Recordatorio

No somos profesionales, simplemente nos gusta leer y tenemos tiempo libre, así que a veces cometemos errores.

martes, 3 de mayo de 2016

Hyperion, Dan Simmons

Título: Hyperion
Autor: Dan Simmons
Sinopsis: En el mundo llamado Hyperion, más allá de la Red de la Hegemonía del hombre, aguarda el Alcaudón, una singular y temible criatura a la que los miembros de la Iglesia de la Expiación Final veneran como Señor del Dolor. En vísperas del Armageddon y con la amenaza de una guerra entre la Hegemonía, los enjambres éxter y las inteligencias artificiales del TecnoNúcleo, siete peregrinos acuden a Hyperion para recuperar un rito religioso. Todos son portadores de esperanzas imposibles y también de terribles secretos.

Editorial: Debolsillo, 2009
Número de Páginas: 618.

¿Cómo que el Armageddon? ¿De qué me hablas, sinopsis? En el libro nunca se menciona así al «fin del mundo».

Ignoremos ese detalle.

Hyperion es un clásico de la ciencia-ficción con más de 1000 páginas, motivo por el cual se dividió en dos tomos. Es decir, el libro en realidad es Los cantos de Hyperion, escrita de golpe y no planeada para que hubiera una segunda parte. Pero las editoriales son así y además hicieron sufrir a los fans haciendo que cada partes se publicara con un año de diferencia.

Personalmente, como veo ambas partes muy diferentes entre sí, considero que fue una buena elección. 

Hay siete peregrinos —humanos. Los «aliens» de esta historia son los éxter que, como nos enteramos después, son humanos mejorados y adaptados a las condiciones de los planetas donde viven, al contrario que la Hegemonía, que cambia los planetas para que estos se adapten a ellos—, seis hombres y una mujer [L: Pitufina detected], además de un bebé, toman una nave y se dirigen hacia Hyperion. Este mundo es una colonia exterior que se ha convertido en el objetivo tanto de la Hegemonía como de los éxters por las Tumbas del Tiempo, el lugar donde se celebra esa ceremonia de la que habla la sinopsis y que en ningún momento se ha perdido. Las Tumbas, como nos explican más adelante, son unas construcciones que viajan al revés en el tiempo; alguien las creó en el futuro y las ha mandado hacia atrás. Y el momento en que por fin se abrirán para revelar su interior se acerca.


La nave del cónsul donde se inicia la historia

Hyperion se encuentra entre dos peligrosos frentes y, por tanto, intenta una evacuación no tanto por el próximo ataque de los éxters, sino porque la gente tiene terror del Alcaudón, una criatura imposible de detener y que mata a diestro y siniestro incluso a las tropas de élite de la Hegemonía. Una criatura que, en teoría, viene de las Tumbas del Tiempo. No es el mejor destino, como podemos imaginar. Además, la FEM Meina Gladstone, la dirigente de la Hegemonía, advierte al cónsul, el principal narrador, de que hay un espía éxter en el grupo…

Así que, ¿por qué están ahí estos peregrinos? ¿Qué es lo que buscan, aparte de una muerte segura?

En esto se centra la primera parte de los Cantos, en explicarnos las historias de sus personajes a lo Cuentos de Canterbury. Los peregrinos echan a suertes los turnos, pensando que, ya que sólo puede sobrevivir uno al que en teoría el Alcaudón concederá un deseo, es mejor que sus historias no se pierdan sin más. También el viaje es largo y tienen que rellenar el tiempo de alguna forma para no sucumbir al nerviosismo.


Un diseño de la Nave Arbórea de los Templarios donde viajan en un principio los peregrinos

Algunas historias están narradas en primera persona de viva voz; otras son lecturas de diarios; otras ni siquiera pertenecen como tal al peregrino en concreto, sino que se remontan bastante atrás en el tiempo. Así, en orden, encontramos:

La narración del sacerdote, el hombre que gritó Dios. ¿A alguien le gustan las novelas antiguas en formato de diario y que terminen siendo un cuento de terror? Pues bien, porque vamos a encontrar la historia de Paul Duré narrada a través de sus diarios, que trae a la peregrinación el joven Hoyt Lenar. El hombre viaja a Hyperion, expulsado por los Jesuitas de su planeta de origen [L: ¿Estás segura de que no era él quien expulsaba a los jesuitas? No sería el primero], en busca de la tribu de los bikura, sobre los que nadie más ha escrito. En un ambiente muy ecuatorial, el padre Duré atraviesa un bosque de árboles tesla, que provocan tormentas eléctricas, hasta encontrar a esta curiosa tribu. Son setenta miembros, descendientes de una nave que se estrelló por el lugar, y siempre son el mismo número. No hay niños, no hay ancianos, son pálidos, calvos y aparentemente estúpidos. Pero asesinan cuando alguien invade su terreno. Al padre lo perdonan porque ven su cruz y dan por sentado que es un protegido de su dios, el Cruciforme. Duré, que intentó crear pruebas falsas de la existencia de Cristo en otros planetas antes incluso de que se fundara el cristianismo, en un intento de revivir el catolicismo ahogado entre miles de religiones, de pronto encuentra que, quizás, ha encontrado lo que llevaba tanto buscando. O puede que no. [G: Jé-sus]

La narración del soldado, amantes de guerra. Si eres un soldado de élite, que se entrena en las mejores realidades virtuales, y que un día acabará convirtiéndose prácticamente en un genocida, nadie espera de ti que seas humano. Pero esta historia no va tanto de muerte y destrucción —que un poco— como de los encuentros de Fedmahn Kassad con Moneta, una femme fatale que parece capaz de meterse en todas las realidades virtuales donde está Kassad. Son precisamente eso, amantes, pero no mucho más porque apenas sí intercambian palabras, así que imaginad a lo que se dedican [L: A plantar flores :D]. Moneta y Kassad se encuentran en varias ocasiones pero, en cierto momento, Kassad acaba aterrizando en Hyperion. Y Moneta está allí, como persona, aguardándole, y parece conocer al Señor del Dolor. Al Alcaudón.

La narración del poeta, los Cantos de Hyperion. La Tierra fue destruida hace más de 300 años por un agujero negro que se abrió en su núcleo [R: EL CERN, SEGURO QUE FUE EL CERN] [G: NO ME METAS MIEDO, JODER] y ya no queda nadie vivo de esa época. En teoría. Martin Silenus era un niño rico que aprendió mucho de la literatura clásica y que acabó en un planeta perdido de la mano de dios trabajando prácticamente como esclavo cuando su madre lo envió fuera de la Tierra antes de que esta se desmoronara. Pero Martin tenía la suerte de su lado. Se casó. Se hizo rico. Escribió best sellers de la Tierra Moribunda, novelas vacías y repletas de clichés que lo convierten en millonario y le permiten tener una casa dividida por varios mundos gracias a Teleyectores que le llevan de un extremo a otro de la Hegemonía en un parpadeo. Pero Martin quiere algo más. Quiere hacer una obra que trascienda. Por eso viaja a Hyperion, donde el Rey Billy está formando una colonia de artistas. Y, cuando comienzan los asesinatos, Silenus encuentra a su Musa.


Un diseño del Alcaudón

La narración del profesor, el río Leteo sabe amargo. El profesor Sol Weintraub tiene una vida corriente, casado, con una hija llamada Rachel, muy inteligente que, un día, decide partir a investigar las Tumbas del Tiempo. En principio, todo va bien. Rachel les informa de que se ha enamorado, que las Tumbas no muestran cambios. Pero, un día, Rachel se encuentra con el Alcaudón. Y, a partir de ese momento, todo empieza a cambiar. Sol es un judío creyente pero a partir de entonces su fe empieza a vacilar. Su hija ha contraído el Mal de Merlín. Eso significa que, como las Tumbas, Rachel comienza a vivir hacia atrás. Cada día que se despierta, tiene un día menos de existencia y experiencia. Y no parece que nadie sepa por qué ha ocurrido algo así o cómo se puede solucionar.

La narración de la detective, el largo adiós. Brawne Lamia es una detective que se encarga de casos típicos y aburridos. Pero un día, un cíbrido —un cuerpo humano con inteligencia artificial creado para reconstruir la personalidad de alguien que vivió hace mucho tiempo— del poeta John Keats afirma que han intentado asesinarle y le ofrece todo el dinero que desee con tal de ayudarle a descubrir quién le ha atacado y por qué. La investigación no es fácil y parece que hay más de un bando interesado; no solo el TecnoNúcleo, es decir, el mundo independizado de las IA que colaboran con los humanos por pragmatismo, sino la Iglesia del Alcaudón. Pero John es un cíbrido sin más, que no tiene acceso a las partes más importantes del TecnoNúcleo y nunca ha entrado en contacto con esta Iglesia, así que llegan a la conclusión de que hay que tomar medidas muy radicales si quieren averiguar qué está sucediendo. Así averiguan que quizás estén metiéndose en un enfrentamiento entre IAs, unas a favor de los humanos y otras… no.

La narración del cónsul, recordando a Siri. El cónsul, protagonista de la historia, no tiene interés por contar su vida sino la de un «marino» llamado Merin que trabajaba fabricando un Teleyector en el mundo de Alianza-Maui, lleno de islas vivas que navegan por los mares y muchos delfines, los últimos supervivientes de la Tierra. Asistimos a su relación con la nativa Siri, a su amor y a los problemas que hay entre la gente del planeta, reticente ante la creciente presencia de la Hegemonía que, en cuanto acabe el Teleyector, en unas cuantas décadas, empezará a colonizarlo todo a cambio de permitirles entrar a la Red de Mundos. Pero no es un romance corriente: cada viaje que hace con la nave significan unos pocos meses para Merin, pero muchos años para Siri, así que, en cada encuentro, ella está más mayor, el hijo que tienen juntos ha crecido, y tienen más y más problemas para enfrentarse el uno al otro.

Parece que no, pero todo está relacionado con Hyperion. El problema es que hay que llegar hasta el final.

¿Y qué hay de la séptima historia?

Ah, esa es un spoiler gordo, muy gordo, así que me lo reservo para su respectiva sección.

Cabe destacar que, entre cada historia, hay un poco de descanso para que veamos cómo avanzan los personajes y se nos sitúe en el contexto de Hyperion al borde de la guerra.

A algunos les dará pereza tener que leerse tantas historias personales con cambios de estilo pero es que Hyperion no es para gente que quiera libros sencillos. Los que no hayan leído a menudo ciencia-ficción se encontrarán con una catarata de términos que bien podrían ser chinos y que nunca se explican y un mundo que tampoco te cuenta, hasta bien entrado el libro, cómo ha surgido o por qué funciona así. Los amantes de la literatura inglesa, por otra parte, encontrarán cientos de referencias en las páginas de Hyperion y quizás disfruten la lectura solo por eso. 

Hyperion no es un libro YA, es para adultos y no te va a coger de la mano. Tienes que esforzarte tú. Y si te gusta el misterio, la variedad, la tecnología, la religión, la construcción de mundos, la sangre, la muerte y la injusticia… ¡Este es tu libro!

Claro que habrá partes que posiblemente no gusten —alta sexualización de personajes femeninos, un final que no termina de aclarar muchas cosas porque, al fin y al cabo, está cortado en seco— y puede que cueste simpatizar con algunos personajes. También las respuestas tardan en llegar, acabas con más preguntas que respuestas y a temer que, si te está gustando el formato, lo que venga después no te vaya a terminar de convencer. 

Sin embargo, Hyperion es un libro recomendable, ya no solo por ser un clásico, sino porque tiene historias realmente sobresalientes y una imaginación muy admirable —no voy a decir desbordante porque eso es muy superficial y, al no ser experta en ciencia ficción, no sé hasta qué punto don Simmons no se habrá inspirado en obras anteriores—, además de que se esfuerza por crear situaciones muy diferentes y también personajes variados a los que uno pueda aferrarse.





Resumir la primera parte de Los cantos es un poco estúpido porque son seis historias entrelazadas —yo quería la del templario maldita sea— que van provocando más preguntas que otra cosa. Aun así, separaré lo que pasa en el «presente» y luego pasaremos a las historias personales de los personajes.

Si resumimos, en Hyperion prácticamente no pasa nada. Los intervalos entre historia e historia están para que no nos olvidemos de que, después de este libro, empezarán ¡aleluya! las respuestas. Aun así, no te importa demasiado porque tú lo que quieres es leer las historias con la esperanza de que te ayuden a entender mejor qué hacen aquí los personajes, por qué están haciendo lo que hacen.

Así pues, básicamente empezamos con el cónsul, cuyo nombre no se nos revela, en un planeta dentro de su nave escuchando a Wagner. La FEM Meina Gladstone le pide que acuda a Hyperion como peregrino junto a otras seis personas, entre las cuales se esconde un espía de los éxter, aunque no saben quién es. La FEM quiere que el cónsul descubra «los secretos de las Tumbas del Tiempo y del Alcaudón». Y, como todo buen Viaje del Héroe, el protagonista se resiste… Dos páginas [L: Mucho ha durado]. Luego aparece en la Nave Arbórea de un templario, una especie de organización religiosa que nada tiene que ver con el Santo Sepulcro [R: y me preguntaréis que, entonces, por qué se llaman así y yo os diré que no soy el autor y que no me preguntéis] [L: ¿Por qué se llaman así?] y se van presentando los siete peregrinos.

Cuando el padre Sol Weintraub sugiere que cada uno cuente su historia, al principio todos se resisten, pero como no tienen nada mejor que hacer y también consideran que podría ser útil para descubrir al éxter, se reparten a suerte unos papeles para contar su historia.

Y comienzan a hacerlo.

Entre tanto, llegan a Hyperion, que se ha convertido en un caos andante no tanto por la inminente invasión éxter, sino por el terror al Alcaudón, que ha asesinado alrededor de 20.000 personas, 8.000 de las cuales serían miembros de lo que viene a ser el ejército. El nuevo gobernador del planeta, antiguo compañero del cónsul, intenta convencer a este de que dirigirse hacia las Tumbas es un suicidio y le suplica que se quede a su lado. El cónsul fue un embajador con los éxter y además tiene buena mano para controlar situaciones límites, así que habría servido de mucha ayuda. Pero el cónsul se niega y continúan con su camino acompañados por una serie de androides —prohibidos en la Hegemonía y fácilmente distinguibles por su tonalidad azul— hasta una especie de barca que debe llevarlos hacia las Tumbas. Por el camino ven que los Templos del Alcaudón han sido destruidos y reducidos, por lo que es mejor que nadie se entere de lo que están haciendo.


Un diseño de la barca y el mar de hierba. Y el Alcaudón chupa-cámaras

En fin, en la barca solar que los lleva sobre un campo de hierba tan dura y afilada que los destrozaría. Por el camino, el templario Het Masteen desaparece dejando solo sangre tras él y un Erg, criatura energética con gran capacidad de manipular campos de fuerzas: los personajes suponen que pretendía usarlo contra el Alcaudón.

Más tarde, mientras los éxter vuelan la Nave Arbórea en el cielo —los personajes no dejan de preguntarse por qué los templarios la arriesgaron tanto, ya que quedan muy pocas y son carísimas e irreemplazables— y destruyen muchas más naves, ven que Het Masteen corre hacia las Tumbas.

Deciden pasar la noche en el viejo palacio de la abandonada ciudad de los Poetas, con muchas efigies dedicadas al Alcaudón, y al día siguiente, después de enterarse de que el cónsul es el espía, parten hacia las Tumbas a enfrentarse a su destino.

Como veis, no sucede mucho y todo esto podría haber ocurrido en menos de cincuenta páginas —probablemente sea así, ya que la historia que os cuento está muy diseminada entre las narraciones de los personajes—, pero como eso en sí no es lo que importa sino que no es más que un prólogo para la historia de verdad, tampoco es que sea una mala forma de plasmar la acción.

De modo que pasemos a los personajes, que son lo importante en Hyperion.

A pesar del amplio elenco, la verdad es que no son especialmente destacables. En Hyperion, por mucho que intenten señalarnos lo contrario, los personajes no importan tanto como la acción que se está desarrollando detrás por grandes personajes desde hace miles de años… Y puede que muchos más en el futuro, ya que las Tumbas del Tiempo señalan que algo viene desde el futuro. A pesar de que en el siguiente libro podría señalarse que no importa lo pequeño que seas, tus acciones son importantes pues, al fin y al cabo, los peregrinos son los Elegidos, la idea no se plasma bien en este libro, de acuerdo a mi forma de verlo.

Probablemente tampoco en el siguiente pero eso ya lo trataremos donde corresponde.

En definitiva, hay pocos personajes bien desarrollados: básicamente diría que son Sol y Duré. Te pueden gustar o no, pero es que en los demás las escenas seleccionadas son muy parcas y la narración, aunque a menudo te deja opinar por ti mismo, lo cual es un acierto, no se arriesga demasiado y prefiere contar rápidamente la historia a mostrar los cambios internos de los personajes. Esto se ve sobre todo en historias como las de Brawne, que transcurren en pocos días, o en la de Silenus y Kassad; en el primero porque él te cuenta lo que quiere y ya con su personalidad presente y, en la segunda, porque él prácticamente no es un personaje sino un pedazo de hielo… Excepto en la zona de las ingles.


El cónsul

Nuestro protagonista sin nombre, lo cual dice mucho de él [R: en realidad tiene nombre, Donel, pero no se menciona hasta el último capítulo y he tenido que ir a buscarlo en internet], que ha renunciado a cualquier personalidad propia con tal de cumplir con un papel superior: el de cumplir con la voluntad de su abuela Siri y destruir la Hegemonía. Ni siquiera cuando llega el momento nos cuenta su propia historia de forma extensa porque quien importa no era él, sino la pérdida que tan relacionada está con su familia: perdió a su esposa y su hijo como reflejo de su abuelo Merin, que también perdió a su esposa Siri. Por otra parte, Siri perdió su planeta entero.

El cónsul es una figura contradictoria pero con la que es difícil no simpatizar a pesar de que esté provocando un genocidio a nivel de una galaxia. Escenas como el cuidado con el que levanta a Lenar Hoyt —incluso después de torturarlo por no darle su calmante para el dolor con tal de que cante la verdad— y lo atrae contra su pecho recordando lo que era llevar a un hijo en brazos o cómo asume que lo que hace no es correcto lo vuelven un personaje gris, contradictorio y ligeramente atractivo. Pero precisamente su ausencia de personalidad y su intento de convertirse en un hombre hueco y que se mueve solo por sus propósitos lo debilitan como personaje y hace que los demás cobren mucha más importancia.

También es una lástima que no se explote más la idea de que fue él quien hizo que las Tumbas del Tiempo comenzaran a despertarse —al menos, de forma más activa— tras traicionar a los éxters con los que se suponía que había estado colaborando. Por supuesto sería hacernos spoilers pero, al ser su historia la última, probablemente mucha gente no se habría dado cuenta hasta que nos lo hubieran dicho de forma clara.

Como su narración se llama «la historia de Siri» me gustaría señalar que no es la historia de Siri, sino la de su abuelo y cómo se «enamoró» de Siri, a la que solo podía ver cada muchos años mientras él seguía siendo joven y ella envejecía. Desde luego es una tragedia, pero la historia es tan aleatoria, está contada de una forma tan extraña alternando entradas del presente con las del pasado y habla tan poco de la revolución de Siri contra la colonización de la Hegemonía y de cómo se identificaba Merin con esta que me parece la más débil e innecesaria de todas las historias. La narración habla más de la sexualización de las mujeres y de cómo hay que forzarse para amar a una mujer que va envejeciendo frente a tus ojos que de la pérdida de un mundo natural, de la homogeneización y la «globalización» de la cultura, del paso del tiempo y el egoísmo del abuelo al exigir —para sus adentros— que ella siga siéndole fiel a pesar de que no viven juntos nunca o del dolor de las muertes que vinieron después, durante la guerra [L: Qué desperdicio]. Una narración que habría sido preciosa se pierde en gran medida porque se centra exageradamente en lo personal en vez de intentar ser innovador o permitir que Siri sea algo más que «la mujer» del abuelo. Nunca se la ve realmente siendo una líder ni defendiendo sus ideales.

Personalmente no me parece una historia apropiada ni buena para Hyperion, y el hecho de que la historia del cónsul venga después y resumida rápidamente, hace que se pierda la tragedia y el dolor de su situación.


Lenar Hoyt/Duré

Sin duda el personaje que menos desarrollo e importancia tiene del grupo de peregrinos. Él es simplemente el cuerpo del personaje que importa, el padre Duré, cuyo diario es el que lee en su lugar.

Aun así hablaré de los dos.

Duré, sin duda, es un personaje interesante no por lo que hace —que, la verdad, es bastante pasivo— sino por lo que representa: el autosacrificio y el saber dejar ir lo que ya está con un pie en la tumba. Duré dedicó la mayor parte de su vida a intentar que la iglesia católica —¡ni después de que se haya destruido la Tierra nos libramos de ella!— volviera a renacer y a tener importancia entre las cientos de religiones que ahora pueblan la Hegemonía. Se ganó el exilio y la excomunión cuando fingió encontrar restos del cristianismo anteriores al nacimiento de Cristo para suscitar el interés y la renovación de la Fe.

Y la Fe es muy importante en Hyperion.

Duré termina en Hyperion, con la intención de investigar al pueblo de los bikura, descendientes de los tripulantes de una antigua nave. Descubre que son siempre un mismo número, que no hay niños ni ancianos y que parecen adorar a un tal Cruciforme. A todos aquellos que se acercan los matan excepto al padre Duré, pues confunden el crucifijo con su dios. El padre Duré, por supuesto, desea investigar a qué se refieren y termina siguiendo a los bikura en sus peregrinajes diarios al fondo de una garganta muy empinada, donde hay un templo con una especie de cruz gigante. Asumiendo que es el símbolo de que sí, que Dios existe y es Cristo, Duré acepta convertirse en parte del Cruciforme, que resulta ser nada menos que una especie de parásito que controla el Alcaudón. Al imponérselo en el pecho, se funde con el padre Duré, que ya no es capaz de volver a quitárselo.

Un diseño del cruciforme
El cruciforme da la inmortalidad a los bikura, a menos que haya una destrucción casi total del cuerpo, en cuyo caso se mete el cruciforme en el cuerpo de otra persona. Con el tiempo, al parecer, conseguiría mutar y crear un segundo cuerpo. También, con cada «despertar», roba algo de inteligencia y, con el tiempo, reduce al cuerpo a no tener ninguna clase de órgano sexual —ya que no se reproduce— ni pelo, ni verdadera capacidad de memoria. Simplemente es una criatura fuerte que sobrevive.

A Duré le horroriza descubrir esto y trata de escapar de los bikura, pero descubre que el cruciforme no le permite alejarse demasiado de la zona sin infligirle tal dolor que cae casi literalmente fulminado. Es entonces cuando asume por completo que lo que está a punto de morir debe morir, que la inmortalidad no merece la pena si es siendo falso o improductivo —como los bikura—, motivo por el cual se clava en unos árboles que cada cierto tiempo explotan en tormentas de rayos, con la esperanza de destruir el Cruciforme —crucificándose a sí mismo como señal religiosa, claro—.

Es decir, hace un sacrificio intentando aceptar lo natural: la muerte.

Pero, años después, Lenar Hoyt llega en busca de Duré —pues había sido él quien le acompañó en primera instancia hasta Hyperion— y el cruciforme, que ha sobrevivido a tantísimas tormentas eléctricas, se mete en su cuerpo. Los bikura, además, le capturan, aunque nunca se llega a contar excepto por boca de Lenar de forma entrecortada, y le ponen otro cruciforme. El pobre hombre, que no tiene más papel que ser un portador en la historia, acaba peregrinando a Hyperion cuando el indescriptible dolor de vivir a años luz del planeta termina superando todos los calmantes y medicamentos. Ni siquiera puede morir para escapar, pues ahora carga con Duré y consigo mismo.

Así pues, Lenar merecería más protagonismo y desarrollo porque lleva dos buenas cruces encima [R: ¿lo pilláis? ¿eh, EH?] [L: Fuera de esta mazmorra] [G: PFFFT XD] y se convierte en una figura muy vacía al lado de los demás peregrinos cuando podría haber tenido más fuerza.

Claro que todo se explica en el siguiente libro: Lenar no importa. El que sí lo hace es el padre Duré.


Brawne Lamia

Brawne es un personaje bastante seco y poco emocional excepto cuando le toca enfadarse con Martin Silenus o cuando le cuentan la historia de la hija de Sol. Su narración es la más parca de todas, profesional y directa al grano, con detalles innecesarios para remarcar la atención que presta al ambiente, y, en definitiva, un estilo muy detectivesco. Ciertamente sobran las partes en las que se remarca que es una mujer y que, por tanto, es lógico que tenga algunas reacciones —ahí se ve más al autor que al personaje— y me pareció muy triste que toda su historia girara alrededor de un hombre y su papel fuera el de ser la Virgen (no tan Virgen) que se queda embarazada de la réplica de John Keats, al que don Simmons venera. De verdad, casi podía sentir su babeo por el personaje histórico. 

Este es de los pocos diseños decentes de Brawne
 que he encontrado. La gente no parece entender que Brawne
es baja y muy ancha, además de fuerte,
ya que viene de un planeta con mucha gravedad.
Su historia no nos aclara demasiado, solo mete más intrigas al incluir a la Iglesia del Alcaudón deseosa de que John se acerque al mismo y que luego admira a Brawne como la Novia del Alcaudón —cosa que no entiendo y no entenderé—. Al final, Brawne no tiene una verdadera implicación en la historia: todo lo hace por John, la historia es de John, de sus recuerdos falsos, de cómo es perseguido por las IAs por un motivo que desconoce, de cómo debe ayudarle a sobrevivir y cómo muere en sus brazos para luego descubrir que está encinta y decidir que quiere resolver el misterio final.

Como personaje no es malo, pero tampoco destacable. Diría que sus mejores momentos son cuando se enfada con Martin porque por fin la vemos sacar su cara más verdadera o las escenas de acción al ser una mujer poco al uso en la literatura: viene de un planeta donde hay mucha gravedad y, por tanto, es baja y bastante ancha, lo suficiente fuerte para cargar sin problemas con un peso muerto como en el que se convierte John cuando está a punto de morir.

Con todo, su papel sigue siendo el clásico de la mujer: es el recipiente. Es la Madre, sin mucho más. Por supuesto es capaz de actuar por sí misma y moverse por su cuenta, pero la única conversación que tiene con otra mujer, nada menos que la FEM Gladstone, gira alrededor de su padre asesinado y luego de John. Su presencia como persona no termina de importar; al igual que Hoyt, no es ella la que tiene relevancia, sino lo que contiene y, por tanto, como personaje, no tiene demasiado desarrollo.

Al fin y al cabo, nunca ha sido su historia, sino la de John y las IAs.


Fedmahn Kassad

Es el guerrero aunque, en realidad, debería decirse que es el personaje consumido por la lujuria ya que su historia no se centra demasiado en sus habilidades como soldado —que son monstruosas y se lo considera un genocida—, datos que se visitan más por encima, bien porque así impactan más, bien por no alargar su relato. No, la gran mayoría de las escenas son de cómo encuentra a una misteriosa mujer llamada Moneta en la vida real o en entrenamientos dentro de realidades virtuales y… tienen sexo. Por cierto, Moneta no recibe nombre hasta prácticamente el final de la historia.

¡Tengamos sexo!

Kassad no cambia, a pesar de que seguimos su historia desde que es muy joven, ni evoluciona. Hasta me atrevería a decir que no tiene personalidad de lo frío y seco que es. La narración nunca lo muestra en momentos íntimos o tranquilos, solo teniendo sexo con una desconocida con la que apenas sí habla, ya que ella no responde a sus preguntas, y a la que afirma amar con pasión a lo largo de los años. Luego tenemos una incursión éxter contra la nave donde viaja y de la que resulta ser el único superviviente. Con los éxters no tiene conversación, excepto si nos referimos a intercambiar balas, por supuesto.

Básicamente su historia es encontrarse con Moneta en campos de batalla virtuales, tener sexo, despedirse, y luego encontrarse alguna vez en la vida real mientras Kassad va subiendo en el escalafón militar y termina por eliminar de forma brutal una rebelión. Sus superiores deciden criogenizarle mientras hace un largo viaje de un lado a otro de la galaxia para que el tiempo pase y la opinión pública se olvide de él. Es entonces cuando se acerca a Hyperion y la nave es atacada por los éxters. Tenemos por fin el primer acercamiento a los mismos, pero solo los vemos con trajes y de lejos, ya que Kassad consigue escapar y aterriza en Hyperion.

¡Ese culo, ese culo, eh, eh!
Adivinad qué pasa. ¡Sí, se encuentra con Moneta —donde ella por fin le dice ese apodo, ya que no es su verdadero nombre— y tienen sexo! Además, parece que Moneta sirve al Alcaudón, ya que se enfrentan a los éxters moviéndose rápidamente a través del tiempo. Kassad participa de la matanza, va a acostarse con Moneta y, en medio del acto, esta es sustituida por algún extraño motivo por el Alcaudón. Kassad se aparta a tiempo de evitar una dolorosa castración por una vagina dentata —y deja un hermoso reguero de semen a su paso—. Tras eso, jura venganza contra Moneta y el Alcaudón.

Pedazo de historia, ¿verdad? En realidad Kassad es un personaje cuya proyección es importante para el futuro, no en el pasado y, aunque su historia gira alrededor de una mujer, que solo la veamos como una femme fatale me saca un poco de quicio de forma personal y me parece bastante insultante porque se señala y mucho que Moneta es un personaje importante, mucho más que Kassad. 

Sin duda me parece, junto a la del cónsul, una de las historias más desperdiciadas y poco interesantes.


Sol Weintraub

Sol es un gran personaje porque es muy humano; su papel es el de dudar de Dios y de sus creencias, de rebelarse contra la mierda de la sociedad que no es capaz de ayudarle con la enfermedad de su hija Rachel y, al final, sufrir. Sufrir mucho porque no tiene poder.

Lo que le falta al relato de Brawne o a los otros que nos venden un romance muy superficial, lo tiene este. Es una historia dolorosamente íntima y que, aunque gira alrededor de Rachel, tiene como verdadero protagonista a su padre. Nos podemos identificar con ambos sin problemas porque lo que se nos muestran son situaciones. No deja de sorprenderme el contraste con los otros cuentos donde pasamos por encima de ciertas escenas que se nos resumen en un par de líneas mientras que aquí se nos plasman. Quizás por eso considero que Sol y Duré son los mejores personajes. Aparte de meditar respectivamente sobre sus situaciones, nos muestran lo que viven. Por eso resulta desgarrador.

Sol es definitivamente un buen hombre, un hombre cansado pero con una voluntad de acero. Duele verlo venirse abajo con cada desgracia mientras lucha por ser buen padre: no solo cuida de su hija una vez, sino dos. Cuando Rachel acude a las Tumbas del Tiempo y es atacada por el Alcaudón, contrae el mal de Merlín y empieza a retroceder hacia atrás en el tiempo. Pierde la memoria poco a poco y su cuerpo, saltándose las leyes de la física, retrocede hasta que la conocemos como un bebé con solo un par de días. Duele ver cómo ella intenta al principio recabar todos sus recuerdos, mantener la relación con su pareja y, al final, no poder más. Imaginad lo que es descubrir cada día que no, no tienes un examen mañana, que llevas retrocediendo meses o años hacia atrás, que tienes pareja (figuraos despertaros de pronto con un desconocido) y tus padres cada vez están más viejos, tu casa no está igual, ¡ni siquiera tu ropa o tu pelo! Duele y deja sin aliento. Sobre todo porque somos acompañantes de Sol en su búsqueda desesperada de un remedio, en la lenta aceptación de su situación y en cómo acepta no volver a decirle nada a Rachel y fingir que los días son normales y mentirle sobre su situación actual.

Incluso después de perder a su esposa —un personaje al que me hubiera gustado ver más. Si tuviera que ponerle una pega a la historia es que parece que la madre apenas sí exista fuera de un par de escenas— y cada día tiene que decirle a su hija que su madre ha salido de vacaciones y volverá pronto.

Sol no deja de meditar sobre el sacrificio de Isaac, sobre cómo Dios exige sacrificios. Tiene sueños recurrentes sobre ello, sueña que Dios le pide que entregue a su hija al Alcaudón. Y se niega a hacerlo. Pero, al final, cuando la niña ya no es ni capaz de hablar, decide ir a Hyperion porque es su única solución si no quiere ver qué podría sucederle a Rachel cuando retroceda hasta el punto de que ha «nacido». ¿Se ahogará? ¿Desaparecerá? Es una pregunta que el lector se hace y no quiere responder.

Sol, aparte, no deja de admirarnos porque siempre interviene para hacer la paz, es quien se interesa por los demás peregrinos. Es también un portador, ya que él como tal no tiene verdadera relación con Hyperion, la que lo tiene es Rachel, pero su dicotomía, su miedo a sacrificar a su hija o no hacer lo suficiente por ella es su historia. Por ello es un personaje al que encajo sin problemas en esta misión.

Lleva toda una vida luchando por su hija y nada va a detenerlo, ni una invasión éxter, ni su avanzada edad. Solo, quizá, Dios. [G: Mimimimimimi ;___;]


Martin Silenus

Sin duda, la parte de Martin Silenus interesa porque transcurre en Hyperion. O eso se supone; buena parte de su historia es una defensa de la poesía, una crítica a las editoriales, a la superficialidad de lo que buscan los lectores —básicamente me hace gracia que Silenus solo considera como algo serio y superior a la poesía. Al resto de la literatura que le den— y a seguir sus absurdas aventuras, primero como joven en la Tierra que está desapareciendo por un agujero negro abierto en su núcleo. Por causa de las deudas, su madre lo manda lejos de la Tierra en una nave de ganado donde Martin se pasa un siglo en un sueño criogenizado antes de despertar con el cerebro algo fastidiado. Acaba de peón, casi esclavo, en un planeta, donde recuerda poco a poco las lecciones clásicas de cuando era joven y escribe su primera versión de los Cantos de Hyperion. Tras un accidente conoce a su futura y rica esposa, que le saca de la miseria y permite que conozca a la editora más famosa de toda la Hegemonía. A partir de ahí todo es pompa, protocolo y lecciones sobre que hay que escribir cosas comerciales para triunfar. Al final, tras un divorcio, Silenus lo tira todo por la ventana y se va con el Triste Rey Billy, que pretende crear una colonia de artistas de toda clase en Hyperion.

Allí vive durante años sin ser capaz de producir nada original. Nada hasta que llega el Alcaudón y empieza a cobrarse víctimas. El rey Billy sospecha de él y, cuando apenas sí quedan supervivientes, le hace frente y trata de destruir los Cantos pero el Alcaudón llega en el último momento y se lleva consigo al rey a su Árbol, donde cuelga a todas sus víctimas para que sufran durante toda la eternidad.

Incluso si la historia de Silenus es interesante, tarda muchísimo en aparecer el tema de Hyperion y la mayor parte son reflexiones aleatorias sobre el arte. Forman parte del personaje y a algunos se les puede hacer difícil de tragar mientras que a otros les encante. Don Simmons se ha esforzado para que Silenus sea un hombre pintoresco, borracho, muy muy viejo, con más de tres siglos a la espalda a pesar de que, como tal, no ha vivido tanto, y egoísta. Vuelve a Hyperion para que su Musa, es decir, el Alcaudón, le inspire para terminar su obra. Es un personaje completamente egocéntrico, que se cree superior al resto de la gente por ser un poeta. Desde luego hay cinismo en su historia y a menudo se burla de sí mismo pero, más allá, le veo poco interés. Me resultó divertido y asqueroso al mismo tiempo, pero no imprescindible ni realmente interesante porque no aporta demasiado, solo más misterios y tiene poco interés por resolverlos ya que le importa bien poco lo que ocurra con la Hegemonía, los éxters o los peregrinos. Él tiene la esperanza de ser el superviviente de los siete, convencido como está de que en el fondo es especial, y en cuanto las cosas se tornan en contra del grupo al estar en tormentas de arena no deja de insistir en marcharse del planeta y en salvar su trasero. También es el más desalmado de todos los personajes… No, bueno, puede que Kassad lo sea más. También Silenus saca una suerte de nacionalismo extraño a la hora de querer matar al cónsul cuando averigua que es el traidor a pesar de que nunca se ha interesado por la humanidad que no me termina de encajar. Hay una suerte de desarrollar un complejo de inferioridad por lo abandonado que lo tenía su madre y de cómo consolaba su vacío amoroso con materialismo pero… No me parece muy trabajado.

Por lo demás, simplemente, está.

Es difícil hablar del mundo de Hyperion ya que no hay uno, sino muchos y ninguno se explora en profundidad. Solo se nos dan datos superficiales de ciertas zonas concretas por donde pasan los personajes. Don Simmons presenta con esto una crítica al colonialismo y a la extensión de la malvada cultura occidental/primer mundista —hay cierto interés por meter a gente de otros mundos, que parecen divididos en viejas cultura de la Tierra, como japoneses y tal, pero es evidente que Tau Ceti es una representación de Estados Unidos y poco más— como se ve en la historia de Siri, pues los colonos destruyen toda la cultura nativa allá donde van a cambio de adelantos técnicos y contacto con el resto de la Hegemonía, pero en sí ningún planeta tiene un desarrollo profundo.

Por tanto, en vez de hablar de los mundos, me voy a referir al contexto en general: está muy bien logrado, trabajado y organizado. Lo malo es que, a menos que se sea fan de la ciencia ficción, el vocabulario específico desconcertará y echará atrás a muchos. Pero, a la vez, ayuda a volver más firmes los conceptos del megamundo que está presentando don Simmons.

Un diseño de un Teleyector y del Río Tetis
No puedo hablar en términos generales ya que no sé hasta qué punto don Simmons habrá bebido de otros libros anteriores, pero diría que se trata de un libro con mucho esfuerzo, que se nota una sociedad que se ha expandido hasta límites insospechados pero que, a la vez, trabaja dentro de la mentalidad de nuestra gente de los siglos XX-XXI al incorporar los Teleyectores que permiten trasladarse de un lado a otro sin sentir la distancia. Es decir, don Simmons, con este recurso, puede saltarse cuando quiere las distancias entre planetas y desarrollarlas en otros puntos más lejanos para no hacer un cacao mental de fechas. Visualmente es un libro muy bonito al tratar mucho los colores intensos para que el lector pueda visualizarlos y al jugar con cosas como el río Tetis, un río que recorre muchos mundos pasando por Teleyectores, o con la idea de que las casas estén distribuidas por varios planetas gracias a la misma tecnología.

El calendario y las diferentes edades de los personajes se llevan bien y son interesantes a la hora de hablar de los dramas del paso del tiempo y de cómo una hija puede pasar hasta ocho años sin ver a sus padres entre viaje y viaje si no existen Teleyectores pero regresar a casa siendo prácticamente tan joven como cuando se fue. La pena es que no se explote más en el caso de Silenus, que es quien ha vivido más que todos los personajes.

Con todo, siento que la sociedad no es tan original como la gente piensa. Hay judíos, católicos y ateos pero no se representa a las otras religiones, solo se nos da a entender que son mezclas curiosas y superficiales. Hay mujeres en el poder, pero no se habla de la homosexualidad, la bisexualidad o ninguna otra clase de liberación sexual. Se sigue sexualizando a las mujeres, hasta el punto de que los libros de Martin Silenus, Tierra Moribunda, se venden con imágenes holográficas de una mujer con la ropa medio desgarrada que mira al comprador con cara de apuros. ¿Es que esos libros no se venden para mujeres? ¿O hay una bisexualidad impuesta? En cualquier caso, ¿por qué la dama en apuros? Apenas sí se rompen tópicos y clichés que no encontremos hoy en día. Puede haber cierta crítica a la inmovilidad de la sociedad pero me cuesta creerlo y lo veo como algo más perezoso y acomodaticio, falto de innovación, que no puedo evitar mirar con cierta irritación. La mayoría de los personajes activos son hombres, las mujeres son pedacitos de carne quitando a Meina Gladstone y a Brawne Lamia, y las críticas a las mujeres siempre super arregladas están por ahí y… ¿Vaya, es que de verdad todos los hombres siguen sometidos al mismo patriarcado de hoy en día? ¿No hay señores sexys, no hay nada que rompa los estereotipos del siglo XX y XXI?




No hace falta llegar al histrionismo de Ruby Rod, pero la película de El quinto elemento, aun con sus clichés machistas, hizo más en su vestuario por romper los estereotipos de género que un libro tan dedicado a la crítica social como este cuando son más o menos de la misma época.

Cada relato tiene un estilo diferente y hay que reconocer que supone un gran esfuerzo por el autor y que, en general, consigue con éxito hacer narraciones únicas aunque no considero que esté a la altura de El atlas de las nubes. El estilo detectivesco de Lamia, el más misterioso y de investigación/tensión de Duré, la autobiografía de Silenus, todo está bien pensado y llevado. Los dos que fallan, para mi gusto, son el del cónsul y las inconexas grabaciones de Merin que, de viva voz, describe cómo se agacha sobre la tumba de su esposa (wtf?). Tampoco me agradó la de Kassad ya que no pega demasiado una novela porno en este tipo de novela y resulta tremendamente superficial para la relación tan pasional que se supone que está plasmando.

Con todo, creo que es un trabajo interesante y una buena forma de alternar y agilizar la lectura. Que las historias no se terminen como tal ayuda a despertar el interés, a ver qué nos contará el siguiente peregrino, si habrá más detalles del Alcaudón, a preguntarse por qué han llegado a Hyperion.


Otro diseño de la Nave Arbórea

El estilo del presente es bastante más plano y aséptico, sin llegar a ser tedioso pero se nota mucho que tampoco quiere contar nada todavía así que las interrupciones resultan más molestas que otra cosa.

Por otra parte están las faltas de la editorial Nova que me han hecho llorar sangre, pero evidentemente es cosa de la editorial y no del autor.

El mayor problema sería el vocabulario. Es todo muy grandilocuente, muy impresionante, hasta que te das cuenta de que, en el fondo, cuando te describe las explosiones de plasma no te está plasmando nada. Tienes que hacerlo tú con tus ideas sobre Star Wars o las películas de ciencia ficción porque no hay una descripción como tal de lo que está ocurriendo mientras los éxters luchan en el espacio o cuando hay una pelea de disparos. Son términos. Muchos términos. Te hacen soñar grande pero, cuando me di cuenta de que me estaban haciendo trabajar a mí, me mosqueé un poco. Por eso, quitando algunas mezclas de colores, diría que las imágenes visuales del autor dejan que desear. Otra cosa es que sea listo y sepa hacer que el lector imagine y vuele por sí mismo. Lo acepto con el Alcaudón, porque tiene que ser una pesadilla particular de cada uno. Pero no con lo demás.

Hyperion es un clásico, un buen libro, con sus fallos, bastante abundantes cuando uno los mira con ojo crítico, pero creo que es una gran lectura, refrescante y desafiante.

LO MEJOR… El Alcaudón, el misterio alrededor de Hyperion, la variedad de narrativas y de personajes.

LO PEOR... El sexismo soterrado, la extensión, ciertas partes de relleno, la exageración de términos de ciencia-ficción.

Otras reseñas:

Boy with letters


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