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miércoles, 9 de agosto de 2017

Reseña: Yo, robot, de Isaac Asimov

Título: Yo, robot Autor: Isaac Asimov Sinopsis: Publicada por primera vez en 1950, cuando la electrónica digital estaba en su infancia, Yo, robot resultó ciertamente visionaria y tendría una influencia enorme no sólo en toda la ciencia ficción posterior, sino incluso en la propia ciencia de la robótica. Aquí formuló Isaac Asimov por primera vez las tres leyes fundamentales de la robótica, de las que se valdría para plantear interrogantes que se adentran en el campo de la ética y de la psicología: ¿qué diferencia hay entre un robot inteligente y un ser humano?, ¿puede el creador de un robot predecir su comportamiento?, ¿debe la lógica determinar lo que es mejor para la humanidad? A través de una serie de historias conectadas entre sí por el personaje de la robopsicóloga Susan Calvin, en las que aparecen todo tipo de máquinas inteligentes - robots que leen el pensamiento, robots que se vuelven locos, robots con sentido del humor o robots políticos-, Asimov inventa unos robots cada vez más perfectos, que llegan a convertirse en un desafío para sus creadores. Editorial: Edhasa Número de páginas: 375 ¡Bienvenidas y bienvenidos, pequeños mortales! Lyra saca una nueva reseña del horno (mientras veraneamos en la Mazmorra. Sí, dentro). En esta ocasión, hablemos de Isaac Asimov y Yo, robot, una recopilación de relatos sobre el universo de este autor.

La primera página de Yo, robot presenta las Tres Leyes de la Robótica, unas normas impresas en el cerebro de cada robot. Ninguno puede evadirlas porque son parte de su programación base. Estas son:
1. Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
2. Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto cuando estas órdenes se oponen a la primera Ley.
3. Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no entre en conflicto con la primera o la segunda Leyes. Solo tres leyes, que son suficientes para dar lugar a un libro de nueve relatos contenidos en más de trescientas páginas. Esa es la genialidad de Asimov.

Yo, robot no es una historia común fragmentada en distintas etapas cronológicas. La premisa principal es la de un periodista que entrevista a Susan Calvin, una mujer que ha dedicado su vida al estudio de la psique robótica como robopsicóloga. Calvin le cuenta cómo se ha ido desarrollando la historia de los robots a través de sucesos que ha escuchado y de experiencias propias. La intención no es recopilar las dificultades que se debieron de superar durante la incorporación de los robots y la creación de nuevos, sino cómo fueron entendiendo su propia tecnología.


La gracia de estos relatos son los retos ante situaciones inimaginables. Después de todo, las Leyes de la Robótica son bastante claras y concisas: ¿cómo podrían fallar? ¿Cómo podría actuar un robot de una manera impredecible sin necesidad de ir en contra de las mismas? La misma profesión de Susan Calvin, «robopsicóloga», suena un poco estúpida porque un robot está programado. ¿Por qué haría falta la psicología para entenderles?
El mérito de este libro radica en establecer unas leyes lógicas y forzarlas hasta el límite. Porque la aparente simplicidad teórica se complejiza en la práctica. Asimov entiende que la ciencia de un laboratorio no puede prever las relaciones cotidianas, la interacción e imprevisibilidad humanas. Un robot ha sido programado para actuar según una serie de pautas, pero ¿cómo las aplica en el mundo real?

A través de las historias de Calvin, Asimov construye su universo sin olvidar el propósito de mostrar e integrar a los robots con los humanos. Existen tantísimos factores que pueden torcer una fórmula aparentemente perfecta (al fin y al cabo, las Leyes deberían asegurarse de que los robots se mantienen siempre como esclavos, tema que se tratará adecuadamente en el libro), que resulta interesantísimo cómo Asimov se las ingenia para plasmarlas en cada relato. Crear Leyes es fácil. Ajustarlas en la realidad, no tanto.
¡Advertencia! Esta no es una historia sobre robots que se pueden rebelar contra la humanidad algún día. En el universo de Asimov esa conclusión no tiene sentido. Seguramente os haya venido a la cabeza la película de Yo, robot, cuyo título corresponde a este libro. Se basa en las mismas Tres Leyes de la Robótica, pero su planteamiento y resolución no respetan en absoluto a lo que Asimov refleja. La película ni se corresponde con alguno de los relatos, ni toma préstamos de ellos. Es una historia aparte en la que Will Smith es protagonista y tiene como co-protagonista a una Susan Calvin que no se parece en nada al personaje literario. En realidad no es mala película. He querido mencionarla en esta reseña por aquellos/as que estando interesados en el libro crean que la película es una alternativa para empezar a leer a Asimov. Porque no.
El único relato desligado en trama con los demás es el primero, que sirve como introducción para presentar las Leyes y cuyos personajes no vuelven a aparecer en el resto del libro. Los demás tienen más o menos conexiones entre ellos. Se irán repitiendo temas y personajes, lo bastante como para reconocerlos y seguir aportando al eje central.

Y, hablando de los personajes, no son complejos ni tienen desarrollo (ya que aparecen puntualmente en ciertos relatos) pero eso no los convierte en malos. Sirven para un propósito, tienen su papel y participan activamente en las historias. Son pocos y a su favor está que ninguno sobra. Una de las cosas que me gustan es que sea su acción lo que hacen más memorables ciertas escenas del libro, aunque no destaquen por carisma o empatía. El estilo de Asimov es simple y directo, escribe con frases cortas y procura desglosar cada problema a través de los personajes para que sean comprendidos por el lector. Usa terminología científica, aunque nada ininteligible porque la mayoría de las palabras se refieren a invenciones del propio Asimov en torno a los robots. ¿Lo recomiendo?



Lo mejor: La originalidad de cada relato y la involucración de personajes perfilados y humanos. Lo peor: El primer relato está desconectado de los demás. Los relatos, aunque interesantes, no tienen una trama común, sino que sirven para presentarte el universo de Asimov.

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(Todas las imágenes corresponden a sus respectivos dueños).

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