Recordatorio

No somos profesionales, simplemente nos gusta leer y tenemos tiempo libre, así que a veces cometemos errores.

miércoles, 6 de marzo de 2019

Análisis: El atlas de las nubes. Nunca es tarde


Título: El atlas de las nubes
Autor: David Mitchell
Sinopsis: ¿Puede el amor, el poder del bien incluso en la adversidad, perdurar más allá de la vida que conocemos y prolongarse a través de siglos y lugares? Seis vidas se entrecruzan aquí de forma inesperada a fin de dibujar un mundo, profético y extraño a la vez, en el que la historia se puede reescribir. Los seis protagonistas de la novela, ajenos a la trascendencia de sus acciones, tienen un papel mucho más relevante en la posteridad de lo que pueden imaginar, en escenarios tan disímiles como un viaje por la Polinesia a bordo de un galeón en el sigloXIX, la California de los años sesenta, o una isla en un futuro postapocalíptico. Todos ellos comparten un destino común, el afán de poder que se sucede una civilización tras otra, y la búsqueda del amor como salvación. David Mitchell construye una aventura épica en la que no sólo todo está conectado, sino en la que también los gestos individuales pueden llegar a ser el germen de grandes revoluciones.

Editorial: Duomo
Número de Páginas: 599

¡Bienvenidos a la Mazmorra! Soy Rika y vengo a presentaros un análisis de una obra que me encanta.
El atlas de las nubes entra dentro de esa extraña categoría de libros que resultan poco comerciales, pero que tienen suerte y logran alcanzar cierto estrellato. Lo he visto recomendado en muchas de esas listas de «cien libros que deberías leer» y, la verdad, siempre me hace feliz encontrar su nombre. Además, en su día las hermanas Wachowski [R: cómo odio escribir este apellido] lo llevaron a la gran pantalla, lo cual ayuda a que la gente se interese por el título. Lo cierto es que se trata de una película muy entretenida, con cambios comprensibles y necesarios para una adaptación, y una banda sonora que te rompe el corazón y lo tritura muy despacito. Así que si os queda alguna duda… Mirad la película y luego venid al libro.

Es un libro que, por cierto, exige un esfuerzo por parte del lector. El atlas desarrolla seis historias conectadas entre sí a lo largo de distintas épocas, cada una de las cuales ocupa alrededor de cien páginas. El quid de la cuestión radica en que las historias se dividen de una forma…particular. Todas, menos la última, se organizan así: tenemos la primera historia y, al llegar a la mitad, comienza la segunda. Y así una y otra vez hasta alcanzar la sexta, que es la única completa. Después de terminar la sexta, encontramos la segunda mitad de la quinta, luego de la cuarta… Y cerramos con el final de la primera, creando un círculo perfecto. 

Se trata de una estructura cíclica intencional, que viene que ni pintada a la idea de reencarnación, de repetición de errores y temas conectados que influyen a la gente que nacerá en el futuro.  

Los cliffhangers, por supuesto, son molestos, incómodos, y dan ganas de saltarse todas las historias para tener una lectura «normal», pero la gracia es aguantar y ver por qué el autor eligió precisamente un formato que podía hacerle perder lectores.

Cada historia imita un tipo de escritura típica de distintas épocas. Tenemos un diario de viajes del siglo XIX, una novela epistolar, otra policíaca con estilo muy ligero, una autobiografía cómica, una entrevista futurista y una narración en voz alta de un anciano que cuenta su historia a un grupo de jóvenes. Cada una  emplea un estilo completamente diferente de otro que permite que cada personaje tenga una voz característica, propia y distintiva. Por fuerza, alguna os gustará más que otra [R: yo me decanto por las cartas y por la entrevista. En este último caso no porque sea lo más realista del mundo, sino por la personalidad de la narradora. Tiene mis dieces de bruja] y casi sin duda gruñirá un poco al llegar a la sexta, ya que se encuentra en un futuro distante donde el idioma se ha resentido mucho. El trabajo del traductor (Víctor V. Úbeda) para que, aun así, el texto resulte legible es extraordinario.

Sin entrar en spoilers, creo que lo más interesante del libro es que todas las ideas que se critican resuenan con nuestra época. El racismo, el robo intelectual de ideas, el peligro nuclear, el asumir que los ancianos no sirven para nada, el creciente control del capitalismo sobre nuestras vidas y el miedo a lo que la tecnología (mal empleada) puede causar en nuestro planeta son temas del día a día y surcan esta historia de forma constante. Los personajes envueltos en estos temas, por suerte, son fruto de su época y podemos encontrarnos con actitudes que resultan contradictorias o deleznables, pero por eso mismo se permite que haya cierto cambio y evolución en su forma de pensar y de actuar. La hipocresía se puede curar. Por eso los protagonistas no son ideales.


Lo más fascinante es que don Mitchell no tiene una buena opinión de la especie humana en su conjunto y eso se ve con los saltos temporales. Los humanos se dirigen solitos a su propia extinción. Pero, aun así, los personajes luchan por aquello en lo que creen y muestran que la individualidad es importante dentro del contexto social. Casi tanto como la capacidad de una sociedad de quererse u odiarse a sí misma. Por eso, a pesar de los mensajes de advertencia, que no calarían tanto si no viéramos que con cada historia, cada cambio, cada acto cometido por un personaje influencia a otro del futuro. Puede que solo ayudes a una persona, o puede que cambies una sociedad entera, pero nada es inútil. Los pecados, los asesinatos y las heridas también influencian a gente en el futuro, desde luego, y por eso la historia invita un poco a reflexionar sobre por qué hacemos lo que hacemos. 

La prosa de don Mitchell en general es sencilla y muy llevadera. Quitando la primera historia —que adopta un tono más recargado para imitar a nuestro protagonista decimonónico— y la última, son todas muy agradables al ojo y en general son bastantes fluidas. Ya entraré en detalles en la parte del análisis, pero lo cierto es que al ser narraciones divididas, da la sensación de que no estemos ante un tocho y que se termina bastante rápido. 

Además, don Mitchell incluye muchos personajes femeninos con un respeto que me hace dar palmas. El tema del feminismo está bien llevado, sin resultar un panfleto, y los personajes hablan por sí mismos. Al contrario que en la película, donde la dependencia de una de las chicas por su salvador se vuelve no solo física sino emocional, en este libro los personajes femeninos tienen su propia agencia. Si a la periodista la tienen que salvar de un tiroteo es porque no tiene un arma, pero sobrevive por sí sola a persecuciones e intentos de asesinato, y cumple su objetivo moral. Lo mismo ocurre con Sonmi en el futuro distópico de Corea: su historia comienza literalmente como una impuesta Born Sexy Yesterday —con la excepción de que nunca es un objeto de deseo. Simplemente es un objeto— y se desarrolla junto a otros esclavos masculinos, cosa que nunca aparece en la película y siempre me chirriará muchísimo


viernes, 15 de febrero de 2019

De feminismo y personajes masculinos (III): Abrazar la feminidad

           ¡Bienvenidos a la Mazmorra! Rika a vuestro servicio.

         Este artículo es, en parte, una reescritura de otro que sacamos el año pasado… Pero lo he ampliado y escrito mejor.

          O eso espero.

         No borro el anterior por los adorables comentarios <3. ¡Si queréis ir a lo nuevo podéis saltar directamente al apartado de la Mirada Actual! Aunque os recomiendo leer por encima el primer apartado porque pongo el inicio de varias ideas que quiero desarrollar en este artículo.



El aterrorizado ser superior

  
        ¿Sabíais que la Biblia tiene dos versiones del mismo mito del Génesis? La más antigua no establecía ninguna jerarquía entre hombre y mujer

Y creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, y los creó macho y hembra: y los bendijo Dios, diciéndoles: «Procread y multiplicaos, y henchid la tierra; sometedla y dominad sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre los ganados y sobre todo cuanto vive y se mueve sobre la tierra» Génesis 1:28

            En cambio, la versión más moderna, la yahvista, establece la «inferioridad» de Eva al explicar que esta surge de la costilla de Adán.

Y se dijo Yavé Dios: «No es bueno que el hombre este solo, voy a hacerle una ayuda semejante a él» […]. Hizo, pues, Yavé Dios caer sobre el hombre un profundo sopor; y dormido, tomó una de sus costillas, cerrando en su lugar con carne, y de la costilla que del hombre tomara, formó Yavé Dios a la mujer, y se la presentó al hombre. El hombre exclamó: «Esto sí que es ya hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta se llamará varona, porque del varón ha sido tomada.» Génesis 2:21

Ay, casi es como si Adán hubiera tenido una hija (superando un breve e indoloro embarazo) y por tanto tuviera poder sobre ella como si fuera una niña pequeña, ¿eh? No, mejor no seguir por esos derroteros y hablar de la sexualización de la infantilidad.

Resulta curioso que una versión más temprana tenga que afirmar la superioridad del hombre. Da que pensar sobre las religiones más antiguas. Eso sí, es cierto que hay muchos mitos que establecen que la mujer nace de la costilla o de un hueso del hombre.

¿Por qué? ¿Por qué es necesario remarcar tanto la inferioridad de la mujer? ¿Que solo es una parte innecesaria del hombre, hecha para complementarle?

Pues... toca reflexionar sobre cómo los hombres han inventado una figura malvada o inferior, que hace las veces de cabeza de turco para cualquier problema que os podáis imaginar: la mujer.

La curiosidad, madre de la inventiva, es algo de lo que se acusa a las mujeres. ¿No es interesante que siempre sen ellas las que se sientan a pensar sobre lo que las rodea y se pregunten si no quieren cambiar las cosas?

domingo, 7 de octubre de 2018

Reseña: La noche en que Frankenstein leyó el Quijote

Título: La noche en que Frankenstein leyó el Quijote

Autor: Santiago Posteguillo

Sinopsis:

¿Quién escribió las obras de Shakespeare? ¿Qué libro perseguía el KGB? ¿Qué novela ocultó Hitler? ¿Quién pensó en el orden alfabético para organizar los libros? ¿Qué autor burló al índice de libros prohibidos de la Inquisición? Estos y otros enigmas literarios encuentran respuesta en las páginas de La noche en que Frankenstein leyó el Quijote, un viaje en el tiempo por la historia de la literatura universal de la mano de Santiago Posteguillo, uno de los novelistas históricos más reconocidos por la crítica y el público de los últimos años. Y un profesor de literatura…poco convencional.

Editorial: Planeta

Número de Páginas
: 240

¡Bienvenidos a la Mazmorra! Soy Rika y vengo a hacer una suerte de reseña diminuta, que en realidad es más bien una recomendación sin más, de un libro cortito porque me dejé todas las fuerzas en el anterior análisis.

Santiago Posteguillo es un escritor conocido en España por sus novelas históricas del imperio romano. En principio, tiene dos trilogías; una primera centrada alrededor de Escipión el Africano y su guerra contra Aníbal Barca y una segunda que narra más o menos el contexto del gobierno que rodeó al emperador hispano Trajano. Sorprendentemente, el autor no es profesor de Historia, sino de literatura inglesa. El caso es que estas novelas le han granjeado un público fiel y no me cabe duda de que veremos más gigantescas entregas de aquí a un tiempo.

Entre tanto, don Posteguillo se esfuerza por compartir su amor por la literatura entre sus lectores. Llevaba mucho tiempo queriendo leer La noche en que Frankenstein leyó el Quijote y por fin he encontrado un rato. Y me ha encantado. Me quito el sombrero de bruja, sí. Este libro presenta a distintos autores, contando por encima sus historias para que nos veamos atraídos por ellos, pero no lo hace de forma típica, sino mediante la narración. Cada capítulo se desarrolla como una historia de un par de páginas que cuenta un suceso concreto de la vida de un escritor. En general, don Posteguillo aprovecha que no solemos conocer los nombres de los mismos, ya que solo tendemos a aprender sus apellidos, para humanizarlos antes de dar el golpe de efecto y contarnos que esta persona que dio con sus huesos en la cárcel fue Cervantes, por ejemplo.

Es un método divertido, entretenido y ligero. A menudo, don Posteguillo mete una cuñita con crítica sobre cómo se ha tratado históricamente a estos escritores y ha sacado del olvido a compañeros que tuvieron la misma importancia al conseguir proteger o publicar sus obras.

Cada autor tiene un detalle curioso que nos atrapa. Si no es el origen del abecedario (¿sabéis de dónde viene? Porque no siempre se organizaron las cosas por este sistema), es hablar sobre el cambio del rollo de papiro al libro para compararlo con el libro electrónico, reflexionar sobre escritores que asesinaron y aun así la vida literaria les fue de maravilla o hablar de la antigüedad del sistema de «negros». Creo que una de las historias más entretenidas es cómo Tolkien se las apañó para lograr cierto boicot a cierta editorial que no quería pagarle sus derechos de autor por El Señor de los Anillos —no os diré cómo, tendréis que leerlo— sin contar con Internet.

El estilo de don Posteguillo es sencillo, directo, a veces un pelín explicativo, pero se adapta a las distintas épocas y resulta muy entretenido. No solo eso sino que a menudo se permite dar su propia opinión, en especial cuando narra su encuentro con Anne Perry [R: me resultó interesante también que comentara, aunque fuera por encima, del sentimiento de inferioridad que tenemos los españoles respecto a los ingleses. ¡Como si hubiera que demostrarles nada! Y también un bonito detalle sobre cómo los angloparlantes pocas veces se molestan en conocer otras lenguas].

No hay mucho más que decir sin entrar en spoilers, excepto agradecer a don Posteguillo que no dejara en la oscuridad a las autoras. Evidentemente, el libro incluye un número limitado de personajes históricos, de temas a tratar, y no se puede esperar una enciclopedia del saber. Pero abre hambre de más… Y para mí eso es lo que importa.

Además, es el primero de una serie de libros de la misma clase; La sangre de los libros y El séptimo círculo del Infierno. Ya me froto las manos para cuando me haga con ellos. 

¡Leedlo si podéis!

domingo, 16 de septiembre de 2018

Análisis: Justicia Auxiliar de Ann Leckie



Título: Justicia Auxiliar

Autor: Ann Leckie

Sinopsis: En un planeta helado y remoto, una soldado llamada Breq se está acercando al cumplimiento de su misión. En el pasado, Breq era Justicia de Toren, una crucero de batalla colosal con una inteligencia artificial que conectaba a miles de soldados que servían al Radch, el imperio que había conquistado la galaxia. Ahora, un acto de traición la ha hecho pedazos y solo cuenta con un único y frágil cuerpo humano, numerosas preguntas sin responder y un ardiente deseo de venganza.

Editorial: Nova

Número de Páginas: 415

Ah, Justicia Auxiliar. Había escuchado hablar de este libro, aunque nunca fuera de los círculos que incitan a leer autoras, lo cual no me termina de sorprender. A ver, está escrito por una mujer, da igual que esté catalogada como la mejor novela de ciencia ficción de 2014 y haya sido galardonada con los premios [R: por favor, leedlo con la voz del narrador del Smash presentando a personajes] ¡Nebula! ¡Hugo! ¡Locus! ¡BSFA! ¡y Arthur C. Clarke! Lo que importa es que lo ha escrito una mujer. Tampoco había escuchado hablar de la autora de La Maldición de Chalión, la maravillosa Lois McMaster Bujold —de la que pronto caerá reseña. Cuando me relea el libro por tercera vez—, que tiene más premios que cualquier escritor varón y este mismo año ganó otro Hugo por el mundo de los cinco dioses, pero a quién le importa.

Así que ¿misoginia? Sí, sin duda. Al menos en cuanto a publicidad y temas similares. Con todo, reconozco que después de la experiencia con la hinchadísima popularidad de doña Jemisin [R: pero quién soy yo para hablar en un país donde tenemos a Arturo Perrete como gran autor], reconozco que me he acercado al libro de puntillas. Sobre todo porque el amigo que me lo prestó lo hizo tras una conversación que más o menos fue así:

Rika: ¿Te puedo robar algún libro (no es como si tuviera mil pendientes en la Mazmorra)?

Amigo: Claro. Toma este, te gustará, tú escribes de hembrismo.

Rika: ¿Qué tal la historia?

Amigo: Bueno, no está mal. Se supone que es un mundo donde los sexos no importan y se escribe todo en femenino. Puede que te interese.

Rika: …

Amigo: …

Rika: … En serio no me vas a vender la historia.

Amigo: ¡Se escribe todo en femenino!


Me pregunto si a doña Leckie la perseguirán por no usar el neutro (que en su país, pues bueno, lo tienen desde hace más de un siglo)…

En fin, que al final mi amigo reconoció que la historia no era nada del otro mundo, pero que el tema de los géneros hacía pensar. Y como eso es mejor que nada, me llevé el libro.

Y aquí estoy, con una novela terminada y un análisis por delante. Como nunca me ha molestado meterme con cosas que la gente adora —hola, El nombre del viento—, esta vez tampoco será la excepción.

La gente viene atraída a Justicia Auxiliar básicamente por dos cosas, hasta donde tengo entendido. Primero, el uso del femenino, como he demostrado con mi amigo. Esto se debe a que el Radch, que es una suerte de imperio romano que absorbe, adapta y diluye las culturas de los planetas que va conquistando, no hace distinción de géneros. Como no hay (en teoría…) forma de transmitir esto en inglés, doña Leckie optó por el uso del femenino como neutro sin importar si hablaba de una mujer o un hombre. Esto obliga al lector a reevaluar cómo ve las cosas, en particular el hecho de que estamos acostumbrados a considerar a la mujer «la excepción» y al hombre como «lo normal». Hasta ahí todo bien.

Luego está la cosa de que la protagonista es una nave. Bueno, más o menos.

La novela tiene dos líneas temporales; una del pasado, de hace veinte años, donde tenemos a la nave Justicia de Toren narrando cómo llegó a su situación actual… Y la del presente, donde la nave ya no existe y ha quedado reducida a uno de los innumerables cuerpos que controlaba para ejercer sus tareas.

Justicia de Toren nunca ha sido una verdadera nave, solo un cerebro que controlaba muchísimos cuerpos. Aunque odio con pasión Endymion de Dan Simmons, siempre me hizo gracia la nave en la que viajan los protagonistas y me daba pena que la dejaran atrás durante años. Era como una casa que te hablaba con cierto humor humor y te miraba con imaginarios ojitos de cordero degollado cuando anunciabas que te ibas a hacer viajes temporales y se tenía que quedar sola. Vamos, un miembro más del equipo, un sitio al que volver y al que querer. También, llevada de la forma adecuada, podía ser una casa muy inquietante de haberlo querido así el autor.

¿Os imagináis las posibilidades de ver el mundo desde el punto de vista de una criatura así? Nada de expresiones humanas, nada de cuerpos, ni brincar, ni tener sexo ni nada conocido. Fascinante.

Esperaba algo así, lo cual es culpa mía. Pero, por Medea, tienes una nave espacial gigantesca con capacidad de pensar, de estar en todos sitios, que hace caso omiso a la intimidad de sus tripulantes. Cuántas vidas por contar, cuántos detalles por ver, todo sin necesidad de tener que integrarse en el pensamiento humano. ¿Qué pensaría una nave de tener que enfrentarse a otra? ¿Cómo sería conocer en profundidad a todos sus tripulantes? ¿Le gustarían más algunas conversaciones que otras? ¿Haría putadillas como cerrar puertas, fastidiar a novatas y cosas así? ¿Cómo se desarrollaría a un personaje así? Asumí que los cuerpos serían simplemente un extra frente al cerebro central de la nave y que entonces sería fascinante ver cómo se adaptaba la pobre a ser un simple humano.

Error.

jueves, 31 de mayo de 2018

De feminismo y personajes en general: la victimización de las mujeres


¡Bienvenidos a la Mazmorra! Soy Rika y esta vez vamos a hacer una suerte de extra en la serie de De feminismo y personajes femeninos/masculinos porque no sé bien dónde debería incluir este artículo. Por una vez cae una reflexión corta, al menos para los estándares de esta serie, y menos detallada. Quiero hablar de cómo las mujeres somos potenciales víctimas… Y cómo el ocio no duda en explotarlo como fetiche. 

Sé que parece evidente pero, como con todo, a veces las cosas evidentes hay que detallarlas un poquito para que seamos conscientes de ellas. 
No soy particular fan de la novela negra, pero de vez en cuando cualquiera tiene capricho y se sienta a leer un par de libros o, con más asiduidad, ve series o películas. No soy la excepción. Y siempre, siempre, siempre me fastidia una cosa: las víctimas casi son solo mujeres. Eso por no hablar de la negación a escribir sobre mujeres asesinas.

Ellas son la gran mayoría pesar de que, y no estoy entrando en el «20 hombres muertos por violencia de género», sabemos que hay muchos varones de todas las edades que mueren a manos de asesinos. O puede que no lo sepamos. Cuando hablé con mi señora madre sobre el tema, me miró con cara de pasmo y dijo así que ¿hay asesinos en serie de hombres? Me dieron ganas de arrancarme el sombrero y aplastarlo en el suelo. 

Nos hemos acostumbrado a que los asesinos en serie, da igual el formato, solo persigan mujeres. Los asesinatos de hombres parecen ser más casuales, quizá porque se interponían en su camino o porque estaban en el lugar menos adecuado. No es la regla, claro, pero sí lo más habitual. Al final se crea la sensación de que solo se persigue a las mujeres. Y eso es mentira. 

Jack el Destripador es de los favoritos para reimaginar asesinos con mujeres vulnerables

martes, 1 de mayo de 2018

De feminismo y personajes masculinos (II): Padres autoritarios


Bueno, bueno, bueno, hace mucho que no me paso por la Mazmorra pero no tenemos abandonado el sitio. De momento (?). ¡Bienvenidos a la Mazmorra! Soy Rika y vengo a hablaros de padres autoritarios desde un punto de vista feminista. Los que no sepáis de qué hablo, podéis echar un vistazo a este post para ver de qué van a ir más o menos los próximos artículos.

La verdad es que le he dado bastantes vueltas a este artículos. ¿Por dónde empezar cuando vas a hablar de hombres en la literatura? Hay muchas posibilidades, bastante más variadas que con mujeres. Los clichés están más diferenciados, los personajes (buenos) se disuelven más en el mar de referencias y hay más sitio para respirar antes de poner los ojos en blanco y pensar que ya has leído esto en otro sitio. Así que he optado por uno de los grupos más «minoritarios» en cuanto a que no son tan habituales o tan… numerosos. Al fin y al cabo, padre solo hay uno —y a las madres hay que matarlas, así que son todavía más relevantes por lo únicos que son—.

En concreto, vamos a hablar de padres autoritarios, porque lo que queremos es deconstruir un poco los personajes. Es difícil crearlos bien, es decir, reconociendo todos los terribles elementos misóginos, machistas y demases que suelen ir asociados a este tipo de figuras.


Y es que son el ejemplo clásico del patriarcado. Qué digo, son la figura del Patriarcado. El Dios de la tradición judeocristiana, el dios-padre prácticamente omnipresente de todas las grandes religiones politeístas (Zeus, Odín, Osiris… bueno Osiris no tanto porque acaba muerto muy pronto, pero os hacéis la idea), la figura del Papa o de los Patriarcas, el señor de la familia, el Presidente, el Gran Hermano. El padre es quien engendra y quien posee, por tanto, quien domina. El máximo reflejo del machismo, porque es quien lo crea, establece y enseña. Irónicamente, ese mismo sistema tiende a devorarlo porque llega alguno de sus hijos para ocupar su lugar. Con todo, su presencia marca para siempre a su descendencia.

No es muy habitual sentarnos a ver padres autoritarios jóvenes —que los puede haber. Generalmente la metamorfosis les da cuando tienen una niñita, tipo El rey león 2, pero se los nota más «blandos» y en proceso de aprender, así que no los incluiría en esta categoría. A menos que estén locos, un poco como el padre de Danny Torrance de El resplandor. Solo que ahí te dicen que es el hotel. Más o menos—, ya que la idea de padre es la de un hombre mayor, casi anciano. No suele ser el ejemplo ideal para convertirse en protagonista.

Sin embargo, a pesar de no ser el foco de la acción, hay muchas figuras de este estilo. Como no puede ser de otra forma, hablaré de Tywin Lannister, patriarca de una de las familias más disfuncionales de Canción de Hielo y Fuego —lo cual ya es decir—, Robert Baratheon y el padre de Sam Tarly. Pero también saltará Tritón de la Sirenita y su familiar lejano Zeus, en este caso de mano de Javier Negrete en Dioses del Olimpo.Entre otros perosnajes, claro.

¡Vamos allá!


lunes, 19 de febrero de 2018

De feminismo y personajes masculinos (I): La masculinidad no está definida


¡Bienvenidos a la Mazmorra! Frederika a vuestro servicio.

Durante bastantes meses me he dedicado a hablar sobre los personajes femeninos de la literatura y el feminismo. En general, me he concentrado en temas muy mal llevados por culpa del machismo y una idea superficial del feminismo que sigue sin ser deconstructora ni se molesta en autoexaminarse. Por ejemplo, he hablado de las mujeres que adoptan papel de hombre y que solo gracias a eso son mejores que las demás, de la constante Mirada Masculina que plaga todos los libros de forma consciente e inconsciente, del odio que hay contra las madres, motivo por el que se las borra de la literatura, de la estúpida ignorancia sexual que tienen las mujeres solo para satisfacer al lector (y escritor) masculino y un largo etc.

Sin embargo, por mucho que el feminismo sirva para dar el respeto y dignidad a las mujeres que estas se merecen, también tiene que estudiar a los hombres y librarse del machismo que los encadena.

Es decir, que toca hablar de hombres y de cómo las ideas machistas plagan la literatura. Parece evidente decirlo pero cuando se examina de cerca… es todavía peor.

Pero como hay que empezar por algún lado, os lanzo una pregunta: ¿qué es ser masculino?



domingo, 10 de diciembre de 2017

¿Sabías que...

 ....la primera escritora conocida fue una mujer?

¡Bienvenidos a la Mazmorra! Soy Rika, y vengo con otra entrada de Sabías qué. En las anteriores hablamos de cómo la primera novelista fue una mujer japonesa del siglo XI y también tocamos la vida de Mary Shelley. Ahora toca remontarse muchísimo más en el tiempo.

Es difícil definir a un escritor tal y como lo vemos hoy. En términos de Historia, se establece que la escritura nació en el IV milenio a.C. en Mesopotamia. Antes de eso hubo una protoescritura y aún antes estaban las historias que nuestros ancestros contaban en las paredes de las cuevas. Pero cuando nos sentamos a pensarlo, cuesta decidir si un funcionario que anotaba datos económicos era un escritor. Por otra parte, hay textos antiguos que se pusieron por escrito. La historia de Gilgamesh, por ejemplo, aunque no tenemos ni idea de cómo se creó la leyenda ni quien decidió grabarla en tablillas de arcilla. ¿Podríamos decir que este funcionario era un escritor? Quizás no. Mucho más tarde tenemos a Homero, que ni siquiera se sabe si existió como tal, y que en teoría creó la Ilíada y la Odisea.

Así pues, ¿cómo definir al primer escritor cuando casi todo lo que se ponía por escrito era anónimo o se asociaba a una figura casi seguramente inventada, como Homero? ¡Fácil! Buscando a la primera persona que firmara su obra. Y la más antigua que se ha encontrado fue la princesa Enheduanna de Acad, hija de Sargón I, al que quizás alguno haya estudiado en el instituto (como pista dejaré caer que fue quien unió el norte y el sur de Mesopotamia. El «I» es importante) y de la reina Tashlutum.

La princesa tal y como la imaginan en la serie Cosmos
En realidad no se llamaba Enheduanna, este era más bien un título como Suma Sacerdotisa del templo del dios de la luna Nanna, pero la Wikipedia os lo podrá explicar mejor que yo y de todas formas nos vale porque firmó con ese título. La podemos distinguir en medio de todos los hombres anónimos (y quizás mujeres) que se dedicaban a copiar y extender textos.

Enheduanna vivió hace unos 4.300 años (alrededor del 2285-2250 a.C.) y fue sacerdotisa no solo del templo de Nanna, sino de En, como solía darse en la familia real. Su padre confió en ella para tales altos cargos de forma que los historiadores consideran atrevida, para afianzar el poder en la ciudad de Ur. Tras la muerte de su padre, siguió siendo una importante figura durante el reinado de su hermano Rimush. Por esta época, comenzó a hacer poesía, narrando sus atropellos políticos. Así, escribió La Exaltación de Inanna, sobre cómo la expulsaron de Ur y luego recuperó su puesto. La Exaltación se encontró en Ur, en 1927, en un disco de alabastro de 25 cm de diámetro y 5 de profundidad. Se aseguró de que sus escritos superaran el tiempo, eso desde luego y en el disco aparece representada como superior a las figuras masculinas que ejercen un rito con ella.

Curiosamente, aunque Enheduanna era sacerdotisa en particular de Nanna, su diosa favorita era Inanna —nuestra Venus— , del amor y la guerra, y la Exaltación no es la única obra que le dedicó. En este poema, Enheduanna dejó caer muy intensamente que Inanna era igual al dios An, el superior del panteón sumerio. Además, describió a Innana como la diosa de la batalla que disciplinaba a la humanidad (uniendo características de Inanna e Ishtar) como si fuera un ave de tormenta que aparta de su camino a los dioses menores. Aquí es cuando Enheduanna aparece recitando en primera persona sus propias glorias, su expulsión por el rebelde Lugalanne (que ha tenido el desparpajo de considerarse un igual a una alta sacerdotisa y que además ha acosado sexualmente —sí, seguramente sea el registro más antiguo de acoso sexual— a la cuñada de Enheduanna) y su ruego al dios de la luna para que intervenga en su favor. El poema sigue, hablando de la creación y la destrucción, así como de su futura unión, quizás espiritual o de inspiración, con su yo superior, la propia diosa Inanna. 

El disco de Enheduanna, descubierto en 1927


Así finaliza:


¡Ciertamente entré a mi sagrado giparu (residencia de la gran sacerdotisa en Ur) a tu orden
Yo, la Alta Sacerdotisa, yo, Enheduanna!
Todavía soy la brillante Alta Sacerdotisa de Nanna.

La Exaltación no es su única obra conocida. In-nin-sa-gur-ra es otro canto a la diosa Inanna, que no se ha podido traducir por completo, pero que termina con un agradecido :

¡Mi señora, proclamaré tu grandeza y tu gloria en todas las tierras!

Dedicó más de cuarenta composiciones al dios Nanna, al templo de Ur y a la diosa Inanna, recogidos como Himnos de los templos sumerios, entre otros. Y siempre firmaba con su nombre en las tablillas de barro, con la famosa escritura cuneiforme.

Quizás lo más interesante es que esto significa que pudo haber muchas más mujeres cultas en su época que se dedicaban a escribir —lo cual lleva a preguntarse qué clase de educación tendrían—. Hubo más reinas que quizá compusieron poesía (Leick Gwendolyn) y la diosa Nindaba tiende a hacer las veces de escriba. Además, Enheduanna quizás estableció una tradición, ya que los nombres de las princesas sacerdotisas aparecen en listas históricas, justo igual que los reyes.

Pero aunque sabemos quién es Sargón I de Acad o nos suena Gilgamesh, de Enheduanna nunca se habla como gran política. Mucho menos como escritora; más importante es Homero. Enheduanna no parecer merecer una mención en la mayor parte de textos de literatura mundial. Una lástima y un despropósito. Por suerte, Enheduanna fue más inteligente que muchos otros, una mujer hábil y consciente de su propio poder, y se aseguró de que, a pesar de todo, su nombre sobreviviera durante milenios. 


Links a Enheduanna: 

http://www.cddc.vt.edu/feminism/Enheduanna.html
http://blog.rtve.es/retiario/2013/04/enheduanna-la-primera-escritora-de-la-historia.html
https://www.ancient.eu/Enheduanna/
https://www.youtube.com/watch?v=fKWPREkvNgkhttps://www.youtube.com/watch?v=fKWPREkvNgk

domingo, 26 de noviembre de 2017

De feminismo y personajes femeninos (VII): Sociedades hembristas escritas por hombres


¡Bienvenidos a la Mazmorra! Soy Rika y vengo a hablaros, por séptima vez, de personajes femeninos y feminismo en los libros.

En concreto, de una cosa que odio con toda mi alma y son las sociedades «hembristas» de fantasía/ciencia ficción descritas por hombres.

¿Y por qué las escritas por hombres, Rika? Bueno, porque son los que suelen crearlas como un sueño húmedo y me ponen muy mala. Malísima. Tanto como cuando veo las horribles armaduras con tetas o guerreras con los pechos al aire. Lo siento mucho, pero cualquier mujer que tenga los pechos mínimamente grandes sabe que una se las recoge para que no le duelan al correr, montar o hacer cualquier ejercicio, más allá de que el sujetador sea una cosa horrible creada para realzar senos y que gusten al espectador masculino. No pido que las mujeres vayan con sujetador, sino que las que salen al campo de batalla tengan lógica. ¿A cuántos hombres habéis visto desnudos del todo con el elefantito —imaginadlo resoplando y moviendo la trompa ahí de forma intensa— saltando por ahí y diciendo a su enemigo: ¡córtame, CÓRTAME, ME MUEVO, CÓRTAME!

Incluso los atletas griegos que corrían desnudos se recogían con un lacito el elefante para que se estuviera quieto y no molestara. Un poco de lógica, por favor, que todavía no hemos salido de las chicas en top que gritan, como diría Goyo Jimenez, «córtese por aquí, rájese por este lado». En fin, se me va. ¿Por qué estaba hablando de guerreras con las tetas al aire?

….ah sí, sociedades «hembristas» escritas por hombres.

La lucha contra la no-sexualización de las bolas de grasa que son los senos es una muy digna y desde la Mazmorra agitamos una banderita a su favor. Probablemente por eso me resulta terriblemente odioso ver cómo se plantea a las amazonas, valquirias y demases en la imaginación calenturienta de los autores. Ellos son muy conscientes de que mujeres y hombres somos diferentes en términos físicos y el efecto que esto tiene… en el lector. Y cuando escriben, lo hacen en consecuencia. Por ejemplo, en este artículo hablé de cómo el paseo de la vergüenza de Cersei no es históricamente correcto pero se la desnudó del todo para que los espectadores/lectores actuales comprendiéramos. ¿El qué? Bien, pues lo que para una mujer del siglo XIV era que la obligaran a pasear en camisa por la ciudad. Y lo siento, pero no. Ya comenté que era puro morbo y lo sostengo ya que ni siquiera se emplea como crítica de ninguna clase.

Ideas así pululan por todos lados. Algunos, como don Negrete, autor de la tetralogía de Tramórea, promueve por ejemplo la idea de que, en medio de una pelea, un soldado sediento de sangre es capaz de dejarse engatusar por la visión de una carga de gigantescas mujeres montadas en caballos… Y desnudas. ¡Hay que emplear el factor sorpresa! ¡Qué valientes por ir desnudas al campo de batalla!

Ahora la idea es: ¿las mujeres que realizan esa carga de caballería, siendo hembristas, pensarían de esa manera? A pesar de ser orgullosas, considerar que los objetos sexuales son los hombres, ¿lo primero en lo que pensarían es que su desnudez distraería a los hombres (lo hace) y que querrán violarlas (lo intentan) y podrán aprovecharse de su distracción para matarlos o capturarlos (lo consiguen).




viernes, 3 de noviembre de 2017

La génesis de un género: los pioneros olvidados de la espada y brujería



¡Buenas a todas y todos! Podéis llamarme Xeethra. Estoy muy contento de poder estar hoy con vosotros en esta Mazmorra donde se habla de cosas tan chulas e interesantes. ¡Gracias a Frederika por invitarme! Tengo muchas ganas de presentaros este primer artículo, y espero que os guste tanto leerlo como yo he disfrutado escribiendo. ¿Empezamos?


Soy un guiverno rosa, sí. Lo comprenderé si no sois capaces de soportar tan desbordante masculinidad.
Teniendo en cuenta lo inmensamente popular que es, hoy en día, la fantasía heroica (también llamada “de espada y brujería”), siempre me ha sorprendido lo poco que se habla sobre los orígenes del género (o cualquier cosa anterior a los años cincuenta, vaya). Cuando yo empecé a leer literatura fantástica, hubo una pregunta que se me vino de inmediato a la cabeza: ¿por qué Tolkien decidió escribir El Señor de los Anillos? Permitidme ser más específico: ¿por qué un hombre como J.R.R. Tolkien, en un momento histórico determinado, escribe una novela con las características específicas que tiene El Señor de los Anillos? Y es una de esas cosas que las piensas y ya no se te van, que le sigues dando vueltas día tras día. Así que me puse las pilas y empecé a clavar codos delante del ordenador, para entender de dónde viene toda esta obsesión con las espadas y los brujos…

No, Geralt, esta vez no venimos a hablar de ti. Egocéntrico, que eres un egocéntrico.

Solemos entender que Tolkien se distingue de otros novelistas de su tiempo porque se inspira en la mitología antigua, las epopeyas y la épica, los cantares de gesta y los cuentos folclóricos para construir un mundo secundario (imaginario, que sustituye al real) habitado por magos, dioses y criaturas de leyenda donde se desarrolla la historia de sus libros. Pero una cosa son las fuentes de inspiración, y otra muy distinta los precedentes directos. Tolkien, al igual que todos los escritores, no es más que el producto de una evolución histórica. Y lo mismo podemos decir de C.S. Lewis, de Ursula K. Le Guin, de Michael Ende y de cualquier otro autor o autora del género. La idea de la fantasía como una literatura de mundos imaginarios precede por muchos años a la obra de Tolkien y sus contemporáneos. De lo que quiero hablaros hoy es de esos primeros valientes, los pioneros que se atrevieron a imaginar una forma distinta de hacer literatura. Esta es la historia de cómo nace la novela fantástica moderna.