Recordatorio

No somos profesionales, simplemente nos gusta leer y tenemos tiempo libre, así que a veces cometemos errores.

martes, 6 de octubre de 2015

Análisis: Angelology. El libro de las generaciones, Danielle Trussoni

Título: Angelology. El libro de las generaciones
Autor: Danielle Trussoni
Sinopsis: Evangeline ha crecido entre los muros de un convento al norte de Nueva York. Llena de vida y optimismo, utiliza toda la energía de sus veintitrés años para ser una buena monja. Pero el descubrimiento casual de una carta de 1943 alterará la placidez de su vida y la certeza de su futuro. Además, la llevará a descubrir verdades impensables acerca de su propia famillia y la colocará en el centro de una historia secreta que se remonta miles de años atrás.


Los nefilim, descendientes de la unión entre ángeles y humanos, son criaturas de una belleza y una crueldad inimaginables. Los angelólogos han tratado de combatirlos desde tiempo inmemorial. Una batalla decisiva de esta lucha atávica se libra hoy en el corazón de Manhattan. Y Evangeline está en el centro de la misma.


Editorial: Planeta.
Número de Páginas: 590.

¡Bienvenido todo el mundo a mi sección! Frederika a vuestro servicio.

Hoy os presentaré la reseña sobre un libro que compré durante la fiebre de los vampiros —es increíble que se haya agotado. Parecía tan eterna—. Fue como una revelación divina. Andaba yo por una de esas librerías de última moda, diciéndome «cuánto negro y cuánto rojo» porque, de pronto, toda la literatura juvenil-romántica tenía las mismas portadas cuando vi una de negro… y blanco. Me acerqué y encontré a un señor rubito desnudo —una mejora ostensible frente a carnosos labios femeninos con pintalabios rojo chillón. Qué lástima dan las mujeres muggles a veces— con nada más y nada menos que ¡alas! ¡Preciosas y maravillosas alas blancas grandes [L: las mías son mejores] [G: De eso nada], de esas que te crees que de verdad podrían levantar un cuerpo humano que carece de todo diseño aerodinámico! Unas alas con volumen, que parecían suaves y pesadas, preparadas para ser acariciadas y…

Sí, de acuerdo, me encantan los ángeles, pero no hemos venido a hablar de mis refinados gustos sino de este libro, cuya segunda parte anda revoloteando por ahí y que todavía no he leído. Ni siquiera estoy segura de que la hayan traducido al español.

En cualquier caso, lo he desenterrado de entre los libros que Green guarda —y estaba cubierto de polvo de hada de Lyra. ¿Cómo puede ser tan despistada? En fin, espero que lo vendan bien, ya que estamos— y decidí releerlo. En su momento era una dulce y pequeña brujita devoralibros ansiosa por ver algo más que seductores vampiros y fui y me encontré con seductores ángeles… ¡No, esperad, aguardad un momento! ¡No es lo que parece, dejadme terminar!



¿Seguís por aquí? Bien. Si algo he de decir, es que este no es un libro para adolescentes. Sí, hay nefilim que están para comer pan —o… bueno, es algo relativo. Al menos Percival estaba para comer pan—, un pseudo-romance y una protagonista marcada por el destino. Tiene todos los elementos para ser una bazofia. ¿Lo es? No. ¿Es un libro genial? Tampoco.

Dejad que me explique:

Angelology es un libro denso, de principiante, con muchos fallos a la hora de presentar la estructura y donde la autora no habla tanto para el lector como para sus propios gustos. Es capaz de describirnos durante dos páginas una habitación que no volverá a aparecer o no tendrá verdadera importancia en la trama, pero una pelea, una muerte o las escenas emotivas entre los personajes apenas sí tienen espacio para brillar. En una entrevista confiesa que tuvo que aprender muchísimo sobre ángeles, la Biblia y arte. Y se nota, porque quiso demostrar todo lo que sabía volcándolo en el texto… de forma innecesaria. Como digo, algo típico de un escritor principiante. Aquí os dejo el link a la entrevista, por si os interesa enteraros de más detalles. 


Se nota que no hay confianza en la descripción de la acción, en la tensión, que es preferible centrarse en lo lírico y estable. Eso, en sí, queridos lectores, no es malo. El problema es que doña Trussoni todavía no ha aprendido a saltarse esas escenas con gracia y tampoco ha sabido darles el peso que necesitan en la historia, en especial en una época donde los personajes nos resultan más importantes que el trasfondo. A veces debes resistir el impulso de saltarte páginas del hermoso convento donde vive la protagonista, del museo X o váyase usted a saber qué más, para ir al núcleo, a lo que interesa, a lo que, al fin y al cabo, te han vendido.

Así pues, es una lectura compleja. Mala no, pero sí densa, con un ritmo más bien torpe. Voy a poneros un ejemplo para que sepáis a lo que os enfrentáis:

«Los serafines rodeaban la cúpula central; los arcángeles de mármol sostenían las esquinas del altar. Las columnas presentaban incrustaciones de halos, trompetas, arpas y pequeñas alas de oro; los rostros tallados de los putti miraban desde los extremos de los bancos, hipnotizantes y compactos como murciélagos de la fruta. Aunque comprendía que la opulencia era una ofrenda al Señor [R: ¿Y todo eso de que Jesús era pobre y la Iglesia debía ser pobre?] [L: Jajajajaja, ilusa] [G: Una vez me zampé a un obispo. Fue el humano más gordo que tuve que masticar en mi vida], un símbolo de su devoción, secretamente, Evangeline prefería la sencilla funcionalidad del convento. […]

Avanzó a través de la estrecha basílica neorománica, pasó por las catorce estaciones del vía crucis, los bancos de roble rojo y respaldo recto, y las columnas de mármol. Bajo la débil luz, la monja siguió el amplio pasillo central de la nave hasta la sacristía, donde cálices, campanillas y vestiduras esperaban encerrados en armarios la hora de la misa. Al final de la sacristía, llegó hasta una puerta. Respiró profundamente y cerró los ojos, como si se estuviera preparando para una mayor claridad. Posó la mano en el frío pomo de bronce y, con el corazón latiendo con fuerza, empujó la puerta.

La capilla de la Adoración apareció ante de ella [R: sí, lo pone así, no lo he copiado mal], inundando su visión. Sus muros resplandecían, dorados, como si hubiera entrado en un huevo Fabergé esmaltado. La capilla privada de las Hermanas Franciscanas de la Adoración Perpetua tenía una elevada cúpula central y unas grandes vidrieras que ocupaban todas las paredes. La obra maestra central del recinto era un conjunto de vitrales bávaros que se extendían por encima del altar, representando las tres esferas angelicales: la primera esfera…».

Y todo esto entre las páginas 14-15. Si os gustan este tipo de descripciones, ¡adelante! Las vais a encontrar muy a menudo y no podréis más que aplaudir a doña Trussoni por su minuciosidad para establecer recintos que realmente no tienen tanta repercusión. Si no y, ante todo, sois poco pacientes, no intentéis darle una oportunidad al libro…

Si sois pacientes, dádsela. En Angelology no vais a encontrar una historia de acción, sino de investigación, de un contexto impresionante, de estudios bíblicos y una interpretación curiosa de la humanidad a partir de su mitología. Fue eso lo que me atrajo, no el recargado repertorio de conocimientos artísticos de la autora, si no el fascinante recorrido por los nefilim y lo bien que estaba montado el mundo.

En su web tiene diseños para las alas de los diferentes nefilim, así como escritos a mano aparecen en el libro y son importantes investigaciones sobre los descendientes malditos de los ángeles. Aquí os dejo el link por si sentís curiosidad.


Si algo agradecí fue que este libro no fuera para adolescentes. Pocas veces he visto que se haya investigado una especie con tanto mimo. Doña Trussoni usa a angelólogos —humanos que estudian a los ángeles y luchan contra los nefilim— para poder hacer girar toda su historia en torno a los nefilim. En ese sentido, no decepciona. Todo, absolutamente todo, guía a los nefilim y no a un romance cogido por los pelos —que lo hay pero, gracias a Medea, no es importante—. Los angelólogos investigan físicamente a los nefilim y así aprendemos, más o menos, por qué son altos, por qué sus alas son tan frágiles a la vez que impresionantes. Los ángeles que aparecen están malditos y, aun así, doña Trussoni consigue que den miedo porque, en sí, no son malvados… si no diferentes. Los nefilim también están muy bien logrados, de verdad. Somos testigos de atrocidades que realizan sin pestañear, porque carecen de empatía alguna, a menos que su sangre se contamine demasiado por la mezcla humana, y también constatamos que son seres solitarios, ambiciosos, en cierta manera miserables. Como mínimo así resulta la familia que se nos presenta, la de los Grigori, ya que no entran otros nefilim en juego.

Dato: el convento en el que vive Celestine existe. Viven bien, ¿eh?

Aun así, los nefilim se ven casi siempre desde lejos o, al menos, sus costumbres y características se aprenden desde fuera. Si algo me decepcionó del libro fue que se prestara tanta atención a las rutinas de Evangeline, a las investigaciones sobre cartas o al esfuerzo para encontrar a los ángeles —si bien todo esto es importante para marcar la inferioridad de condiciones en la que se encuentra la humanidad— antes que describir la vida de los nefilim con mucho más detalle, sus dudas y sus problemas morales.

Con todo, si algo podemos hacer es darle crédito a doña Trussoni, porque en la relectura he descubierto muchos detalles que jugaban con lo que sucedería al final. Es decir, todo estaba pensado y atado, y es de agradecer. [L: Pero no hadas, no party]

Dicho esto, entramos en materia de SPOILERS para gente que ya haya leído el libro o lectores con cierto tinte masoquista que quieran que destripe los entresijos de Angelology.


La trama, la historia de Angelology no es nada del otro mundo, nada que no puedas adivinar de antemano si eres un avezado lector o ya has visto muchas películas. En realidad diría que los personajes narradores son demasiado obtusos para entender lo que es evidente, pero claro, hablo desde el punto de vista de una lectora avispada y no de alguien que esté viviendo los acontecimientos. Creo que a nadie le cogerá por sorpresa que Evangeline resulta ser medio nefilim, ya no sólo porque es la protagonista, sino porque en el momento que ves a su abuela acostándose con un nefilim o te enteras de que le hicieron pruebas de niña… De acuerdo, es sencillo pasarlo por alto con la cantidad de información con la que doña Trussoni gusta de sobresaturar al lector, pero los datos siguen ahí.

Al menos los personajes actúan de acuerdo a lo que se espera de ellos, si bien no hay ninguna profundización de los mismos, pero eso lo trataré un poco más adelante.

A pesar de lo evidente que resulta, la historia es coherente. No hay, quitando los romances imprevistos o la psicología acelerada de los personajes para asumir realidades imposibles, nada que «no pueda pasar». Otra cosa es que la forma en la que suceda resulte un poco torpe o atropellada pero, de nuevo, considero que lo valioso de Angelology no es la historia del presente, la clásica aventura busca-tesoros para acabar con el mal.

No, lo hermoso es la historia de la monja Celestine, que se nos narra en primera persona y que es la clave para comprenderlo todo. Como primera persona os diría que la narración me parece algo antinatural, que Celestine nos cuenta cómo es todo pero no nos lo muestra. En especial me fastidia que me diga que ella y Gabriella eran buenas amigas pero no vea esa empatía o ese cariño por ningún lado. ¡Es una primera persona, por Medea, seguro que no le costaba hacer algún flashback o ponerme algún que otro ejemplo!

En fin, el caso es que la historia de Celestine es básica para comprender la misión de los angelólogos, para despejar dudas y abrir nuevas incógnitas: los ángeles caídos, ¿son malvados? Desde luego mataron a personas pero ¿fue por culpa de la radiación que despiden o porque para ellos librar a una persona de la envoltura carnal es algo… bueno? También nos acerca a Gabriella, que no es tan fascinante como se nos quiere hacer creer, pero sí es muy importante para comprender el trasfondo de Evangeline y cómo actúan los nefilim. Hubiera deseado que se viera más de cerca a Percival a través de los ojos de Celestine, pero imagino que eso era pedir demasiado.

Con Celestine aprendemos de verdad, por fin, sobre los nefilim. Con lecciones transcritas y un lenguaje hablado casi increíble, pero que podemos pasar por alto porque nos otorga los datos que necesitamos. A decir verdad, habría sido muchísimo más interesante seguir la historia de Celestine y Gabriella que centrarse en el presente, pues el pasado es donde está la chicha, donde encontramos el núcleo, los ingredientes que hacen la poción, y los personajes, sin llegar a ser carismáticos, atraen muchísimo más que los del presente. Además tiene lo que nos interesa: a los angelólogos, la guerra, la lira, los ángeles, el conflicto con los nefilim de cerca.

Personajes

Si algo he de decir a favor es que, aunque no sean personajes bien construidos para mi punto de vista, al menos el elemento femenino es enorme fuera del convento y es algo de agradecer, ya que no actúan como personajes florero, ni tampoco como simples intereses románticos. Todas, a su manera, tienen un papel clave o importante en la historia y dedican su vida a una causa mayor.


—Evangeline:

La verdad es que no hay mucho que decir sobre ella. Más que otra cosa se presenta como un personaje soso y sin más, completamente pasable. Es organizada, le gusta la rutina, para haber cumplido veintipico años no tiene expectativas con su vida y no siente interés por el mundo exterior Verlaine insiste en describirla como preciosa, amable, distinta. Yo, personalmente, no he visto nada de eso por ningún lado. Es una monja joven, sí, y por tanto no va a ser como el estereotípico ejemplo de monja dura y cruel que podemos imaginar, pero poco más. Cumple con los propósitos, que se esperan de ella: meternos en la historia y destruir la Lira.

Tal y como está escrita, Evangeline me resulta un personaje intrascendente y creo que, a excepción de la destrucción de la Lira, no tiene papel en la historia, hasta el punto de que sólo es un catalizador para presentar a los demás y para conseguir que Verlaine haga llegar una carta y despierte los recuerdos de Celestine, poniéndolo todo en marcha. ¿Esto es malo? No. Lo prefiero con diferencia a que sea la Elegida. Es una nefilim más, que nunca habría despertado sus talentos si no hubiera entrado en contacto con la Lira, así que en ese sentido se agradece una variación de la clásica protagonista. Pero ¿qué podría haber sido un mejor personaje? Sapos y culebras, desde luego.

Es comprensible que Evangeline olvidara el hecho de que vio ángeles/nefilim de niña por el trauma de la muerte de su madre, el cambio de país y que la metieran casi a la fuerza en un convento, pero no que de pronto todo parezca tener sentido para ella. Al menos sin pruebas físicas como las que obtiene Verlaine cuando le persiguen los anakim. Además, Evangeline no escucha la historia que nos cuenta Celestine, sólo lee las cartas de su abuela que le hablan de la muerte de su madre. Ya que la historia transcurre en un lapso inferior a tres días, su desarrollo, sus reacciones, su «ahora soy una angelóloga» me resulta torpe, apresurado y que sólo se impone para evitar que doña Trussoni tenga que dedicarle tiempo a desarrollar a su personaje en el ámbito emocional, porque es mucho más seguro centrarse en las descripciones artísticas de los lugares que visitan a la caza de la Lira.

—Celestine:

Otro personaje más o menos vacío, sin mucha profundidad, aunque es interesante que de tanto en tanto dé muestras de envidia y ambición. De nuevo, el problema es que te lo cuenta y no deja sitio para vivirlo. Me habría encantado ver su relación con Gabriella y no tener que fiarme simplemente de su palabra. Al menos Celestine no llega a ser el interés amoroso de nadie y no porque se convierta en monja, sino porque en ningún momento parece verse atraída por nadie excepto sus profesores y Gabriella y hablo en el sentido más platónico de la palabra [R: que ya os veo saltándome al cuello]. Celestine existe por y para la historia, para hacerla avanzar y para explicarnos sus entresijos. Sin duda, es mi parte favorita del libro, aunque la narración siga siendo algo farragosa y lenta.

Empieza siendo una estudiante tímida y ambiciosa y 

termina guardando durante toda su vida el secreto 
de la Lira, para que los nefilim no puedan alcanzarla. 
Y se convierte en una gran invocadora de ángeles. 
Me mola.
Es un personaje clave en la narración y en la historia, ya que por ella se descubre la Lira y es quien, ¡gracias!, por fin nos mete de verdad en el mundo de la Angelología. Gracias a ella entendemos la faceta estudiosa e intrincada de esta rama abandonada del estudio angelical y, también, vemos lo que es enfrentarse a la cruda realidad de los angelólogos.

Su encuentro con los ángeles apenas la hace cambiar, lo cual es una pena: me habría encantado ver cómo se tambaleaban todas sus creencias o entraba en una espiral más… profunda de vulnerabilidad. Al fin y al cabo, estuvo a punto de morir quemada a manos de un ángel y ayudó a diseccionar a otro. Siendo una niña ingenua y básicamente buena, había esperado que se representara mejor su reacción ante los peligros de los ángeles traidores.

Además, a partir del momento en que se obtiene la Lira, los acontecimientos se aceleran demasiado y no da tiempo a asimilar nada. Es con ella cuando en sí aparece la acción y esta resulta incómoda, mal encajada y mal descrita; no hay miedo, no hay tensión. Más bien pasas la página, frunces el ceño y vuelves atrás para asegurarte de que has leído bien. Esto supone un gran problema, claro.

Es decir, lees durante páginas y páginas lo importante que es encontrar a los ángeles y estos aparecen durante… ¿dos páginas? ¿EN SERIO? Y eso por no hablar de los escasos encontronazos con Gabriella, sus diálogos más que artificiales para chicas de quince años, la fugacidad e intrascendencia del baile de los nefilim o, por supuesto, la muerte de Serafina. Estos elementos, que tan básicos eran para dar fuerza a Celestine como personaje, se pierden y rebajan mucho el nivel de su historia. Están ahí, por supuesto, y queda en mano del lector identificarse o no con los personajes y tratar de imaginar lo doloroso que debe ser todo, pero no es que doña Trussoni ayude demasiado.

Somos el centro de la historia y molamos mucho.
Te dejaremos ciego o te reduciremos a cenizas
con nuestra majestuosidad. Pero saldremos durante
sólo dos páginas.
En definitiva, como personaje Celestine es bastante plano, aunque es sin duda de los mejores construidos y al que mejor conocemos, y que además tiene un final muy digno cuando la autora podría haberse librado de ella sin problemas, ya que su papel había terminado.

—Percival:

El antagonista de la historia. No llegaría a llamarle villano, a pesar de que es cruel y todo eso, porque si estuviéramos en una serie o una película el pobre sería el subordinado de la mastermind —en este caso su madre— con el que quizás podemos identificarnos y… busca el bien. Para su especie, claro.

Me gustó mucho el personaje y su planteamiento: una criatura enferma, desesperada por recuperar sus días de gloria, asquerosamente humana que muestra el grado de «degradación» de los nefilim. Ni una sola vez, aunque encuentra la Lira, se le pasa por la cabeza ayudar a sus ancestros encerrados; la única empatía que siente es por Gabriella y el hecho de que la herida que ella le dejó siga supurando y le vuelva todavía más mezquino de lo que ya es me encanta. Le da mucha viveza, mucho realismo, porque Percival era un niño mimado, consciente de su belleza [R: sí, belleza. Todos los nefilim son hermosos] [L: cómo no], con el mundo en la palma de la mano y, de pronto, todo se viene abajo con la pérdida de sus alas, una enfermedad corrosiva que le afecta a los pulmones y a toda su columna vertebral. Además, empieza a experimentar empatía y emociones humanas, algo que él mismo no es capaz de ver y que provoca que sus familiares lo miren con repugnancia…

Cuidado con los chicos malos…
Sobre todo si se llaman Percival Grigori.
Que te dejan con un bombo y luego te torturan.

En definitiva, es un antagonista muy trágico, al que no es difícil odiar, pero que me parece muy consistente. Por otra parte, es un nefilim. ¡Un nefilim, esas criaturas sobre las que veníamos a leer y que parecen tan difíciles de encontrar entre los parrafazos de historia del arte y de la Biblia! ¡Un nefilim de verdad! Siempre me erguía en la silla —si es que Green no me la había tirado con la cola, porque la señora con ese tamaño que tiene lo derriba todo a su paso, ¿eh, Lyra? [L: ella sabe que a mi jaulita no se puede acercar, porque solo tengo una] [G: Qué quejicas son]— cuando llegaba la hora de saber más de Percival. Será porque me gustan los personajes complejos y no los santitos como Evangeline, para qué negarlo. Además, la vida de Evangeline es aburridísima.

Percival tiene una moral más negra que gris, como los angelólogos, y da un punto importante a la historia para mostrar que, aunque decadentes, los nefilim todavía son un peligro enorme para los angelólogos. Al fin y al cabo, los nefilim son una especie, luchan por su supervivencia y no quieren perder sus características angélicas. Es lógico que quieran la Lira para curarse, para recuperar sus fuerzas. ¿Por qué iban a simpatizar con los seres humanos, que no dudarían en destruirlos si estuviera en su mano? Cuando se relacionan con ellos sus hijos nacen menos guapos, menos fuertes, menos longevos y los nefilim ya de por sí apenas sí sienten empatía, así que es muy difícil que su vida pragmática y dedicada al lujo les deje sitio para intentar apreciar a los humanos que no están dispuestos a ayudarles políticamente en su ascenso.

Por eso me gustó tanto que Percival empiece a cambiar y a verlos con otros ojos. Sólo cuando se revuelca en el barro comienza a darse cuenta de otros puntos de vista y, aun así, reniega de ellos porque no es humano y no quiere serlo.

La lástima es que no conozcamos la naturaleza de la relación entre él y Gabriella. Percival estaba dispuesto a hacer lo que fuera para incluirla en la familia, aunque fuera humana, pero no sabemos si había amor o simple obsesión/deseo. Al fin y al cabo, Percival tiene la mentalidad de un chaval jovencito y podría haber sido pura terquedad o algo pasajero el haber querido casarse con Gabriella. Ay, doña Trussoni, podrías haber sacado tantas cosas con Percival…

Su final, como casi todos los momentos base de Angelology, es muy anticlimático y se abandona su escena sin más. Me decepcionó bastante, si bien veo lógico que muera de esa manera, porque es perder a un personaje interesante.

—Gabriella:

Debo decir que no era un personaje que me gustara. Verla a través de los ojos de Celestine ayuda, aunque no deja de ser curioso que la visión que obtenemos sea tan negativa [R: tanto cariño no había, ¿eh, Celestine?]. No tenía la menor idea de por dónde cogerla, en parte porque no conocemos nunca a Gabriella excepto a través de los ojos de otras personas, como Evangeline, Celestine o Percival. No es hasta que llega Verlaine que la vemos actuar en directo y comprobamos que ha mejorado mucho con el paso de los años y que resulta un personaje agradable y activo.

Aun así, quien realmente nos interesa es la Gabriella joven, la que era doble espía, la amante de Percival y la que se quedó embarazada de un nefilim. También me atraía la historia de su hija Ángela [R: vaya, Gabi, alguien se obsesionó con Percival, ¿eh? No podías ponerle un nombre más irónico] y, por mucho que se tocara por encima, me pareció bien utilizado: permitió saltarse el melodrama y que quedara el poso de la amargura porque el padre de tu hija la eliminara… quizás con sus propias manos. Para hacerte daño a ti.

Como si eso no fuera suficiente, Gabriella carga con el peso de saber que no pudo salvar a su mentora Serafina, que le «robó» a su marido, y se fue además con un bebé del enemigo que podría haber nacido completamente nefilim. Es un pasado complicado y que de haberse tratado de cerca, casi sin duda habría estado mal representado por lo que doña Trussoni nos ha mostrado que hace con sus personajes, de modo que me parece una buena opción [R: por una vez] que se cuente la historia y sea el lector quien tenga que imaginar el dolor y el trauma que todas esas experiencias debieron causar.

La pena, la horrible pena, es que Gabriella tiene el momento más anticlimax de toda la historia. Su final. Se merecía MUCHO MÁS. La excusa de narrarlo desde el punto de vista de una Evangeline enajenada por la Lira es muy pobre para despedir a un personaje tan importante. Me voy a repetir, pero doña Trussoni tiene mucho que aprender para poner en papel ideas que son buenas pero que sin un buen esfuerzo narrativo caen en saco roto. Puedo percibir el drama de la muerte de Gabriella, pero la imaginación, el dolor, lo tengo que poner yo como lectora.

Hablaría de Verlaine, los Valko y los otros nefilim, pero lo cierto es que no hay mucho que contar sobre ellos. Verlaine es el mecanismo para desencadenar la historia y no habría pasado nada si muriera después, igual que no aporta mucho cuando sigue vivo, excepto un empujón a los angelólogos para que se den prisa en encontrar la Lira. Ah, claro, también está para recordarnos lo preciosa y maravillosa que es Evangeline sin que doña Trussoni tenga que esforzarse por hacerla actuar como tal y para enamorarse de ella aunque la conozca de menos de dos días. Por eso se convierte en angelólogo por la cara y en menos de unas horas ha asumido sin demasiados problemas que el mundo no se parece en absoluto al que creía. Bien.

Los Valko eran figuras lejanas y no tienen mucho más, aparte de ser enciclopedias andantes y una representación interesante de los angelólogos y sus diferentes facciones. Los Grigori, por otra parte, apenas sí se desarrollan como para comentar algo aparte de sus costumbres sociales…

Así que pasemos al mundo.

La Garganta del Diablo, punto clave de la historia
donde fueron encerrados los ángeles traidores.
Doña Trussoni ha hecho su trabajo. Tenemos la vida rutinaria de un convento, con su aire estricto y a la vez espiritual. Por otra parte, el ambiente en el hogar de los Grigori o en las salas de los angelólogos está bien presentado. El problema del libro es que en general, todo es exposición. Hay gente a la que no le molesta, pero yo preferiría que se me mostraran las cosas.

El caso es que doña Trussoni ha trabajado muchísimo para levantar todo el lore de Angelology y es precisamente por eso que recomiendo el libro, lo cual no lo libra de algún que otro vacío.

Por ejemplo: si hay muchos ateos entre los angelólogos, entonces, ¿cómo explican el origen de los ángeles y los nefilim? ¿De verdad hay un dios barbudo en alguna dimensión paralela vigilando nuestras acciones? Desde luego, los ángeles existen y no me refiero a los que están encerrados, sino a los que vienen de «arriba», ya que Celestine los invoca en su sacrificio final. Entonces, si existen, ¿por qué hay dudas entre los angelólogos? ¿Por qué hay religiones tan variadas y no una afirmación general de que hay un sistema ahí arriba establecido por Dios y que la humanidad ha malinterpretado gracias a los nefilim? ¿Cómo puede haber ateos o agnósticos cuando, precisamente, estudian el mundo sobrenatural?

El mito de Orfeo fue la forma de transmitir el
conocimiento de la Garganta del Diablo y los
ángeles caídos a las siguientes generaciones.

Quizás en el segundo libro se toquen estos temas, pero no estoy segura. Es una pena que doña Trussoni cerrara tanto la narración, aislando a los personajes, bien en un convento, bien en salas donde investigar sobre la Lira, de modo que impide que veamos mejor ese mundo que se mueve y evoluciona bajo el mandato de los nefilim. Estar, está ahí. Es un mundo que se sostiene, que tiene lógica dentro del libro, pero que arrastra partes peor hiladas: ¿la gente no dice nada al ver a señores de alas rojas revoloteando por ahí o los nefilim solucionaron el problema de la prensa hace tiempo? No, no lo hicieron ya que Percival protesta de forma muy sonora porque se oculten del mundo moderno como si hubieran hecho algo malo para que no los descubran. Puede que los nefilim actúen así porque están desesperados, pero no termina de sostenerse.

Esta forma de orientar la narración se debe a que el objetivo del libro no es tanto centrarse en el día a día como en el estudio y la investigación; es una mirada al pasado por una parte, para remontarse hasta los primeros nefilim, y por otra un juego en el presente que, de nuevo, traería de vuelta el horror del gobierno de los nefilim con todas sus fuerzas. A mí me gustaría verlo, jeje.

Aun así, habría estado bien que se trataran estos temas peliagudos y que doña Trussoni se mojara un poquito más.

En definitiva: sólo recomiendo Angelology a los que tengan paciencia, a los que no busquen el clásico romance de los libros de hoy en día, porque al menos en esta historia no hay espacio temporal para que exista, y a los que les gusten los ángeles y las mitologías bien montadas.

Lo mejor: El mundo. Ausencia de romance estúpido —existe, pero no se come ni de lejos la trama—. Ángeles. Nefilim. Cierta madurez en la historia.
Lo malo: Las descripciones hiper-recargadas. El ritmo lento de la historia. La falta de profundidad de los personajes.

P.D.: yo me compraré el siguiente libro, algún día, por pura curiosidad. También porque creo que doña Trussoni, a pesar de no ser una escritora fantástica, tiene talento y sería capaz de releerme una tercera vez el libro. Quiero creer que habrá pulido mucho su técnica y habrá mejorado con Angelopolis.

¡Un saludo a todos, amables lectores!

Atte. Frederika.

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(Cada imagen pertenece a su respectivo dueño)

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