Recordatorio

No somos profesionales, simplemente nos gusta leer y tenemos tiempo libre, así que a veces cometemos errores.

martes, 9 de agosto de 2016

Los dobles estándares en Harry Potter: el acoso. Heredero de los gemelos y los Merodeadores.


Los Merodeadores


«—Es igual que su padre…
—Físicamente quizá sí, pero de carácter se parece bastante más a su madre.» (Las reliquias de la muerte, p. 574)

Independientemente de las manipulaciones y la curiosa visión que tiene Dumbledore de la pureza de Harry, mientras releía la saga creo que he comprobado en las suficientes ocasiones que se parece a su padre por dos motivos muy claros:

Es la persona en quien quiere convertirse: jugador de quidditch, arrogante y capaz de romper las reglas, valiente y fiel a sus amigos. Es su modelo a seguir y, por eso, es normal que haga lo que imagina que haría su padre. Por eso su patronus es el de su padre y no el de su madre, porque es en él en quien piensa cuando busca protección o algo que le dé fuerzas. Casi nunca piensa en su madre. 
Porque no sabemos casi nada de Lily. Defendió a un amigo suyo en una ocasión frente a James Potter, que era buena bruja, que enseguida empezó a catalogar a su hermana como muggle —tampoco es de extrañar, se moriría por ser bruja de niña—, que empezó a sentir desdén por Severus por sus amistades, que no soporta insultos racistas —bien por ella— y que se casó con James Potter, tuvo a Harry y murió por él. 

Es decir, sólo sabemos cosas «buenas» de ella, idealizadas, y no su verdadera personalidad. Sería como aislar las partes buenas de Severus y defenderlo como un personaje sin tacha, para frustración de todos los que le odian o le ven como un personaje complicado y completo. Así que afirmar que Harry se parece a ella es absurdo ya que sólo la vemos a través de los ojos de hombres y en la única ocasión en la que ella habla —ella de verdad, no su Eco— es en una carta charlando sobre su hijo.

Aclarado esto, creo que es legítimo señalar que Harry es un evidente heredero físico y mental de los Merodeadores y los gemelos Weasley. Y eso es lo que vamos a tratar en el artículo de hoy. Cómo Harry y sus maestros son unos acosadores de cuidado:




«—¿Por qué pensó Snape que me lo habían dado los fabricantes?
—Porque… porque los fabricantes de estos mapas habrían querido sacarte del colegio. Habrían pensado que era muy divertido.» (El prisionero de Azkaban, p. 242)


 Esta conversación ocurre entre Harry y Lupin después de que el primero decida gastarle una broma pesada a Malfoy y sus amigos en Hogsmeade. Tanto Lupin como Snape le recriminan que todo el mundo se preocupe por él y aun así burle las medidas de seguridad para ir a pasárselo bien. Ahora pensemos que Dumbledore le envió en el primer curso la capa de invisibilidad y que ya no es un simple niño, que tiene trece años. Y además adquiere el Mapa del Merodeador. Vamos a ir viendo su evolución haciendo travesuras, mencionando algún ejemplo de libros anteriores. 

Comienza fugándose en dos ocasiones a Hogsmeade a pesar de que tiene prohibido salir del castillo y que sabe que Sirius Black lo está buscando. Durante la última excursión, además, se aprovecha de su capa de invisibilidad para asustar —una venganza, no cabe duda, por el intento de Malfoy y sus compañeros de asustarlo a él durante el partido de quidditch fingiendo ser dementores— a Malfoy y compañía lanzándoles bolas de barro. Esto se puede considerar inofensivo.

«Crabbe fue hacia delante dando traspiés, estirando como un zombi sus largos brazos. Harry lo esquivó, cogió un palo y se lo tiró a Crabbe. Le acertó en la espalda. Harry retrocedió riendo en silencio mientras Crabbe ejecutaba en el aire una especie de pirueta para ver quién lo había arrojado. Como Ron era la única persona a la que Crabbe podía ver, fue a él a quien se dirigió. Pero Harry estiró la pierna. Crabbe tropezó, trastabilló y su pie grande y plano pisó la capa de Harry […]» (El prisionero de Azkaban, p. 236)

Harry y sus amigos gustan de romper las reglas y que la narración suaviza estos hechos o incluso los premia, como en el caso de… bueno, todos los libros.

No es difícil hacer la comparación:

«—¡Aun así, era peligroso! ¡Andar por ahí, en la oscuridad, con un licántropo! ¿Qué habría ocurrido si les hubiera dado esquinazo a los otros y mordido a alguien?
—Ese es un pensamiento que aún me reconcome —respondió Lupin en tono de lamentación—. Estuve a punto de hacerlo muchas veces. Luego nos reíamos. Éramos jóvenes e irreflexivos. Nos dejábamos llevar por nuestras ocurrencias. A menudo me sentía culpable por haber traicionado la confianza de Dumbledore. Me había admitido en Hogwarts cuando ningún otro director lo habría hecho, y no se imaginaba que yo estuviera rompiendo las normas que había establecido para mi propia seguridad y la de los otros. Nunca supo que por mi culpa tres de mis compañeros se convirtieron ilegalmente en animagos.» (El prisionero de Azkaban, p. 296)

Pero bueno, solo eran jóvenes e irreflexivos. Y Gryffindor. 

Si seguimos con las comparaciones, vemos que Harry no solo es igual de irresponsable, sino que, como buen hijo de James y heredero de los Merodeadores y los gemelos Weasley, es un metomentodo de cuidado. Y ya desde pequeño.

«Pensando que tendría que aguardar a que Filch regresara, Harry se sentó en una silla apolillada que había junto a la mesa. Aparte del formulario a medio rellenar, sólo había otra cosa en la mesa: un sobre grande, rojo y brillante con unas palabras escritas con tinta plateada. Tras echar a la puerta una fugaz mirada para comprobar que Filch no volvía en aquel momento, Harry cogió el sobre y leyó: “EMBRUJORRÁPID”, Curso de magia por correspondencia para principiantes”. Intrigado, Harry abrió el sobre y sacó el fajo de pergaminos que contenía». (La cámara secreta, p. 114)

Los Merodeadores también eran unos metomentodo y eso se refleja en que crearon una especie de Gran Hermano (que os veo, hablo de la novela, no del programa) para todo el colegio. ¿Que fue un impresionante despliegue de magia avanzada? Desde luego, nadie lo pone en duda. Pero sigue siendo un Gran Hermano. ¿Se podría considerar Artes Oscuras? Al fin y al cabo, atentas contra la intimidad de otras personas de una forma brutal. Es como tenerlos a todos vigilados en una cárcel. Y Harry va a sacar buen provecho de ello, pero vayamos por orden. 

Hay otros dos personajes a los que se considera cotillas en exceso y a los que se castiga por su comportamiento: Draco Malfoy y Severus Snape. Como el caso del último me parece más grave, es el que voy a traer a colación. No me deja de resultar divertido que se culpe a Snape de meterse donde nadie le llama y se le responsabilice por casi haber muerto al acercarse a Lupin, cuando Harry dedica varios libros a hacer toda clase de actos ilegales. El ejemplo más evidente es que en segundo curso robó ingredientes muy caros al profesor Snape, dejó inconsciente a dos personas para suplantar sus identidades para así poder introducirse en la sala común de Slytherin. ¿Y por qué? Por un acto tan digno de mención como intentar encontrar a un supuesto asesino, ya que Harry y su grupo estaban convencidos de que Draco estaba intentando matar a los sangre sucia de Hogwarts. No era el caso. Y hubo mucha malicia por parte de ellos para creer que un chaval de 12 años es un asesino a sangre fría. Bien, ¿qué diferencia hay con sospechar que tu compañero, al que seguramente desprecias porque siempre hace como que no ve nada mientras sus amigos abusan de ti, es un hombre lobo? No solo eso, sino que anda suelto con sus amigos por ahí y podría, como bien dice Lupin, morder a cualquier persona. 

Y tenemos, con todo, este comentario de Sirius:

«—Le ha estado diciendo a Dumbledore durante todo el curso que no soy de fiar. Tiene motivos… Sirius le gastó una broma que casi lo mató, una broma en la que me vi envuelto.
—Le estuvo bien empleado. —Black se rió con una mueca—. Siempre husmeando, siempre queriendo saber lo que tramábamos… para ver si nos expulsaban. 
Severus estaba muy interesado por averiguar a dónde iba yo cada mes —explicó Lupin a los tres jóvenes—. Estábamos en el mismo curso, ¿sabéis? Y no nos caíamos bien. En especial, le tenía inquina a James. Creo que era envidia por lo bien que se le daba el quidditch.» (El prisionero de Azkaban, p. 296)

Dejando de lado lo divertido (no) que es que Lupin ignore el hecho del acoso al que se sometía a Snape, del cual era testigo silencioso, ¿no es curioso que esto se demonice cuando Harry se dedica a hacer exactamente lo mismo con Draco en el segundo y el sexto libro? 

Para finalizar esta parte diré: 

«—Black los había encantado. Me di cuenta enseguida. A juzgar por su comportamiento, debió de ser un hechizo para confundir. Me parece que creían que existía una posibilidad de que fuera inocente. No eran responsables de lo que hacían. Por otro lado, su intromisión pudo haber permitido que Black escapara… Obviamente, creyeron que podían atrapar a Black ellos solos. Han salido impunes en tantas ocasiones anteriores que me temo que se les ha subido a la cabeza… Y naturalmente, el director ha consentido siempre que Potter goce de una libertad excesiva.» (El prisionero de Azkaban, p. 321)

Recuerdo cómo me ardió la sangre al leer esto por primera vez y todavía me revuelve un poco el estómago, porque está muy bien puesto para que te den ganas de darle una bofetada a Snape. En especial porque piensas que es injusto y en gran medida lo es, porque sabemos que Sirius es inocente del cargo del que se le acusa. Sin embargo, quitando el inicio, creo que pocas veces han dicho tantas verdades sobre los dobles estándares en Harry Potter en una misma página. Lo que sucede es que está puesto para que el lector grite «¡pero…!». Sin embargo, resume muy bien la actitud de Harry, de sus amigos y, por supuesto, de los Merodeadores.


Los gemelos Weasley


Los gemelos Weasley, por su parte, son los representantes de la mentalidad de superioridad, alimentada por su inteligencia y a su fuerza bruta —si nos fijamos, siempre se enfrentan los dos juntos a gente más pequeña que ellos o a adultos débiles: Draco Malfoy, Dudley, que es un chico que no puede defenderse ante la magia, el pequeño Malcolm Baddock al que silban cuando es seleccionado para Slytherin, Quirrell, etc. Si lo hacen contra más, siempre atacan por la espalda— que es la actitud típica de abusadores. El propio Harry se ríe de sus bromas… porque sabe que George y Fred lo consideran «valiente» y no se pasarán de la raya ni le perderán el respeto siempre y cuando mantenga esa fachada :

«En cualquier caso, no le hacía gracia la idea de que toda la familia Weasley se enterara de que él, Harry, se había preocupado mucho a causa de un dolor que seguramente duraría muy poco. La señora Weasley alborotaría aún más que Hermione; y Fred y George, los gemelos de dieciséis años hermanos de Ron, podrían pensar que Harry estaba perdiendo el valor.» (El cáliz de fuego, p. 27)

En algunos aspectos, Harry es un buen heredero. Desde luego que, después de cómo lo ha tratado Dudley, no tiene motivo para apreciarlo, pero las bromas pesadas tienen un límite muy claro entre lo que es abuso y lo que no. Harry, que se ha pasado la vida escapando de Dudley y sus bromas, debería saberlo.

«—¿Se lo comió? —preguntó Fred ansioso mientras le tendía a Harry la mano para ayudarlo a levantarse. 
—Sí —respondió Harry poniéndose en pie—. ¿Qué era? 
—Caramelo longilinguo —explicó Fred, muy contento—. Lo hemos inventado George y yo, y nos hemos pasado el verano buscando a alguien en quien probarlos… 
Todos prorrumpieron en carcajadas en la pequeña cocina.  

[…]  

—No le di nada —respondió Fred, con otra sonrisa maligna—. Sólo lo dejé caer… Ha sido culpa suya: lo cogió y se lo comió. Yo no le dije que lo hiciera. 
—¡Lo dejaste caer a propósito! —vociferó el señor Weasley—. Sabías que se lo comería porque estaba a dieta…  

[…]  

—¡No tiene gracia! —gritó el señor Weasley—. ¡Ese tipo de comportamiento enturbia muy seriamente las relaciones entre magos y muggles! Me paso la mitad de la vida luchando contra los malos tratos a los muggles, y resulta que mis propios hijos… 
—¡No se lo dimos porque fuera muggle! —respondió Fred, indignado. 
—No. Se lo dimos porque es un asqueroso bravucón —explicó George—. ¿No es verdad, Harry? 
—Sí, lo es —contestó Harry seriamente.» (El cáliz de fuego, p. 53)

La excusa de «no es para tanto» y que ellos, siendo magos, supieran que no era algo tan grave no vale para una persona a la que con 11 años ya le han tenido que operar una cola de cerdo. Ahora prácticamente ha estado a punto de ahogarse cuando le creció la lengua sin que entendiera ni cómo ni por qué. Si recibes una descarga eléctrica en un interrogatorio, la otra persona sabe que no te va a hacer daño permanente, pero a ti te sigue resultando mucho más doloroso porque… no tienes ni idea de nada... Excepto que duele. Alguien como Harry debería saberlo y no adoptar la postura de Lupin de mirar a otro lado. Al menos Lupin no parecía disfrutarlo. Desde luego Harry tiene derecho a ser malicioso con Dudley, pero la narración y cómo se presenta todo enseña que esta clase de retribución es aceptable, ya que nunca vemos cómo Molly castiga a los gemelos.

Y sabemos que la experiencia es desagradable porque:

«Harry decidió no aceptar nunca de ellos ni una pipa de girasol. No se le olvidaba lo de Dudley y el caramelo longuilinguo.» (El cáliz de fuego, p. 356)

El trauma que la magia provoca en Dudley se refleja a lo largo de varios libros y no tenemos que ir muy lejos para comprobarlo y para encontrar una actitud familiar:

«—Qué nombre tan fardón —dijo Harry, sonriendo y situándose junto a su primo—. Aunque para mí siempre serás “Cachorrito”.
—¡He dicho que te calles! —gritó Dudley, que había cerrado aquellas manos suyas que parecían jamones.
—¿No saben tus amigos que así es como te llama tu madre?
—Cierra el pico.
—A ella nunca le dices que cierra el pico. ¿Qué me dices de “Peoncita” y “Muñequito precioso”? ¿Puedo usarlos?» (La orden del fénix, p. 21)

¿Os suena eso de burlarse jugando con los nombres? Lo hacen los Merodeadores, lo hace Snape, lo hace Malfoy.

Dudley es un matón horrible, nadie va a negarlo, pero acosar a la gente por nombres o por cómo te llaman es un comportamiento muy ligado a otro tipo de abusador. Aquí Harry está buscando pelea a propósito con Dudley, completamente consciente de que es capaz de ganarle, que está seguro y de que Dudley tiene terror a la magia. Siente que merece una lección pero se mete con él sobre todo por frustración: «sentía que estaba desviando toda su frustración hacia Dudley; era la única válvula de escape que tenía» (p. 22). Y podría perdonarse si Harry se quedara aquí. Pero, después, cuando Dudley se burla de las pesadillas donde Harry suplica que no se mate a Cedric, ocurre esto:

«—“'¡Ven a ayudarme, papá! Mamá, ven a ayudarme! ¡Ha matado a Cedric! ¡Ayúdame, papá! ¡Va a…!” ¡No me apuntes con esa cosa!
Dudley retrocedió hacia la pared del callejón. Harry apuntaba directamente con la varita hacia el corazón de su primo.» (La orden del fénix, p. 23)

Bien, ¿entiendo la reacción de Harry? Sí. ¿Dudley es un cabrón? Desde luego. ¿Comprendo que luego Harry no sienta ninguna clase de remordimiento por haber apuntado a otra persona con el equivalente en nuestro mundo a un puñal o una pistola? NO. Sustituid la varita por una pistola y veréis de qué estoy hablando y por qué Harry está traspasando un umbral muy peligroso. En especial porque no vuelve a plantearse que lo que ha hecho, aprovecharse de una persona que no puede defenderse de su magia —atacar a un muggle— está mal.

Volviendo a los gemelos, una cosa que me llama la atención es que Harry es consciente de que son crueles:

«Ron no le había pedido a Dumbledore que le diera una insignia de prefecto. Ron no era culpable de nada. ¿Iba a deprimirse Harry, el mejor amigo que Ron tenía en el mundo, porque él no tenía una insignia? ¿Iba a reírse con los gemelos a espaldas de Ron, iba a estropearle la fiesta a su amigo cuando, por primera vez, lo había superado él en algo?» (La orden del fénix, p. 178)

Pero nunca es algo que se resalte o castigue en la narración. En todo caso, se justifica a pesar de que, como ya he comentado, los gemelos Weasley tienden a atacar siempre a los que están en inferioridad de condiciones. En La orden del fénix, después de ganar el primer partido contra Slytherin —durante el cual se cantó la canción de A Weasley vamos a coronar—, Draco Malfoy comienza a insultar los Weasley señalando que apestan una y otra vez hasta que:

«—A lo mejor —añadió Malfoy lanzando a Harry una mirada de asco antes de darse la vuelta— es que todavía te acuerdas de cómo apestaba la casa de tu madre, Potter, y la pocilga de los Weasley te lo recuerda.
Harry no se enteró de que había soltado a George, pero un segundo más tarde ambos corrían a toda velocidad hacia Malfoy. Harry no se detuvo a pensar que los profesores lo estaban mirando: lo único que quería era hacerle a Draco todo el daño que pudiera; no le dio tiempo a sacar la varita mágica, así que echó hacia atrás el puño en el que tenía la snitch y se lo hundió a Malfoy con todas sus fuerzas en el estómago…
—¡Harry! ¡HARRY! ¡GEORGE! ¡NO!
Oía chillidos de chicas, los gritos de dolor de Malfoy, a George, que maldecía, un silbato y el bramido del público a su alrededor, pero nada de eso le importaba. Hasta que alguien que estaba cerca gritó: «¡Impedimenta!» y Harry cayó hacia atrás por la fuerza del hechizo, no abandonó su propósito de machacar a puñetazos a Malfoy. 
 
[…]  
—No he hecho nada porque no me habéis dejado —intervino él con una expresión muy desagradable en la cara— Si no me hubierais sujetado, habría hecho puré a ese cerdo.» (La orden del fénix, pp. 428/29-433)

No solo hablamos de nuevo de un dos contra uno —no estoy defendiendo a Malfoy, que siempre va acompañado por sus guardaespaldas, pero al menos sus enfrentamientos verbales con Harry son de tres contra tres… O uno contra dos, ya que son Hermione y Harry los que responden y Draco el único que habla— que habría podido ser un tres contra uno, sino de ganas de hacer verdadero daño más allá de los insultos. Draco probablemente —sin duda— se merece una paliza. Pero, como bien señala la profesora McGonagall después, podrían haber dejado que la señora Hooch se ocupara de ello. 

Tomarse la justicia por la propia mano, sin importar lo presionado que esté Harry o lo mucho que sospeche que Draco sabe que Sirius estuvo con él en el andén, es sintomático y peligroso.


Harry Potter

Veamos, por ejemplo, lo que le hacen a Marietta en el quinto libro:

«—¿No tenemos ningún contraembrujo para esto? —le preguntó Fudge a la profesora Umbridge, impaciente, señalando el rostro de Marietta—. ¿Para que podamos hablar con libertad?
—Todavía no lo he encontrado —admitió de mala gana la profesora Umbridge, y Harry se sintió orgulloso del dominio que Hermione tenía de los embrujos.» (La orden del fénix, p. 631)

¿Es muy diferente a cuando Malfoy o los demás se burlaban de que Ron vomitara babosas o se rieran de los dientes de Hermione? Pero Harry, al igual que Malfoy y sus amigos, está orgulloso de un logro rastrero. Hasta el punto de que acusa a Cho por estar del lado de su amiga… Cuando él, aunque sus amigos hagan cosas equivocadas, los apoya sin importar las circunstancias:

«—¿Una persona encantadora que cometió un error? Pero ¡si nos ha traicionado a todos, incluida tú!
—Bueno, no nos ha pasado nada, ¿verdad? —replicó Cho, suplicante—. Es que su madre trabaja para el Ministerio, y a ella le resulta muy difícil…
—¡El padre de Ron también trabaja para el Ministerio! —saltó Harry, furioso—. Y por si no lo habías notado, él no lleva escrito “chivato” en la cara.
—Eso no ha estado nada bien por parte de Hermione Granger —opinó Cho con dureza—. Debió decirnos que había embrujado esa lista…
—Pues yo creo que fue una idea excelente —replicó Harry con frialdad.» (La orden del fénix, p. 656)

Y lo sigue pensando incluso unos meses después:

«Cuando pasó él por delante de la ventana, la vio enfrascada en una conversación con su amiga Marietta. Esta llevaba una gruesa capa de maquillaje que no disimulaba del todo la extraña formación de granos que todavía tenía en la cara. Harry sonrió y siguió andando.» (El misterio del príncipe, p. 140)

Pero claro, es que en este libro la traición es lo peor que se puede hacer de acuerdo a doña Rowling. Por eso está bien. El caso es que Harry no sólo se toma la justicia por su mano con personas a las que conoce, sino con otras ajenas y que son víctimas de los Weasley. Es más, aprueba y defiende el comportamiento de estos:

«Por si fuera poco, Montague todavía no se había recuperado de su estancia en el servicio; seguía desorientado y aturdido, y un partes por la mañana vieron a sus padres subiendo por el camino muy enfadados.
—¿No deberíamos decir algo? —propuso Hermione con preocupación, mientras pegaba la mejilla a la ventana del aula de Encantamientos para ver cómo el señor y la señora Montague entraban en el castillo—. Sobre lo que le pasó. Por si eso ayuda a la señora Pomfrey a curarlo.
—Claro que no. Ya se recuperará —dijo Ron con indiferencia.
—Bueno, más problemas para la profesora Umbridge, ¿no? —comentó Harry, satisfecho. 
 
[…]  
—Todo eso está muy bien, pero ¿y si Montague se queda mal para siempre?
—¿Y a mí qué? —replicó Ron con fastidio mientras su taza volvía a incorporarse sobre las delgadas patas, temblando y tambaleándose—. Montague no debió intentar descontarle todos esos puntos a Gryffindor, ¿no te parece?» (La orden del fénix, pp. 699-700)

¡Vaya, no sabía que tuviéramos a los Merodeadores reencarnados! Uno que se regodea, otra que aparta la mirada y hace como si nada aunque sabe que está mal y un tercero que también calla para alargar el sufrimiento físico de una persona. Justo después de que Harry dude tanto sobre si su padre era o no una buena persona. 

Durante todos los libros, como ya hemos comentado, se trata a Malfoy como el metomentodo que es y, de vez en cuando, se señala que nuestros protagonistas también lo son. Pero el tono es ligero: al fin y al cabo, tienen que mostrarnos la historia. ¡Y siempre lo hacen para intentar lograr un buen fin… para ellos! Por eso me sorprendió gratamente que, en el sexto libro, Harry se convirtiera en un stalker de forma literal. Si en el segundo libro podíamos ver a Draco obsesionado con Harry, gruñendo sobre él incluso cuando supuestamente no andaba cerca, aquí se da la situación inversa. Y la trama lo condena…. más o menos. La verdad es que nunca se convierte en algo por lo que haya que castigar o desmerecer a Harry. ¡Está siguiendo a un chico que sabemos que pretende hacer algo malo por orden de Lord Voldemort! ¡Tiene derecho!

Pero eso no impide que las escenas sean inquietantes.

«Harry se esforzó por hallar una respuesta. No parecía lógico que Narcisa Malfoy hubiera permitido que su precioso hijo se alejara de su lado; Draco debía de haber utilizado toda su habilidad para librarse de ella. Harry, que conocía y odiaba a Draco, sabía que las razones de este no podían ser inocentes. 
[…] 
—Rápido, meteos debajo de la capa.» (El misterio del príncipe, pp. 122-123)

¿No os recuerda bastante al tipo de comportamiento que tenía James con Severus? ¿No? Bueno, seguro que todos sabéis cómo acaba este acoso y en qué circunstancias. Pero ya llegaremos a ello.

Harry se dedica a espiar y acosar a Malfoy durante todo el curso, pero ya en el vagón del expreso a Hogwarts tenemos el primer gran ejemplo de su actitud. Si en el primer libro Malfoy intentaba denunciar a Harry y a sus compañeros porque Hagrid estaba cuidando de un dragón —algo ilegal— ahora tenemos a Harry convencido de que Malfoy es un mortífago. Así, lo sigue oculto bajo su capa de invisibilidad. Como resultado, escucha una conversación entre Malfoy, Parkinson y Blaise acerca de lo que puede querer o no de él Voldemort. La reacción de Malfoy es la de petrificarlo:

«[…] No has oído nada que me importe, Potter. Pero ya que te tengo aquí… —Y le propinó una fuerte patada en la cara.
Harry notó cómo se le rompía la nariz, salpicando sangre por todos lados.
—Esto de parte de mi padre. Y ahora vamos a ver…—Sacó la capa de debajo del indefenso cuerpo y se ocupó de cubrirlo bien—. Listo. No creo que te encuentren hasta que el tren haya regresado a Londres —comentó con tranquilidad—. Ya nos veremos, Potter… o quizá no.
Y dicho eso, salió del compartimiento, no sin antes pisarle una mano.» (El misterio del príncipe, pp. 150-151)

La historia es desde el punto de vista de Harry, por eso se resalta lo «indefenso» que está —cosa que no se hace cuando se ataca a Malfoy, Crabbe y Goyle en anteriores años en el mismo vagón— a pesar de que se ha metido a espiar a unas personas, invadiendo su intimidad —¿qué habríamos pensado si Malfoy se hubiera ocultado bajo una capa de invisibilidad para escuchar a escondidas? ¿Quizá la misma indignación que cuando Snape interrumpe a Sirius y Lupin en El prisionero de Azkaban?—. Se justifica porque consideramos que esas personas son de baja ralea, enemigos de Harry y puntos de la historia sobre los que nos interesa enterarnos. Pero, más allá, Draco está furioso porque por culpa de Harry su familia se desmorona, y no hemos de olvidar las transformaciones que Harry y los hermanos Weasley han practicado anteriormente sobre él y sus amigos. ¿Se lo buscaban? Sí, para qué negarlo. Pero la actitud de Draco no es tan descabellada si la ponemos en perspectiva. Harry también se lo ha buscado.

A lo que pretendo llegar es que nunca se resalta lo indefenso que está un enemigo cuando es Harry quien tiene «la razón». La actitud de Harry resulta inquietante en extremo cuando empieza a usar el Mapa del Merodeador para controlar los pasos de Draco, algo que no cuesta imaginar que hicieran su padre y sus amigos —de lo contrario ¿para qué crearon el mapa? Se jura que las intenciones no son buenas, ¿no?—:

«Harry examinó el mapa, decepcionado, pero se recuperó casi de inmediato.
—Bueno, a partir de ahora no voy a perderlo de vista —prometió—. Y en cuanto lo vea husmeando por ahí mientras Crabbe y Goyle montan guardia fuera, me pondré la capa invisible e iré a averiguar qué está…
 
[…] 
—De nada —respondió Harry, distraído, mientras escudriñaba el dormitorio de Slytherin en busca de Malfoy—. ¡Eh, me parece que no está en la cama…!» (El misterio del príncipe, pp. 364-365)

Su obsesión llega al punto de poner a Malfoy dos elfos domésticos a seguirle:

«—[…]Quiero que sigáis a Draco Malfoy. —E ignorando la mezcla de sorpresa y exasperación que reflejó el semblante de Ron, especificó—: Me interesa saber a dónde va, con quién se reúne y qué hace. Deberéis seguirlo las veinticuatro horas del día.» (El misterio del príncipe, p. 393)

Y si sigue sin pareceros lo suficiente siniestro e inquietante, imaginad que Harry estuviera haciendo lo mismo con una mujer ya que en esta sociedad parece que lo que le pase a un hombre nunca se toma tan en serio. 

Por lo menos el libro reconoce que este comportamiento no es normal («Estaba cada vez más obsesionado con Draco Malfoy. Examinaba el mapa del merodeador siempre que tenía ocasión y a veces daba rodeaos hasta donde solía estar Malfoy», p. 382) pero nunca se llega a juzgar a Harry por parte de sus compañeros más allá de un «estás exagerando» o irritación porque antepone eso al quidditch, hasta el punto de llegar tarde al partido contra Hufflepuff. Lo único que tiene que decir Ginny es «¿Tanta importancia tiene eso ahora?» (p. 385) y poco después Ron dice «Te estás obsesionando, Harry. Mira que plantearte no ir a un partido sólo por seguir a Malfoy…» (p. 390)

Y entonces llegamos a la famosa escena:

«—¡Crucia…!
—¡¡Sectumsempra!! —bramó Harry desde el suelo agitando la varita como un desaforado.
De la cara y el pecho de Malfoy empezó a salir sangre a chorros, como si lo hubieran cortado con una espada invisible. El chico dio unos pasos hacia atrás, se tambaleó y se desplomó en el encharcado suelo con un fuerte chapoteo. La varita se le cayó de la mano derecha, flácida.
—No —dijo Harry con voz ahogada.» (El misterio del príncipe, p. 485)

Harry está, lo que es normal, traumatizado por lo que acaba de hacer. Si no fuera por Snape, Malfoy probablemente habría quedado desfigurado y puede incluso que hubiera muerto por desangramiento: se señala que las heridas eran muy profundas. Harry estaba demasiado impactado para hacer nada. 

Como resultado, Snape lo castiga todos los sábados hasta final de curso y McGonagall está de acuerdo con él. No se comenta que Draco había estado a punto de provocarle una maldición imperdonable, así que lo haré yo: es cierto que la reacción de Draco fue desmedida, pero también se puede comprender su punto de vista —que no es lo mismo que justificar—: Draco tiene su vida en juego, así como la de sus padres, la presión de los mortífagos y la obligación de matar a uno de los magos más poderosos del mundo. Lo último que necesita es que su mayor rival lo coja en un momento de debilidad durante el que, además, ha confesado parte de su misión.

Pero el caso es que, después de una breve discusión con Hermione y Ginny —donde esta última se pone de parte del protagonista—, Harry no vuelve en sí a pensar en lo que ha hecho más allá de justificar que el Príncipe no le pidió que matara a nadie con el hechizo. Quizás el silencio hable por sí mismo, pero lo hace todavía más su reacción a los castigos. Snape lo pone a ordenar archivos de las penalizaciones de su padre y sus amigos, que realizaron maleficios ilegales (p. 494) sobre otras personas. Evidentemente pretende hacérselo pasar mal —y no podemos olvidar que Snape sospecha que Harry ha adquirido de alguna forma su cuaderno, así que ahora sabe que se está aprovechando de conocimientos que en teoría no son suyos—, pero Harry no reflexiona sobre su comportamiento o sobre lo que le ha hecho a Malfoy.

«Como suponía, aquél era un trabajo inútil y aburrido, salpicado (pues Snape lo había planeado así) con frecuentes punzadas de dolor cada vez que leía el nombre de su padre o el de Sirius, que muy a menudo aparecían juntos en diversas travesuras, y en alguna ocasión los acompañaban los nombres de Remus Lupin y Peter Pettigrew. Y mientras copiaba las diversas faltas y castigos de todos ellos, se preguntaba qué estaría pasando fuera, puesto que el partido debía de haber empezado… Ginny iba a jugar como buscadora contra Cho… 
Harry no cesaba de lanzar miradas al enorme reloj que hacía tictac en la pared. Tenía la impresión de que avanzaba mucho más despacio que un reloj normal; quizá Snape lo había embrujado para que el castigo resultara todavía más insoportable, ya que no era posible que sólo llevara allí media hora… una hora… una hora y media…» (El misterio del príncipe, p. 494)

Esta es la reacción de un chico que, de no ser porque tiene que ser protegido de Voldemort, habría sido expulsado del colegio, como bien señala McGonagall («quien le aseguró que podía considerarse afortunado de no haber sido expulsado del colegio y que estaba completamente de acuerdo con la medida dispuesta por Snape: castigarlo todos los sábados hasta el final del curso.» p. 491). La reacción de una persona que ha herido gravemente a otra y que, según afirma, nunca habría buscado hacer un daño de ese calibre («Sabes muy bien que yo no habría empleado un hechizo como ése, ni siquiera contra Malfoy», p. 492) contra nadie. Pero olvida el problema al momento y no hace ninguna clase de ejercicio de conciencia porque lo más importante es proteger el cuaderno del Príncipe Mestizo.

¿Este es el Elegido en cuya pureza tanto nos insiste Dumbledore?

«—Claro que lo entiendo —repuso Ron—. Ese príncipe era un genio. Además, si no te hubiese chivado lo del bezoar…—se rebanó el cuello con el dedo índice— yo no estaría aquí hablando contigo, ¿no? Hombre, no digo que hacerle ese hechizo a Malfoy fuera una maravilla…
—Yo tampoco.
—Pero se ha curado, ¿verdad? Ya corre tan campante por ahí, como si no hubiera pasado nada.
—Sí —convino Harry; era verdad, aunque de todos modos le remordía un poco la conciencia—. Gracias a Snape…
—¿Vuelves a tener castigo con él este sábado?
—Sí, y el sábado que viene y el otro —resopló Harry—. Y ahora ha empezado a insinuarme que si no arreglo todas las fichas antes de que acabe el curso, seguiremos el año que viene.
Esos castigos le estaban resultando particularmente fastidiosos porque reducían los escasos ratos que podía pasar con Ginny.» (El misterio del príncipe, pp. 500-501)

Un pequeño remordimiento es todo lo que llega a sentir. No hay culpabilidad, no hay maduración ni responsabilidad por lo que ha hecho. Sólo irritación porque no puede jugar a quidditch ni estar con su novia.

Y sobre arrebatar la libertad a los demás… Es evidente que tengo muchos sentimientos encontrados con el Mapa del Merodeador, sobre todo porque lo usa un adolescente y no puedo evitar imaginar que los Merodeadores —particularmente James— harían lo mismo. Durante el séptimo libro, mientras Harry no tiene nada mejor que hacer porque no saben dónde encontrar los Horrocrux y Ron les ha abandonado, saca el mapa:

«Entretanto, él examinaba de vez en cuando el mapa del merodeador a la luz de la varita, esperando el momento en que el puntito “Ron” apareciera en los pasillos de Hogwarts, lo cual demostraría que había vuelto al acogedor castillo, protegido por su estatus de sangre limpia. Sin embargo, Ron no salía en el mapa. Pasado un tiempo, Harry sólo lo observaba para ver el nombre de Ginny en el dormitorio de las chicas, preguntándose si la intensidad con que lo contemplaba podría infiltrarse en el sueño de la joven y hacerle saber que él la recordaba; confiaba en que no le hubiera pasado nada malo.» (Las reliquias de la muerte, pp. 509-510)

Muy romántico espiar a tu exnovia, Harry. En especial sin que sientas ninguna clase de remordimiento por ello.

Y ya por último, todos sabemos que las reglas del universo nunca suelen imponerse a los protagonistas. Harry puede hacer toda clase de maldiciones que considera justificables por su honor o el de los demás sin que la narración haga ningún comentario sobre ello:

«—No se trata de que usted lo permita o no, Minerva McGonagall. Usted ya no pinta nada aquí. Ahora somos nosotros los que mandamos, y si no me respalda pagará las consecuencias. —Y le escupió en la cara.
Entonces Harry se quitó la capa, levantó la varita y gritó:
—¡Hasta aquí podíamos llegar!
Amycus se dio la vuelta y Harry gritó:
—¡Crucio!
El mortífago se elevó del suelo, se debatió en el aire como si se ahogara, retorciéndose y chillando de dolor, y por fin, con gran estrépito de cristales rotos, se estrelló contra una librería y cayó inconsciente al suelo hecho una bola.
—Ahora entiendo lo que quería decir Bellatrix —exclamó Harry, que notaba latir la sangre en las sienes—: ¡Tienes que sentirla!
 
[…] 
—Le había escupido en la cara, profesora —se justificó Harry.» (Las reliquias de la muerte, pp. 409-500)

Harry no piensa en los niños que ha torturado Amycus, ni tampoco en que pensaba echarles la culpa de que su hermana hubiera llamado a Voldemort para que matara a críos inocentes. No. Escupió a la cara de su profesora y eso merece una maldición imperdonable. Harry pasa todo el séptimo libro haciendo maldiciones imperdonables, particularmente las de imperio. Pero en esta historia se condena como nunca la cruciatus. Esta se usa contra Ollivander y contra numerosos personajes conocidos. Se obliga a que los alumnos las empleen unos contra otros y, por supuesto, se demoniza a Crabbe y Goyle por disfrutar con ello. Hermione en teoría es torturada por la misma maldición. Sin embargo, cuando es Harry quien la ejerce, está moralmente perdonado por ello y nunca se le echa en cara narrativamente ni reflexiona sobre ello. ¿Que Amycus era un ser repugnante y se merecía una retribución kármica? Desde luego, pero aquí estamos hablando de Harry, sus métodos y que la narración defienda, justifique o calle sus acciones.

En definitiva, siempre había sido vagamente consciente de que Harry y sus compañeros no eran mano de santo, pero la última relectura me ha dejado completamente desconcertada. Sin duda me he saltado muchas partes y unas pocas todavía se tratarán en uno o dos artículos diferentes (en los que hablaremos de James y del racismo que ostentan los protagonistas), pero puedo concluir que no me da miedo decir que Harry es demasiado buen heredero de los Weasley y los Merodeadores. Una parte de mí todavía quiere justificar sus acciones. Es evidente que si tienes enemigos como Malfoy no puedes aspirar a pasarte la vida sin mover un dedo en Hogwarts. Sin embargo, hay un límite para todo. Entre pasivos, agresivos y directamente retorcidos, Harry y sus mentores ostentan al final la categoría de abusadores. No nos engañemos, los abusadores pueden tener experiencias traumáticas. A menudo por eso buscan hacer daño a los demás. Eso no debería justificarlos nunca.

Dicho esto, espero que cada uno saque sus propias conclusiones. ¡Nos vemos en un próximo artículo!

15 comentarios:

  1. Esperaba ilusionada esta entrada. Me encantan los personajes grises porque eso los hace humanos, pero ha de dejarse claro que es algo intencionado y que se juzga siempre igual. Doble moral no. Esa fue la razón de que en mi relectura (porque de pequeña notaba menos estas cosas) acabara apoyando a los slytherin, me daba pena que los demonizaran de esa manera y pusieran a los gryffindor en un pedestal cuando tenían realmente acciones muy parecidas. Pero claro, como lo vemos desde los ojos del gryffindor por excelencia, Harry, y Rowling lo apoya (porque si fuera simplemente el punto de vista del personaje y fuera para que se viera que este era parcial y tenía claroscuros maravilloso) pues los slytherin o los que están en contra del los protas son lo peor. Los gryffindor son héroes y representan a la justicia. Pues no.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pienso igual que ustedes. Nunca soporte a los merodeadores- ni en muchos momentos a George y a Fred por lo mismo (ojo, que eso no quiere decir que defienda lo que hacia Snape. El monstruo es igual que Frankenstein) eran unos matones que hacían daño físico y psicológico a la gente que podrían acabar como los padres de Neville. Ademas, de que Lily se enfada porque Severus se junta con mala gente ¡como si ella fuera ejemplo de juntarse con gente decente!.
      Si, al final, la única normal en la saga era Luna, yo siempre lo he dicho.

      Eliminar
    2. Perdón por tardar en responder, muchas gracias a ambas por comentar :33

      Me alegra que os haya gustado el artículo~~ Yo tampoco defiendo lo que hace Snape, pero creo que está mejor trabajado como personaje ya que se le dan motivos y se lo castiga por cómo se comporta con los alumnos -castigos kármicos, si nos entendemos-. Es un personaje gris, no uno que sea gris negruzco como los gemelos o los merodeadores pero se ilumine con luz blanca. A Snape incluso se le pone demasiada luz negra en algunas partes, pero al ser el punto de vista de Harry es comprensible. Lo que ya no lo es tanto es que Harry, que ha sufrido abusos desde niño, no sea capaz de madurar un poco más y que doña Rowling no se molestara en acercanos a Slytherin.

      Sigo pensando que si se los hubiera tratado de otra forma, Sirius y Lupin me habrían gustado mucho más (ahora que leo con más atención. De niña me caían bien porque no veía más allá). Con los gemelos, la verdad, no tengo ninguna esperanza, aunque seguramente en algún fanfic podrían tratarlos de una forma más interesante.

      Atte. Rika~

      Eliminar
  2. Lo último no lo veo mal. No es que esté espiando como se baña en pelota picada. En el mapa se ve un puntito y ni sale lo que hace la persona sino solo donde está. Eso esta puesto para que se vea que Harry quiere a Ginny que no la dejó por gusto sino por protegerla.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por comentar don Anónimo~

      Un puntito que registra dónde estás, con quién estás, a dónde vas (sea el baño, tu cuarto, el campo de quidditch, las clases...) sin que tú tengas la menor idea de que te observan... Pues, lo siento, no me parece bien. Es como tener un localizador encima. Que Harry sea un héroe y deje a su chica por protegerla no justifica que a todas horas la vigile. Es como el último Spiderman con Gwen: la quería y protegía vigilándola a cada momento. Nop. Que entienda que Harry se siente vulnerable y como no tiene nada que hacer decida abstraerse es una cosa. Eso no hace que vigilar a tu novia todos los días durante semanas sea menos creepy.

      Atte. Rika~

      Eliminar
  3. Hay un motivo para que Dudley y su familia estén pasándolo mal. Lo leí en algún sitio, pero no recuerdo donde. Y es que Harry es un Horrorcrux. Cuando Ron tiene el Horrorcrux encima, se vuelve cruel, malvado.

    Y la familia de Dudley ha vivido con un Horrorcrux al lado durante 11 años...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Bienvenido a la mazmrra Lord Darkmoon!
      Pues... Por Medea, nunca se me había pasado por la cabeza pero tienes toda la razón O_o
      Ahora sería genial que Rowling lo hubiera planeado pero me cuesta un poquito creerlo. Pero como interpretación es magnífica xD.
      Y siniestra...

      ¡Un saludo!

      Atte. Rika~

      Eliminar
    2. Muchas gracias por la bienvenida.
      Encontré este blog por casualidad, y ahora lo tengo en la lista de lecturas pendientes (me gusta leer artículos pasados, por muy antiguos que sean).

      Y si, no creo que Rowling lo planeara, pero es una buena justificación. Sobre todo porque parece que, cuando Harry no está, los Durdsley se vuelven más normales... hasta el punto de que Dudley reconoce que se había pasado, y que en el fondo le tiene cariño.

      Lo que no justifica que los Dursley le hayan mimado en exceso (quizás la presencia del Horrorcrux en casa les haya impedido querer con normalidad a su hijo, y se hayan ido por el lado opuesto).

      Eliminar
    3. Huy, me ha parecido una interpretación interesante, y sin duda si hubiera sido a propósito hubiera estado muy bien. En todo caso, si fuera cierto, Harry Potter debería afectar igual que a los Durdsley a todos los que le conocieran, porque al final llegan a convivir mucho tiempo.

      Eliminar
    4. Si... y no. Porque con los Dursley estuvo 11 años, todos los días. Con el resto de la gente está durante un curso, no en contacto permanente, y con periodos de descanso (vacaciones, etc...)

      Pero no creo que Rowling lo hiciera a posta. No es tan buena escritora.

      Eliminar
  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  5. Estoy de acuerdo todo, menos en este parte "imaginad que Harry estuviera haciendo lo mismo con una mujer ya que en esta sociedad parece que lo que le pase a un hombre nunca se toma tan en serio." Comprendo lo que quieres decir, pero no es comparable los pocos casos que hay en los hombres con los muchísimos que sufren las mujeres.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Creo que se refiere más a que, como le pasa a un hombre, en la sociedad actual se relativiza como poco importante. Y el acoso es el acoso...

      Eliminar
    2. Sí, pero es que la diferencia es tan grande que es irrisorio que se puedan poner al mismo nivel, llevas razón en que el acoso es acoso, pero, por ejemplo no es lo mismo 1 o 2 casos hacia los hombres que los 10 que reciben las mujeres diariamente.

      Eliminar
    3. ¡Bienvenido a la mazmorra, Fabio!

      Me refiero a lo que dice Lord Darkmon porque la gente no es capaz de ver que un hombre puede sufrir el mismo tipo de acoso que una mujer porque se corre una cortinita y hacemos que aquí no pasa nada. No puedo hacerte cambiar de opinión si no estás de acuerdo y no estoy haciendo el ejemplo de "¿y los hombres violados qué?". Solo le estoy dando la importancia que tiene en el contexto y que la gente no parece ver solo porque le pasa a un varón.

      Atte.Rika~

      Eliminar