Recordatorio

No somos profesionales, simplemente nos gusta leer y tenemos tiempo libre, así que a veces cometemos errores.

martes, 15 de diciembre de 2015

La chica mecánica, Paolo Bacigalupi

Título: La chica mecánica
Autor: Paolo Bacigalupi
Sinopsis: Anderson Lake es el hombre de confianza de AgriGen en Tailandia, un reino cerrado a los extranjeros para proteger sus preciadas reservas ecológicas. Su empleo como director de una fábrica es en realidad una tapadera. Anderson peina los puestos callejeros de Bangkok en busca del botín más preciado para sus amos: los alimentos que la humanidad creía extinguidos. 

Entonces encuentra a Emiko, una «chica mecánica», el último eslabón de la ingeniería genética. Acusados por unos de carecer de alma, por otros de ser demonios encarnados, los neoseres son esclavos, soldados o, en el caso de Emiko, juguetes sexuales para satisfacer a los ricos en un futuro inquietantemente cercano, donde las personas nuevamente han de recordar qué las hace humanas.

Editorial: Debolssilo.
Número de Páginas: 535

Cuando me encontré con este libro durante una de mis constantes búsquedas bibliotecarias [R: antes de que me convirtiera en la chacha de las dos criaturitas mágicas que comparten conmigo esta mazmorra] lo miré varias veces sin saber si darle una oportunidad o no. Post-apocalíptico, con una chica-fetiche, un extranjero codicioso e infiltrado… No me sonaba a nada que no hubiera leído ya, con la excepción de que la acción transcurría en el reino de Tailandia. ¡No Estados Unidos o Japón o Europa! ¡Tailandia! La tentación era tan grande como el temor a la decepción: podía ser una buena oportunidad de explorar un mundo nuevo o de encontrarme con estereotipos racistas.

En definitiva, que al final me lo llevé y…



El principio me causó tanta mala impresión como el deseo de aceptar el desafío del autor de tragarme sus 500 páginas sin que me diera una introducción típica y donde la que tenía que trabajar era una servidora. Personalmente no me gusta el uso del «presente» en la narrativa y fue algo que amenazó con echarme para atrás. Aun así, si le das una oportunidad y continúas con la lectura, resulta que don Bacigalupi escribe de una forma muy fluida [R: también puede ser cosa de la traducción, que da gusto] y acabas olvidando el uso del presente.

El problema es la forma de inmersión [G: Sí, yo lo intenté leer y no pasé del desastre con el mega-elefante raro]. Con esto me refiero a que el libro empieza dándote un bofetón en la cara, exigiendo que entiendas un contexto completamente desconocido sin que se te haya explicado nada. Encuentras muchísimos términos tailandeses [R: por lo que he leído, están mal escogidos, pero a los que no sabemos de tailandés nos da un poco de igual. También es posible que el idioma esté deformado a propósito, ya que nos encontramos en un futuro lejano], chinos y japoneses, con el típico vocabulario inventado de las novelas de ciencia-ficción que se niegan a explicarte cómo funcionan las cosas porque para los personajes es algo normal. Así que te toca a ti no sólo hacer el esfuerzo de entender de qué diantres te están hablando, sino cómo funciona este mundo tan ajeno a la lectura habitual.

¿Es un problema? Sí. Diría que dificulta mucho la lectura, que impide visualizar bien las cosas [R: aunque ese es en general un impedimento que experimento yo de forma constante con la ciencia ficción] [L: ¡En la fantasía pasa también a veces!] y obliga a releer partes para entender de qué diantres me están hablando. ¡Por Medea! Es horrible. Como andar dándote golpes contra la pared.

Aun así, a medida que vas leyendo, don Bacigalupi te mete poco a poco en su mundo, te acostumbras a los términos, vas haciéndote una idea de la religión, la política y la sociedad de Tailandia y simpatizas [R: eso es sorprendente: ¡simpatizas con esta panda de capullos y desgraciados!] con los cinco personajes principales que se te presentan a lo largo del libro. Lo considero un verdadero logro, teniendo en cuenta que La chica mecánica no tiene personajes agradables. Todos son muy grises, algunos tiran más que nada hacia el negro, y viven en un mundo violento y cruel que los transforma a ellos mismos en seres con los que resulta difícil identificarse… A pesar de lo cual, comprendes sus acciones. Están todos tan desesperados, tan cansados o, simplemente, vienen de un ambiente o una cultura que les enseña a actuar de tal o cual forma, y don Bacigalupi presenta tan bien su secuencia de pensamiento, ¡que comprendes por qué hacen lo que hacen!

Se puede respirar la decadencia, el horror de Tailandia. Sientes el mundo graso y contaminado en el que se mueven los personajes. También vives de forma constante la tensión, ya que me atrevería a decir que no hay un verdadero momento de reposo para los personajes, a pesar de que haya partes en las que no estén haciendo nada. Los que queráis probar este libro no busquéis un romance bonito o algo, en definitiva, sano o agradable, porque no lo hay. Es como leer Canción de Hielo y Fuego, ya que el autor parece decidido a torturar a sus personajes y no ofrecerles ni un rayito diminuto y chiquitín de luz.

¿Eso es bueno? Yo creo que no. El lector necesita un descanso, poder leer algunas páginas y ver algo agradable que le acerque a los personajes. ¿Desvirtúa la historia? Tampoco. Bueno, matizo: al menos, no del todo. Os vais a encontrar con una distopía de verdad, con violaciones sexualizadas [R: tema que trataré más adelante, en la sección de spoilers] y reiteradas a Emiko, desarrollo de los personajes hacia ámbitos oscuros y crueldad, crueldad, CRUELDAD. ¿Gratuita? A excepción de las violaciones a Emiko, no, porque el libro te presenta una sociedad al borde del cataclismo, con grupos radicales violentos y trata también una revolución.

En fin, a los que queráis darle una oportunidad, si no buscáis lo que ofrecen las distopías actuales juveniles, con romances, personajes muy pro y salvar al mundo, y preferís una moralidad gris, un mundo injusto de verdad y cosas poco agradables pero bien desarrolladas, este es vuestro libro. Se lee muy bien, de verdad, es interesante, tiene un lore bien montado, hay mil detalles por descubrir y se nota mimo por los personajes. Del final no os digo nada, pero puede que a algunos les satisfaga y a otro no.

A mí me gustó y mucho.

Es una buena lectura, menos típica, desafiante y compleja, con sus errores, pero que sabe recompensar, que tiene claras las cosas y que se merece haber sido un Best Seller y mucho más que otros libros que nos llegan con esa etiquetita y son del montón.

A continuación…



Bien, hagamos un examen más profundo de los personajes en orden de aparición para no liarnos:

Anderson Lake

No tengo muy claro el papel de este personaje. Es un capullo integral, el típico hombre de negocios occidental que desprecia el resto de culturas y que sólo se mueve por dinero. Empleado de AgriGen, una de las multinacionales más importantes del mundo, busca encontrar bancos de semillas no dañados por las distintas plagas que acosan el mundo para poder comerciar con ellas. Tardamos un poco en enterarnos —en realidad, creo que, como tal, no se menciona hasta la mitad del libro— de que Tailandia tiene un banco de semillas muy antiguo y que les permite sobrevivir cuando las diferentes variedades de cultivos ceden a una nueva forma de las plagas. 

Lo que sucede es que no tienen la tecnología ni la ciencia de los farang para desarrollarlas. Bien, Anderson se nos presenta a la caza de un nuevo tipo de fruta llamado ngaw, que tiene un sabor muy intenso y que recuerda al parecer a los tiempos de la Primera Expansión. Antes de que los occidentales [R: occidentales malos. MALOS] mandaran todo a la mierda jugando a ser dioses y desatando las pandemias que destruyeron a casi todos los reinos de la tierra. Quiere saber quién ha creado los ngaw y a partir de ahí comienza su historia.

La impresión que nos llevamos de él es ambivalente. Es un cabrón que mira a sus trabajadores explotados por encima del hombro, lo cual ya es de por sí terrible, pero más cuando te enteras de que la fábrica en la que trabaja no es más que una tapadera y no le importaría despedirlos a todos y que se murieran de hambre. Es decir, ni siquiera tiene interés porque las cosas salgan bien. Sólo quiere una excusa para que le permitan permanecer en el país. Parece un hombre irritable, arrogante y sin la más mínima moralidad por la forma que acosa a su empleado, el chino tarjeta amarilla Hock Seng.

Luego, sin embargo, vemos que se enfrenta a un megadonte, que debe ser varias veces más grande que un elefante normal y corriente. Y no se queja. Es una especie de Indiana Jones menos destructivo, más cruel y que, aun así, reconocemos como personaje relativamente interesante.

Para poner la base, no está mal. A lo largo de la historia, Anderson se dedica a conspirar aquí y allá, a repartir una mezcla de lisonjas y amenazas para conseguir un golpe de estado e introducir a su compañía en Tailandia. Está claro que lo que le pase al país le importa bien poco, así que como ser un humano ya nos puede empezar a parecer despreciable… Hasta que conoce a Emiko. No deja de resultar irónico que su faceta más amable aparezca con una criatura a la que no parece ni considerar humana. Es más, al final dice:

«Pero Emiko estaba allí con una compresa húmeda y Anderson se sentía agradecido, desesperadamente agradecido por cualquier clase de atención, por su calidad humana… y se reía sin fuerzas ante la ironía» (p. 515).

Sí, es muy irónico que un neoser te dedique esa atención que tú no le has proporcionado a nadie, ¿verdad, Anderson-sama? Uy, si es que los muggles

Como todos los personajes en La chica mecánica, Anderson tiene más de «malo» que de bueno, pero precisamente esos asomos de amabilidad son los que nos permiten acercarnos a él como personaje. Eso y su derroche de valor, casi de forma temeraria. No dejo de preguntarme qué es lo que le lleva a arriesgar su cuello una y otra vez por su empresa.

Apenas sabemos nada de su pasado. Parece que estuvo directamente implicado en la destrucción, por un error, del reino de Finlandia [R: allá debió perder el miedo. O aprender a controlarlo] y que no le da miedo estar en lugares peligrosos por todas las heridas que recorren su cuerpo. Aparte de eso, no se nos proporciona más información y eso, personalmente, me molesta. Sabemos el pasado de Hock Seng, de Emiko, de Kanya, de Jaidee… ¡Pero nada del personaje que nos abre la historia!

Algunos amables lectores me dirán que tampoco es necesario conocer el contexto de los personajes y les daría la razón si no fuera porque discrepo en general y en particular con los protagonistas. Estamos siguiendo a un hombre que habría invadido un reino —y en cierta medida permite que empiece la invasión— sin problemas. ¡Quiero saber por qué piensa así! Todos los demás personajes se comprenden por su pasado, menos Anderson. Si no fuera un narrador, como es el caso de Carlyle, pues, de acuerdo. No me cuente nada de él, don Bacigalupi [R: un día aprenderé a escribir su nombre], pero tampoco le haga narrador, porque… ¡Por Medea, porque no!

Anderson es un personaje complicado. Por una parte es occidental y nos permite ver las «rarezas» y el «exotismo» de Tailandia e identificarnos con él; por otra, es un personaje tan poco moral que quizás lo que más me gustó de sus capítulos fue que me presentara Tailandia. No sabía qué hacer con él en sí.

Y más cuando se relaciona con Emiko. ¿Por qué ella sí le inspira ternura? ¿Es algo simplemente sexual? Don Bacigalupi quiere jugar con que no, con que ahí hay un asomo de sentimientos, de lealtad. Al fin y al cabo, en más de una ocasión se ofrece a proteger a Emiko cuando eso podría haberle costado la cabeza. Entonces ¿qué es lo que pasa aquí? ¿Se ha enamorado? No lo tengo realmente claro, ya que está más que dispuesto a dejar que la violen una y otra vez e incluso la «vende» al regente de Tailandia, conocido por sus tendencias sádicas. Mucho amor no veo, no sé qué pensaréis vosotros, amables lectores.

Tampoco sé porqué ella le llama la atención y no las mil chicas guapas y desesperadas, sin dejar de ser orgullosas, que ha podido cruzarse por Tailandia no le inspiran compasión. Quizás porque ambos son en cierta manera farang. Quizás porque sus vidas penden de un hilo.

No lo sé y tampoco termino de comprenderlo. Lo suyo es una relación nacida de la necesidad de calor y del deseo, lo primero por parte de Emiko y lo segundo por parte de Anderson. Dudo que hubiera verdadero amor allí.

A pesar de que está bien no aclarar las cosas, que simplemente pasen, la línea argumental de Anderson, sin llegar a ser insatisfactoria, me deja con un mal sabor de boca. Da la impresión de que podría no haber existido y nada habría cambiado. Quizás incluso la evolución de Emiko se habría adelantado.

En fin, no sé bien qué deciros de Anderson. Me parece un buen personaje, lo suficiente para que se me encoja el corazón con su final por mucho que sepa que se lo merece, aunque está bastante desaprovechado. Pero al menos ha conseguido que me preocupe por él, que me ponga de su lado muchas veces, y que desee haber sabido más de él.

Hock Seng

Sin duda, diría que es el personaje más desgraciado de la historia. Comienza como un viejo antipático, dispuesto a robar a Anderson, a ocultar las muertes de trabajadores, a falsificar cuentas y a poner en peligro la vida de la pequeña Mai y tantos otros para su propio beneficio. Seguramente a más de uno le cueste simpatizar con él…

Al principio. Hasta que empiezas a comprender lo que significa ser un tarjeta amarilla en Tailandia. No sólo son acosados por los tailandeses, sino que es casi un milagro que Hock Seng tenga un trabajo. Su mentalidad está muy bien conseguida. Es un superviviente, hombre bastante mayor que no se rinde, que sigue aspirando a tener una vida digna y al que la vida le ha enseñado que tiene que recurrir a todos los trucos posibles para lograrlo. Es una maravillosa mezcla de egoísmo, amabilidad y de prejuicios racistas muy comprensibles. Timará y jugará con el dinero de los demás para mantener la fábrica que le da de comer —y que guarda unos preciosos planos que quiere birlar—, pero también es un buen negociante, sabe cuándo debe dar dinero para conseguir lealtades, por temporales que sean, y se preocupa por los otros chinos, asegurándose de que estos consigan trabajo antes que los tailandeses.

Por otra parte es un racista impresionante con Anderson y con los tailandeses que, a su vez, lo son con él, de modo que se nos presenta un círculo vicioso que conocemos del día a día y que resulta muy interesante porque por fin lo vemos desde el «otro lado».

El hecho, además, de que sea un inmigrante, un hombre que una vez fue rico y próspero y que vio cómo una revolución acababa con toda su familia de la forma más brutal posible, y la forma fugaz de mencionarlo, sin necesidad de describir detalles [R: algo que podría haberse aplicado para el caso de Emiko, ya que estamos] porque con decir «sus hijas fueron violadas hasta la inconsciencia» o que «empalaron las cabezas de sus hijos» es más que suficiente. Te deja asomarte un poquito a su horror, pero tampoco se pasa.

Después de eso es difícil, si no simpatizar, no comprender a Hock Seng. No ver todo con sus ojos, con su resentimiento, no admirar su fuerza de voluntad y el que todavía no se haya rendido.

También, poquito a poco, vamos viendo asomar, irónicamente en las peores situaciones posibles, trazos de humanidad. Es ahí cuando vemos su verdadera cara, cuando no tiene tiempo para razonar, para pensar. Es un placer verlo dividirse entre la acción más inteligente, la egoísta, y la estúpida humanitaria y tender más de una vez hacia esta última, como cuando decide llevarse a Mai. Que sea porque se siente solo o porque es una buena persona, lo dejo a gusto de los lectores. Para mí, Hock Seng es una buena persona a la que han hecho pasar un infierno [L: Estos son los mejores]. No sé si decir que tiene buena o mala suerte: sobrevivió a una revolución que debería haber acabado con él; en innumerables ocasiones sus planes han fallado, pero al final ha sido para mejor porque de todas formas Tailandia cae y si hubiera estado todavía más implicado con los chinos o los farang, habría sido fatal para él.

Hock Seng es, además, un personaje paranoico y no es para menos. No es que se imagine el peligro, es que vive en una ciudad que desprecia a la gente como él, y con los camisas blancas sueltos por la calle, lo raro es que se burlen de él por vivir con miedo. Porque precisamente, Hock Seng no es un cobarde, sino una persona que carga todos y cada uno de los días de su vida con un miedo a que vuelvan a arrebatarle todo. Y don Bacigalupi, con todo su amor, se lo quita al final del libro. Es desolador seguir sus esfuerzos a lo largo de tantas páginas y, de pronto, en un capítulo, todo se viene abajo.

Y, aun así, Hock Seng no se rinde. No se viene abajo. Es un superviviente.

Desde luego, me parece un personaje redondo, con todas sus contradicciones, con sus partes buenas y malas. Uno que te abre los ojos.

Para mi gusto, el mejor de todo el libro.

Emiko

Ay, Emiko, Emiko. El neoser que da nombre a esta novela y que aparece, de 50 capítulos, en aproximadamente unos 13 —muchos de ellos cortos, de menos de diez páginas— y en al menos 2 de ellos sin ser la narradora.

No voy a decir que no me esperaba que sus capítulos fueran desagradables. El resumen decía, no, más bien insistía en que se trataba de un juguete sexual. Sabía, hasta cierto punto, a lo que me enfrentaba cuando abrí este libro.

Decidí confiar en don Bacigalupi. Y, ay, cómo me equivoqué.


Dejad que me explique: no tengo nada en contra de la denuncia de la prostitución, ni tampoco contra los personajes abusados. Sí lo tengo, y mucho, contra el abuso constante y sonante de los autores hacia los personajes femeninos, que con tanto gustan de describir detalle a detalle los abusos sexuales con fascinación morbosa. Tengo mucho en contra de querer representar algo como «malo» pero revivir los detalles una y otra vez. Sobar los senos, tocar los pliegues de los recovecos de la chica, abrirla por la fuerza de piernas, sentir cómo su cuerpo la traiciona y llega al orgasmo…

De verdad, ya sé cómo es la violación. Ya sé lo que es el abuso. Los medios me lo venden, se revuelcan en ello, una y otra vez.

Y aquí, como lectora ajena a la sociedad humana y que contempla su literatura con ojos superiores, me pregunto: ¿podría alguien hacer algo distinto? ¿Que por una vez el morbo se dirija contra un personaje masculino y así el escritor —generalmente masculino, aunque no faltan féminas enamoradas de la violación— y el lector experimente, de verdad, lo repugnante que resulta la idea de que te fuercen y disfruten con ello?

¿No?

Me lo imaginaba.

Me fascina que, de una sociedad que acepta a los Ladyboys, a las lesbianas y demás sexualidades, don Bacigalupi haya decidido escoger un personaje en absoluto manido como la prostituta forzada para describir su terrible día a día, plagado de humillaciones, frustración e impotencia, como excusa para que se rebele al final [R: si queréis leer sobre venganzas, leed Los hombres que no amaban a las mujeres. Porque la venganza sí es explícita. No como aquí, donde don Bacigalupi parece considerar que el gore es demasiado para nuestras delicada alma] y… En fin. Tenía que ser una mujer, una chica japonesa preciosa para cumplir los fetiches de los hombres. ¿Que si veo el punto? Sí, claro. Pero es que ya lo he visto mil veces. [L: Touché. A mí me molesta sobre todo que se haya vuelto tan cliché] [G: A mí me dan ganas de vomitar diamantes] Es cierto que no se ha escrito nada nuevo desde hace siglos, pero por eso lo importante es cómo contarlo y para mí don Bacigalupi ha fallado estrepitosamente. Su posible denuncia social se pierde con las escenas que describe y el desarrollo de Emiko me parece muy cogido por los pelos.

Durante la mayoría de sus escasos capítulos se insiste en la pasividad de las chicas mecánicas —porque tienen ADN de perro— en su instrucción, en su incapacidad para librarse de la necesidad de obedecer. A Emiko le han hecho daño constantemente. Comprendo que toda persona tiene un límite, pero que se dé justo cuando puede eliminar al regente… Sí, es una dulce ironía y para llegar a eso no necesitaba que sus capítulos se resumieran a: violación, persecución, deseos de escapar, sumisión, violación…

Emiko es un concepto interesante. Un personaje muchísimo más fuerte físicamente que cualquiera y que, una vez prueba la sangre, sabe que puede salir adelante. Y, sin embargo, a pesar de dar nombre a la obra, no se explota. Su desarrollo es inevitable, de modo que no aplaudo su resolución. Don Bacigalupi te hace desearla, pero creo que hay formas mejores de obligarnos a querer que se rebele aparte de reducir a tu personaje a un conjunto de escenas de violación. O a un muñeco sexual. Que los demás la consideren como tal no debería llevar a que el libro la trate como si lo fuera. ¿A qué me refiero con esto? Básicamente a que a Emiko siempre se la ve con ojos de hombre. Incluso en sus capítulos las descripciones se centran en lo erótico de su cuerpo, en su piel perfecta, los senos redondeados y… ¡Que ya me enteré en su primera aparición, sapos y culebras!

En fin, no voy a decir que Emiko es un personaje florero, pero sí que es un personaje fetiche para el autor y los lectores. La única mujer con la que se relaciona es Kannika, su violadora personal —imagino que para dar más morbo a la cosa—, sádica y que la odia por ser una chica mecánica. Por lo demás, todas las personas con las que se relaciona son hombres. Todas sus conversaciones giran en torno a hombres. Y todos, menos Hock Seng, quieren llevársela a la cama. Por deseo, por asco o por curiosidad. O planean utilizarla.

Nunca se nos presenta una conversación con las chicas con las que trabaja, ni siquiera con Kannika. Hasta las personas que persiguen a Emiko son hombres. Si esto fuera hecho a propósito para torturar a las lectoras femeninas, bueno, ¿adelante? Pero no lo es. Simplemente, Emiko sirve para mostrar una faceta oscura de la historia y para hacer estallar la revolución. Tengo la sensación de que no necesitábamos sus capítulos para que cumpliera su papel y eso… es malo. ¿No creéis?

Mientras leía esta novela, no dejaba de preguntarme por qué se titulaba La chica mecánica, si Emiko como tal no importaba. No obtuve respuesta hasta las últimas cien páginas, cuando Emiko mata sin darse cuenta al regente y, gracias a ello, toda la tensión que se había acumulado, estalla.

Bien… Como título puede quedarse, pero es ridículo que Emiko se suponga la base de la historia y su papel se vea reducido a esto. Incluso Hock Seng tuvo más importancia a nivel global al condenar una fábrica entera de producción y permitir que se extendiera una nueva enfermedad por la ciudad. Si Emiko no hubiera existido como personaje narrador, el impacto habría sido el mismo.

¿Que por eso no necesitamos su presencia? En fin, no voy a decir eso. Toda historia merece ser contada, pero habría sido bonito que Emiko conociera a Hiroko, que se viera el contraste entre sus formas de pensar. Habría sido maravilloso que Emiko tuviera alguna amiga entre las otras prostitutas o que, al menos, se nos permitiera ver cómo se comporta con mujeres. No necesariamente tendría que haber sido feliz, pero sí se le habría permitido un desarrollo que fuera más allá de lo que ha sido.

Toda esta explosión de rabia no significa que no me guste el personaje. Al contrario, por la fuerza tiene que darme pena y cada capítulo sufro preguntándome por qué. Por qué me hacen leer esto. Por qué no puede pasarle nada bueno, por qué… Todo.

Si era la intención de don Bacigalupi, espero que se haya quedado satisfecho, pero su representación de las chicas mecánicas, de la esclavitud o de los sentimientos de una nueva raza es muy limitada, casi pobre, y no es un trabajo que esté a la altura del resto de las historias de La chica mecánica.

Jaidee y Kanya

A estos dos los voy a meter en un mismo saco porque, incluso después de la muerte de Jaidee, van de la mano.

Bien, Jaidee es un personaje odioso y fascinante a partes iguales. Un monstruo capaz de matar, torturar y extorsionar a la gente con la seguridad de que está haciendo lo correcto. Un héroe nacional que aprendió de joven lo que era la muerte y las medidas que había que escoger para sobrevivir. Alguien incorrupto que permite que su gente explote a los pobres una y otra vez, que anima a la violencia y que no duda en romper pactos con aquellos a los que no considera dignos. Un buen esposo, un padre amoroso y capaz de reconocer sus errores y de sacrificarse por su familia. Alguien que aceptó como compañera a una paria, a una traidora, y que cuida de ella y se preocupa por ella y su relación con una posible novia. 

En definitiva, un personaje lleno de contradicciones, de luz y oscuridad. No sabia si odiarle o quererle y esa dicotomía me fascinó, porque es alguien despreciable y con unas ideas que incluso una bruja como yo, a la que no le gusta meterse en los asuntos terrenales, desprecia.

Y, aun así, es un personaje muy humano. Jaidee es uno de esos hombres que surgen en las épocas de miseria y que reaccionan con brutalidad para sobrevivir y, precisamente por ello, se creen que tienen la razón. Me encanta que se mantiene fiel a sus ideales, que no hay nada con él que no te creas porque está muy bien construido. Asesina, tortura y amenaza impunemente pero hará lo que sea cuando le informan de que han secuestrado a su esposa Chaya… Incluso si no le han prometido devolvérsela. Ni siquiera sabe hasta el último momento si sigue viva, si ha cometido un error al escapar del monasterio al que le han confinado.

Jaidee es un elemento muy importante para la historia, ya que su existencia y su muerte son el detonante de la revolución final. Y es algo comprensible, por su carisma, por su cara pública y por ser el líder de una organización tan importante. Su presencia está justificada y es agradable leer a un personaje activo y con capacidad de decisión. [L: Sobre todo esto último]

Su muerte deja un sabor agridulce. Habrá lectores que lo odien y otros que lo respeten. En cualquier caso, justa o no, su muerte es relativamente digna. Un tigre luchando hasta el final. Que disfrutes de su muerte o no es algo que don Bacigalupi deja en tus manos.

Kanya, por su parte, es otro personaje de moral gris. Una mujer traidora [R: típico, lo siento] pero muy cercana a pesar de su hosquedad. Sus remordimientos, la dureza de su situación te lleva a situarte en la misma disyuntiva que ella. ¿A cuál de los dos males debería obedecer? ¿Quién tiene razón, quién no? Su opción final es una que se comprende, ya no sólo fruto de su experiencia o sus ideales, sino del miedo inmediato a que los farang tomen el control del país y terminen de destruirlos. También es agradable que no sea un personaje sexualizado, sino un personaje y ya. Dueño de sus actos, con dudas y temores pero también lo suficiente endurecida para actuar en el cruel mundo en el que vive. También su presencia está justificada, al liderar uno de los lados de la breve guerra civil y quien desata el final de la historia para bien… O para mal. Es un personaje razonable, muy bueno, aunque sin carisma.

Y precisamente ahí recae mi problema con ella. En el libro nos dicen varias veces que Kanya no tiene amigos, que su actitud solo despierta rechazo y recelo —algo lógico cuando imaginas que al unirse a los camisas blancas lo hizo por venganza. Dudo que quisiera hacerse amigo de ellos… Cosa que al final sucede— pero acaba siendo la siguiente Tigresa, la líder de los camisas blancas… Cuando nadie la tragaba. Lo siento, pero me cuesta creerlo.

Me hubiera gustado que se nos explicara también cómo pasó de odiar a apreciar a los camisas blancas, si fue algo que se limitó a su aprecio por Jaidee o a la comprensión de sus métodos.

A su vez, Kanya es otro personaje que sólo se relaciona con hombres. Con uno en concreto: Jaidee, el hombre al que admira y respeta, al que traiciona y cuyo phii o fantasma la persigue durante todos sus capítulos. Es más, es gracias a Jaidee que Kanya nos muestra su personalidad, no sé si porque don Bacigalupi temía aburrir a los lectores con monólogos internos o porque no podía librarse de Jaidee. También hay otro que la chantajea/manipula a las órdenes de Akkarat y está, por supuesto, el general Pracha. Bien, sabemos que Kanya tuvo una relación con Ratana pero no se especifica nada y la mujer sólo aparece en un capítulo. Algo similar se puede decir de Hiroko, un personaje que me habría encantado que se desarrollara y cuya presencia al final no tiene más relevancia que la de salvar la vida de Kanya. No la llevó a reflexionar de verdad, pues su existencia sólo le suscitó dudas ocasionales que desaparecen en la vorágine de la guerra.

Me sucede lo mismo que con Emiko: este mundo no es completamente masculino. Hubiera deseado que Kanya tuviera encuentros con otras mujeres, que desarrollara tramas con ellas y que su historia no girara en torno a los hombres.

Aun así, es un buen personaje, muy decente, que a pesar de todas sus contradicciones es muy fácil simpatizar con ella aunque no se respeten sus decisiones.

El mundo

En general, no tengo queja. Cada página te da nueva información sobre cómo es Tailandia. A aquellos lectores a los que les gusta que les lleven de la mano, seguramente no habrán disfrutado tanto como yo de la información salteada y que te cae encima como una bofetada. O que se tiene que intuir en medio de la narración. Don Bacigalupi, a lo largo de quinientas páginas, nos informa de hechos históricos, grupos sociales, enfermedades, comportamientos, religión… Sin explicarnos nada. Nunca se nos dice qué ocurrió exactamente en Finlandia, ni tampoco cómo fueron las Expansiones, ni en qué consiste en profundidad la religión grahamita o hasta dónde ha calado en la población. Todo lo debe imaginar el lector, uniendo las piezas del puzzles y aportando mucho de su deducción.

Es un método que me gusta bastante [L: A mí también. A quien no le interese ese trasfondo, no tiene por qué indagar más en el contexto; y para quien sí, la información está ahí], aunque he de reconocer que don Bacigalupi lo lleva al extremo. También es cierto que, tratándose de un libro autoconclusivo, no se necesita más. Quien quiera investigar a fondo la sociedad tailandesa no tiene más que releerse el libro, quizás con una hoja y un papel, para ir apuntando los datos y después reunirlos para que el cuadro quede clarito y completo.

Si algo aprecié de La chica mecánica, como digo, es la ambientación. A medida que leía tenía la impresión de sufrir el calor sofocante en el que viven los tailandeses, de ver sus pieles aceitosas y sudadas, sus ropas sucias, o de imaginarme las calles plagadas de bicicletas y de aglomeraciones de personas. Con un par de detalles era fácil visualizar las chabolas, los grandes edificios, los diques de contención. Cuesta un poco más si no tienes referencias visuales imaginar el palacio real u otros elementos característicos del arte tailandés —más teniendo en cuenta que se trata de un mundo futurista—, pero con buscar un par de imágenes es suficiente.

También he disfrutado como una niña al ver la diferencia de comportamiento de los tailandeses. Me hubiera gustado que Anderson no tuviera que guiarme tanto con su pensamiento racista, porque era suficiente con ver las actuaciones de los thais para entender que eran muy distintos a «nosotros» y, a la vez, no tanto. Todas las culturas tienden a la xenofobia en cierto grado, así como a la superstición o al fanatismo. Hay elementos que se reconocen sin problemas y que están tan bien descritos que no se puede poner queja.

Por ejemplo, el odio entre Akkarat y el general Pracha; tan diferentes en apariencia —uno parece una persona sin escrúpulos, capaz de cualquier cosa con tal de hacerse con el poder, y el otro un orgulloso general repleto de dignidad— y tan similares en sus terribles métodos y en su convencimiento de que la suya es la decisión correcta… Aunque tengan que arrasar una ciudad por el camino. La que debían proteger.

Así mismo, a pesar de que es difícil simpatizar con los camisas blancas y sus métodos hipócritas y agresivos, resulta todavía más complicado no comprender de dónde vienen. La mayoría de ellos son gente pobre, que ha buscado un trabajo que les asegura comida, un mínimo de respeto, y a los que se les sube el poder a la cabeza. También son gente que han sufrido los males de las pandemias en sus carnes o en las de su familia, así que lo raro sería que fueran amables con los extranjeros… o los infectados. Sus métodos son los que usaría cualquier sociedad llevada al extremo. Y el hecho de que no sean simplemente los malos, sino un ingrediente más, es un acierto muy, muy bueno.

En cuanto a la historia…

Si la miramos con perspectiva, no es nada del otro mundo. Varias personas sin relación que viven una revolución violenta y cruel, donde nadie es completamente bueno ni malo. [L: A mí ya solo con eso me parece interesante si está bien llevado]

Sin embargo, don Bacigalupi no da respuestas. Tampoco juzga a sus personajes. Son ellos los que hablan por sí mismos y la historia es la que es y no pretende nada excepto hacerte reflexionar. ¿Se pudo evitar lo que sucedió? ¿Podemos apoyar lo que hizo Kanya cuando la llegada de los farang podría haber salvado la vida de millones de personas a cambio de sumisión política? ¿Habrían destruido de verdad Tailandia? Casi seguramente sí pero, ¿y si…? Acabas preguntándote a dónde llegará Tailandia, si AgriGen buscaría la venganza, si realmente un día los neoseres se extenderán por Asia y reclamarán lo que debería pertenecerles. En cualquier caso, parece claro que los humanos buscan su autodestrucción y que la van a conseguir…

Y, a su vez, queda claro que hay elección.

El problema es cuál es la correcta.

Don Bacigalupi nos deja con la duda porque, como bien hemos visto con los personajes, cada uno tiene una respuesta propia y nunca puede estar seguro de haber actuado bien. Nuestras elecciones traen consecuencias y no podemos liberarnos de esa responsabilidad. Al final todo está en nuestras manos.

¡Y siendo como son los humanos muggle…!

Esta es la opinión que tengo sobre La chica mecánica. Como con La Puerta de Ptolomeo, me he extendido muchísimo y también me he quejado bastante, pero creo que es porque ha sido un libro que me ha apasionado. Que haya conseguido despertar mi interés es algo muy importante para mí. A pesar de los fallos, que los tiene, lo considero una lectura recomendable, muy buena y todo un reto. No siempre te recompensa por tus esfuerzos pero, vaya, me encantaría leer más cosas de don Bacigalupi con la esperanza de que sea capaz de evolucionar y subsanar sus «errores».

LO MEJOR... la ambientación, la narración, la moralidad gris, los problemas morales.

LO PEOR... la sexualización de Emiko, la complejidad de sumergirse en la historia, la falta de datos sobre algunos personajes.

Otros blogs que reseñaron La chica mecánica:


(Todas las imágenes pertenecen a sus repectivos dueños)

6 comentarios:

  1. Había visto mucho rondando el libro por Goodreads y no me llamaba nada de nada, pero después de leer vuestra reseña, creo que me lo quiero leer.

    Por cierto, el único sitio donde he visto una violación masculina (violado por otro hombre) ha sido en la serie "Outlander" (supongo que en los libros también saldrá). A lo mejor, si hubiese más de esas en las series y los libros, los tíos se tomarían el tema de otra manera.

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    1. A pesar de mis quejas es un libro muy bueno; lo disfruté en la primera lectura y también en la segunda y no me importaría volver a leerlo, aunque dentro de un tiempo porque es un poco denso. Si aguantas las primeras 50 páginas después ya te metes sin problemas en el mundo~

      En cuanto me has comentado lo de la violación masculina he ido a cotillear porque me ha sorprendido bastante. Es algo tan poco habitual que no he podido resistirme. He visto muchísima crítica por lo brutal de la violación (¿al parecer meten una tortura?) así que me imagino que es una representación... ¿buena? Si es que se puede decir esa palabra al lado de «violación». Claro que tengo curiosidad por si lo han sexualizado al pobre señor, aunque algo me dice que no. Pero sí, sería interesante que lo pusieran en más libros y más series. Y también las violaciones de mujeres a hombres, no sólo por mostrar otra realidad, sino para que remueva a los hombres y la violación deje de usarse como recurso morboso ugh.

      Como siempre muchas gracias por pasarte por la mazmorra~~

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  2. Hola!!! Os he nominado a Best Blog!Si queréis saber más pasaos por mi blog leyendoalaluzdelaluna.blogspot.com Me encanta vuestra forma de escribir!!!!

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    1. ¡Hola! Gracias por pasarte por nuestro blog y comentar seleccionandonos para el Best Blog, pero lo hemos hablado y creemos que ahora mismo no nos conviene participar. Aun así, agradecemos que nos hayas seleccionado y sentimos las molestias.

      Ojalá te veamos de nuevo por la mazmorra~

      Green.

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  3. Hola!! Te he nominado para Best Blog. Pásate por aquí para ver las preguntas http://entradaaotromundo.blogspot.com.es/2015/12/nominacion-best-blog.html Un saludo enorme!!

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    1. ¡Hola! Gracias por pasarte por nuestro blog y comentar seleccionandonos para el Best Blog, pero lo hemos hablado y creemos que ahora mismo no nos conviene participar. Aun así, agradecemos que nos hayas seleccionado y sentimos las molestias.

      Ojalá te veamos de nuevo por la mazmorra~

      Green.

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