroclo aparece mientras él baila disfrazado de mujer, se lanza a sus brazos y proclama que es su esposo. Y poco más. Cuesta asumir que se amen, porque es una relación terriblemente descompensada por ambos lados. En el de Aquiles nunca he comprendido por qué ama a Patroclo, si lo idealiza hasta prácticamente el último momento como todos los demás. ¿Porque al principio no quería acercarse a él? Bien, pero eso fue al principio. Luego Aquiles se convierte en mamá pato y Patroclo en su patito. ¿Será que le encanta tenerlo sometido? No lo sé, tampoco me importa porque la relación no se ha desarrollado en más de quince años y se supone que es el núcleo de esta historia.

En definitiva, un personaje completamente olvidable. ¡Ya es un gran trabajo lograr eso con Aquiles!


Otros


Creo que personalidad, lo que se dice personalidad, solo la tiene Ulises. Es el único personaje con una forma de hablar distinguible y que ha conseguido sacarme alguna que otra sonrisa durante la historia. Pero apenas sí sale y su papel se vuelve dolorosamente secundario después de llevarse a Patroclo y Aquiles a la guerra.

El tema de las mujeres lo trataremos ahorita:


Sexismo

La obra es tremendamente sexista y es algo que me ha amargado mucho la lectura. Puedo comprender que es una historia de hombres y no tengo problema con ello. Pero sí lo tengo con la representación de las escasas mujeres que aparecen, sus roles y el final de Briseida —ya que las demás ni merecen mención más allá de en su relación con los protagonistas—.

La primera mujer que conocemos la madre de Patroclo: que es retrasada. No dice ni una sola palabra, es desgraciada y no merece más que un par de recuerdos por parte de su hijo. No merece más menciones de Patroclo en toda la historia.

Tetis, la madre de Aquiles, siempre aparece con un vestido diferente y tiene una descripción física bastante guay. Tiene el papel de constante antagonista. Odia a Patroclo por algún motivo que sigo sin entender cuando en la Ilíada es ella quien apoya a su hijo hasta el final y quien da ambrosía al cuerpo de Patroclo para que no se corrompa. En teoría no quiere que haga daño a su hijo, pero es que eso es absurdo. Le revienta que tenga relaciones con un mortal, pero no con una mortal (Deidamia), a menos que solo fuera a por el hijo de esta, claro. Lo que sucede es que a Tetis le faltan uno o dos hervores. Si de verdad quería evitar que su hijo fuera a la guerra, solo tendría que haber secuestrado a Patroclo en vez de a Aquiles y asunto arreglado. En su lugar se dedica a intentar separarlos, a poner a su hijo en su contra y a dar por saco y humillar a Patroclo a pesar de que en el primer encuentro dejó muy claro que aunque no le gustaba, no pasaba nada porque estuviera con Aquiles ya que iba a morir pronto.

Deidamia aparece como una chica manipulada y amenazada por Tetis —hola eso de que las mujeres no se pueden llevar bien y tal se cumple por aquí bastante—, que solo quiere que Aquiles le haga caso y odia a Patroclo por ser su amado. Aun así, tiene una suerte de noche de sexo de consolación con este… Por algún motivo que no llego a comprender. La mayor parte del tiempo aparece siendo caprichosa, celosa o llorando por su mala suerte. No volvemos a saber nada de ella.

Ifigenia, la hija de Agamenón, muere a la página de aparecer. Si querían que nos diera pena podrían haberla desarrollado, pero sólo se la compromete con Aquiles para [R: melodrama]… No lo sé. Melodrama.

Briseida, una granjera a la que Patroclo salva de ser violada en dos ocasiones y que vive con ellos durante diez años. Sólo habla con Patroclo, aunque se indica que cuida de las demás chicas a las que van salvando, y se enamora de este. Pero es un amor no correspondido [L: Su príncipe está en otro castillo]. Tras eso Agamenón se la queda y Patroclo la visita de vez en cuando para asegurarse de que esté bien. Su papel es hacer dudar a Patroclo sobre si no quiere tener una familia asentada y con hijos. Muere a manos de un Pirro cabrón por algún motivo que todavía desconozco, la verdad.

Y os preguntaréis: ¿y qué pasa con Helena? ¿La famosa Helena? Pues que sale al principio, cuando Patroclo acude a pedirle matrimonio, y elige a Menelao y no vuelve a salir. Es una figura lejana y a la que se juzga como egoísta y que por puro aburrimiento provoca la guerra de Troya:

«—A lo mejor se enamoró de Paris.

—O tal vez estaba aburrida tras diez años de enclaustramiento en Esparta. También ella quería irse.

—Tal vez Afrodita influyó en ella.

—Quizá los embajadores regresen con Helena.

Nos detuvimos a considerar esa opción.

—Agamenón atacaría de todos modos, o eso creo.

—Y también yo. Ninguno de los reyes ha vuelto a mencionar a Helena.» (pp. 312-313)

Aquí se señala que quizás hubo más motivos, pero lo realmente interesante habría sido desarrollar que Helena solo es una víctima más. Secuestrada o no, a los reyes no les importaba su seguridad. Solo la guerra. Pero es mejor poner, después de que apenas tenga relevancia, ni mucho menos voz, en esta novela, que:

«Ningún hombre más debería morir por la vanidad de Helena» (p. 437)

En fin, yo me tiro por un puente [L: Para eso tendrás que encontrar la salida de esta mazmorra y yo en eso no te puedo ayudar] [R: no pasa nada, de todas formas pensaba sacar la escoba antes de estamparme... No merece la pena morir por un libro así].


Conclusión

Este libro tiene un problema y es que la autora es que no sabe hacer las cosas ni llevar un buen argumento. No solo se cree inteligente por decir una y otra vez Pero Héctor no me ha hecho nada, sino que debía sentirse incómoda con la idea de tener a un protagonista sediento de sangre que pudiera ser a la vez noble. O quizá le aburrían las batallas, porque sus descripciones son un peñazo.


El caso.

¿Qué sentido tiene hacer a Patroclo un mindundi desterrado que nunca ha levantado un arma —Y LE HAN PERMITIDO ESO, JA— y señalar que es el mejor de los mirmidones? ¿Una crítica a la sociedad pregriega? Al fin y al cabo termina volviéndose en contra de Aquiles y presentándolo como un monstruo al que solo puede redimir un amor que ha perdido. Vale. Entonces ¿por qué no hace lo mismo con los demás? La figura de Quirón se respeta, la de Ulises, Agamenón y Menelao se respeta. Hasta cierto aburrido punto, la de Aquiles también.

[Por qué te han hecho tan SOSO]




Entonces ¿por qué la de Patroclo no? ¿De qué sirven todas esas escenas que no llevan a nada porque no cumplen ninguna función en la historia donde se nos lo muestra como un médico? Para relacionarlos con la mentalidad moderna occidental. Por supuesto que es una desgracia que un no combatiente muera en pelea por culpa de su amado cuando era un médico bueno y amable. Y eso es un anacronismo que te cagas porque la gente más o menos está de acuerdo con Briseida. Es dar una hostia en la cara a la mentalidad de la época y a la verdadera relación que se representaba entre Aquiles y Patroclo, pues en la Ilíada Patroclo SALE a luchar numerosas veces con Aquiles porque iban JUNTOS a todos lados. Porque Patroclo era el mejor de los mirmidones DE ACUERDO a su época. Y no tiene ni el más remoto sentido que una profecía diga nada desde nuestro punto de vista. Y el hecho de que es una decisión estúpida se ve en cómo tiene que hacer que, por arte de magia, Patroclo aprenda a pelear.


Los diálogos son insulsos, los personajes siguen el mismo camino y ni siquiera es una historia memorable de la guerra de Troya. Ni siquiera como romance nos cuenta algo que no hayamos visto mil veces.

Cogí este libro con cierta ilusión, pensando que por fin alguien pondría a Aquiles y Patroclo como lo que eran. Nada más alejado de la realidad.

Este gif pienso usarlo mucho en la próxima reseña






Links a las imágenes:



http://antodraws.tumblr.com/post/136282928390/i-feel-like-i-could-eat-the-world-raw-achilles

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