Recordatorio

No somos profesionales, simplemente nos gusta leer y tenemos tiempo libre, así que a veces cometemos errores.

sábado, 17 de septiembre de 2016

El amor romántico en la literatura


Tengamos un pequeño descanso de Harry Potter. Tita Lyra os trae otro tema sobre el que reflexionar: ¡dentro música!

Este podría haber sido perfectamente un artículo en torno a cuál es el límite de lo que puede soportar un lector antes de dar por perdido un libro por completo. Dicho así suena hasta triste. ¿Cómo de insoportable puede volverse algo para que resulte intragable? En mi caso por muy pobres expectativas que tenga de una historia, intento acabarla, ya que cabe la ligera esperanza de que todo sea un Show de Truman enmascarado en algo que parece irreparable. 

Como imaginaréis, en mi última experiencia no ha podido ser así. Y no, el título del artículo no es engañoso, pero para poder hablaros del amor romántico en la literatura primero me gustaría calentar motores contándoos mi reciente decepción.

La víctima es La viajera del tiempo, de Lorena Franco, cuya sinopsis paso a copiaros:

«William y Lía son hermanos. Almas gemelas. Una infancia difícil ha hecho que William y Lía dependan el uno del otro desde siempre.  
Todo cambia cuando William desaparece sin dejar rastro, el mismo día en el que entierran a su madre en el año 2007. Nadie sabe qué es lo que ha podido suceder, ni siquiera Lía, convertida ya en una abogada de éxito.  
Cinco años más tarde, cuando Lía entra por casualidad en una galería de arte neoyorquina en la que exponen retratos de escritores y pintores de principios del siglo XIX, descubre en uno de ellos el rostro de su hermano William. En la placa, un seudónimo: ESCORPIÓN, un misterioso escritor cuyas obras fueron publicadas entre 1808 y 1813.  
Un maravilloso y mágico descubrimiento hará que Lía se convierta en una viajera del tiempo, con la esperanza de encontrar a su hermano en el pasado y traerlo de vuelta a casa.»

Mi motivo para dar por perdido este libro no ha sido el uso continuo de la coma criminal (ya lo veréis en la única cita que transcribiré), ni siquiera la incorrecta puntuación o el empleo de algunos tiempos verbales. O que en un 25% que llevo del libro (maldito Kindle, ¿por qué no puede señalar las páginas?) se hayan repetido varias veces los mismos sucesos desde tres perspectivas distintas sin que se aporte con las otras dos algo revelador o trascendente. Ninguna de esas cosas, en serio. Puedo soportarlas.

Lo que no he podido tragar, ni con mucho (mucho) polvo de hadas, ha sido la terrible y espantosa forma que se trata el concepto del amor.

El propio libro comienza con una antigua conversación entre los dos protagonistas:

«―¿Qué es el amor?
Le preguntó una niña de cinco años a su hermano mayor.
Y él le respondió:
―El amor, [L: Hola, soy una coma entre sujeto y predicado, y esto es JACKASS] es cuando tú me robas cada día mi trozo de chocolate del almuerzo y yo, aún así, sigo dejándolo en el mismo sitio para ti todos los días».

He decidido dejarlo justo cuando empezaban las cosas jugosas, para qué negarlo (hola, viajes en el tiempo, me chifláis). Por cierto, ahora vienen SPOILERS de La viajera del tiempo, nunca está de más avisar. Lía consigue retroceder hasta el siglo XIX, donde se encuentra con varios hombres que la acusan de ser una bruja y, como ocurre en todas las épocas, se quedan mirando el sujetador que se le transparenta por la camisa empapada. El embobamiento por su pecho femenino (¿os creíais que era porque los sostenes modernos no fueron diseñados hasta principios del siglo XX? JA) le salva la vida… supongo.

El amor[,] es cuando
tú te casas con mi acosador y yo,
 a[u]n así, decido proteger a tu
hijo a costa de mi vida
Entonces aparece, raudo y veloz, un hombretón de buen ver y dulce prosa, uno de esos galanes que te tratan con educación y te rescatan justo cuando estás a punto de morir en otra época. A la narración, una primera persona desde la perspectiva de Lía, no le faltan adjetivos para describir al nada perfecto Adonis. Aquí haré un inciso en que es una lástima que no haya podido aguantar hasta comprobar cuál es la opinión del hermano de esta criatura, pues me despejaría la duda de si el personaje es guapo para Lía o la autora quiere recalcar que es guapo para los cánones de todo el mundo (así, en general, al estilo Cullen).

A continuación Lía le persuade para que la acompañe a buscar a su hermano. Durante esta conversación entre ambos adultos, de forma muy mezquina, nuestra querida protagonista menosprecia dentro de su cabeza a su expareja, comparándole con el macizo hombre del pasado y ridiculizándole por tener barriga y ser malhumorado. Cabe destacar que este pobre señor ha estado apoyando a Lía durante CINCO años durante el duro golpe que sufrió con la desaparición de William y con la pérdida de tres bebés nonatos, y si decidió abandonarla finalmente fue porque él mismo no soportó la noticia sobre el cuarto bebé, ni seguir con la persona en la que se había convertido Lía, lo cual me parece razonable. Me pueden contar todas las milongas que quieran sobre el sex symbol, pero dudo muchísimo que aguantara la mitad de tiempo que ese hombre.

Las últimas líneas del capítulo terminan de rematar la faena. Lía se pone dos objetivos claros: encontrar a su hermano y enamorar al galán.




Entiendo. De modo que este es uno de esos libros. El amor, recordemos, es cuando no importa ceder para que el otro salga recompensado a tu costa. Da igual que la otra parte no tenga el más mínimo interés por ti, ya que tienes que persuadirla para que termine cediendo. Da igual que una persona te haya acompañado en tus momentos más duros, pues una vez se va de tu lado ya no tiene perdón.

«¡Pero Lyra!», diréis, «¿cómo estás tan segura de que esa no es la intencionalidad de la autora y de que el mensaje final del libro será una reflexión sana y positiva sobre las relaciones amorosas?». Ciertamente no lo sé. Pero he vivido esta misma situación un millar de veces y ni siquiera una hada puede ser tan positiva habiendo visto tanto mal en el mundo. No. La viajera del tiempo se queda donde está.*

«―¿Qué es el amor?
Le pregunté una vez a Green. Esperé la respuesta durante tres horas antes de darme cuenta de que se había quedado dormida. Así que aproveché y ayudé a Rika a arrancarle unas cuantas escamas.»

Aquí quería llegar yo.

El amor romántico es un producto occidental cuyo valor y sentido han ido cambiando a lo largo de la historia. El amor como lo conocemos hoy en día no existía antes de la Revolución Francesa (y aun posteriormente se tardó en difundir a través de los «matrimonios por amor», que no se concertaban en beneficio a las familias). La pasión amorosa no era más que un fuerte atractivo sexual, y lo podéis comprobar en cualquiera de los clásicos occidentales anteriores a ese periodo, porque el encuentro entre los amantes solía ser muy similar: se decían mutuamente que no podían vivir el uno sin el otro y acto seguido se acostaban.

Entonces, ¿qué es el amor? El amor romántico es un producto occidental que debemos deconstruir nosotros mismos para entenderlo. El problema radica en que no lo hacemos.

En el libro Feminismos en la antropología: nuevas propuestas críticas (de libre acceso aquí) hay un capítulo que profundiza en la representación del amor romántico dentro de la cultura occidental, y del que me permitiré citaros un párrafo para ilustraros mi argumento:

«Es como si el amor, más que ningún otro ámbito de la vida, nos devolviera una buena imagen de nosotros mismos como occidentales absolutamente orgullosos de nuestros supuestos logros (aunque más narcisistas y etnocéntricos que nunca). De forma que desentrañar el significado cultural del amor en nuestra sociedad supone dejar al descubierto los cimientos de nuestra cultura y, al mismo tiempo, nuestras propias contradicciones y excesos: frente a un individualismo extremo, el amor sería “La” posibilidad de mantenernos cohesionados, además de permitir el “encuentro” entre hombres y mujeres; un encuentro que tiene por otra parte muchísimas posibilidades de no ser equitativo.» (El amor romántico dentro y fuera de occidente: determinismos, paradojas y visiones alternativas, de Mari Luz Esteban, p. 159) 

Este fragmento tiene tres puntos (en realidad son más) bastante interesantes, que a modo de resumen vendrían a ser:

1. A todo el mundo le suena que el poder del amor lo soluciona todo. Aquí tenéis la realidad: tu creencia en que existe dicho poder lo hace posible. Porque te convences en que es aplicable para todo el mundo. 
2. La concepción de que cada individuo se labra su propio destino queda ligada con la idealización de un amor que hace más llevadera una vida donde nadie, salvo tu pareja, vela por tus intereses. 
3. Históricamente las parejas no han tenido relaciones de igualdad entre ellas. Y dudo que alguien se atreva a afirmar que eso ha cambiado por completo. Supongo que ni falta hace rescatar el término de «relación tóxica», ¿verdad?

El amor ha representado en cientos de obras, no necesariamente de tinte romántico, el colofón de la existencia y el mayor motivo para vivir. Y sin embargo, muy pocas saben explicar por qué merece la pena amar o cómo se ama a una persona cuando durante mucho tiempo el amor ha sido una efectiva forma de encasillar a hombre y mujer en sus respectivos roles. Añado que, como ya sabemos todos, lo sigue siendo en algunas novelas juveniles.

Si ese fuese nuestro único problema tendría fácil solución. Tarde o temprano proliferarán más estudios sobre el concepto del amor (de hecho he encontrado poquitos) y habrá un avance sobre la desmitificación e idealización de un sentimiento que se considera intrínseco al ser humano. Y ojo,

aquí hago un inciso: recordemos que hablo del amor romántico. En ningún momento he dicho que los sentimientos no sean naturales (por si a algún bioquímico le rechinan los dientes). La definición e importancia que les damos es cultural.

No obstante, hemos aún de enfrentarnos a otra dificultad más: los autores no solo parecen desconocer el significado del amor, sino que lo confunden una y otra vez con la atracción sexual, el cariño o la dependencia emocional.

He decidido echar mano de nuestra propia colección de reseñas para esbozar algunos ejemplos de autores que sabían aplicar correctamente los términos... y otros que no:


Angelology. Este ofrece un claro ejemplo de confusión y conflicto del autor entre amor y atractivo sexual. Los protagonistas, Verlaine y Evangeline apenas se conocen de un día (lo cual necesitan resaltar porque ellos mismos se dan cuenta de la absurdez), ni han intercambiado casi palabras; de hecho, Verlaine habla más con la abuela que con ella. ¿Pueden sentir dos personas una fuerte atracción física sin casi conocerse? Sí. Lo que no tiene sentido entonces es que hablen de sentimientos.

«Evangeline se sentó junto a Verlaine. Las copas de cristal relucían bajo la débil luz. Una jarra de agua, con rodajas de limón flotando en la superficie, ocupaba el centro de la mesa. La joven sirvió un vaso y se lo pasó a Verlaine, su mano rozando la de él y enviándole una descarga que la recorrió de pies a cabeza. Al encontrarse con sus ojos, a Evangeline la sorprendió que lo hubiera conocido el día anterior.» (p. 496)
«Tal vez presintiendo su angustia, Verlaine rozó sus dedos contra la mano de Evangeline, un gesto de consuelo y cuidado que envió de nuevo una corriente eléctrica por todo su cuerpo. Se volvió y le miró a los ojos. Eran de color castaño oscuro, casi negros, y muy expresivos. ¿Notaría él cómo reaccionaba ella cuando él la miraba? ¿Se había dado cuenta en la escalera de que había perdido la capacidad de respirar cuando él la había tocado? Evangeline apenas sentía su propio cuerpo mientras subía los escalones que faltaban detrás de su abuela.» (p. 498)
«Hundiéndose en un sofá, se quedó mirando por la ventana la oscuridad que se extendía al otro lado. Sólo unas horas antes, Evangeline había estado sentada su lado allí mismo, tan cerca que podía notar todos sus movimientos. La intensidad de sus sentimientos hacia ella lo dejaba perplejo. ¿Era posible que la hubiera conocido el día anterior? Ahora, después de tan poco tiempo, ella llenaba sus pensamientos.» (p. 585)


Steelheart. Apenas debe de haber pasado una hora desde que se encontraron y David afirma estar enamorándose de Megan al haberlo impresionado por matar a un épico. ¿En serio debe recurrir al amor y no al respeto o a la admiración? La narración es vaga al respecto y, en el fondo, no le interesa explicarlo porque tendemos a pensar lo juvenil como lo simple, e imagino que a Sanderson solo le interesaba desarrollar una relación ñoña entre adolescentes.

«Sabe disparar como nadie y lleva granadas diminutas en la camiseta —pensé, estupefacto—. Creo que podría estar enamorándome». (p. 65)


Canción de Hielo y Fuego (I). Juego de Tronos. Sí, sí, ya sé que no tenemos reseña de este, pero raro es que no hayáis oído hablar de la saga o de la serie, así que pondré un ejemplo muy conocido: la relación entre Daenerys y Khal Drogo. ¿Sienten amor el uno por el otro? Yo no lo llamaría amor. Es una pareja en condición de desigualdad, en la que Daenerys ha debido adaptarse a las costumbres de Drogo y depende física y emocionalmente de él. ¿Significa eso que lo suyo es solo sexual? No, se aprecia que uno tiene en cuenta al otro, aunque no como a un igual (porque al fin y al cabo ella es una posesión). En esta escena Daenerys está cumpliendo con la tradición de comerse el corazón crudo de un caballo y se apoya en Drogo para hacerlo:

«Khal Drogo, con el rostro impenetrable como un escudo de bronce, permaneció a su lado mientras comía. La larga trenza negra le brillaba, aceitada. Llevaba anillos de oro en el bigote, campanillas de oro en las trenzas, y un pesado cinturón también de oro en torno a la cintura, pero lucía el pecho desnudo. Lo miraba cada vez que sentía que las fuerzas le fallaban. Lo miraba, masticaba y tragaba, masticaba y tragaba, masticaba y tragaba. Casi al final a Dany le pareció ver un fuego de orgullo en los ojos oscuros y almendrados, pero era imposible saberlo a ciencia cierta. El rostro del khal rara vez traicionaba sus pensamientos.» (p. 267).


Fugitivo. En este caso no hay indicios de una atracción sexual entre Liam y Jared en el plano descriptivo. Ambos se conocen previamente y desarrollan una relación romántica basada en la confianza y el afecto por el otro. ¿Está eso mal? No, existen muchos tipos de parejas y el componente sexual no es necesario (y eso no quiere decir que no puedan tener sexo). La única descripción existente con connotaciones sexuales es una que elabora Liam ante una chica:

«Tiene una voz muy dulce y sus rasgos son muy llamativos. Empezando por esas pestañas extralargas, sus pómulos marcados y terminando por su cuerpo con unas curvas exuberantes que la hacen más atractiva aún […]» (p. 95)


El nombre del viento. En este caso se puede observar desde el punto de vista de Kvothe la idealización de las mujeres, especialmente de Denna. Él no las admira por empatía o caballerosidad, sino que las compara con criaturas salvajes o tiende a resaltar sus virtudes físicas, a considerarlas siempre atractivas. Posiblemente lo suyo sea para siempre más un encaprichamiento del ideal al que aspira que un verdadero amor por alguien a quien no conoce. Y no me malinterpretéis: eso no está mal, puesto que el autor sabe lo que hace. Lástima que, como solo tenemos su visión, tengamos que acostumbrarnos a esas descripciones. 

«’Mujeres’ no, Bast. Una mujer. La mujer.» (p. 427) 
«Para aproximarse a una criatura salvaje es necesario tener cuidado. El sigilo no sirve de nada. Las criaturas salvajes reconocen el sigilo y saben que es una mentira y una trampa. Si bien a veces las criaturas salvajes juegan a juegos de sigilo y, al hacerlo, en ocasiones son presas del sigilo, el realidad el sigilo nunca las atrapa. Pues bien. Con lento cuidado, más que con sigilo, es como debemos aproximarnos a determinada mujer. Una mujer salvaje hasta tal punto que temo abordarla demasiado deprisa incluso en una historia. Si me moviera de modo imprudente, podría asustar a la idea de esa mujer y hacerla salir volando precipitadamente. Así que, con lento cuidado, hablaré de cómo la conocí.» (p. 428) 
«—El problema es que ella no se parece a nadie que yo haya conocido. Tenía algo intangible. Algo cautivador, como el calor del un fuego. Tenía una elegancia, una chispa...  
—Tenía la nariz torcida, Reshi —dijo Bast, interrumpiendo el sueño de su maestro.  
Kvothe lo miró, y una arruga de irritación apareció en su frente.  
—¿Qué?  
Bast levantó ambas manos poniéndose a la defensiva.   
—Solo es un detalle, Reshi. Todas las mujeres de tu historia son hermosas. Normalmente no puedo refutarlo, porque no las conozco. Pero a esta sí la vi. Tenía la nariz un poco torcida. Y si hemos de ser sinceros, tenía la cara un poco afilada para mi gusto. No era una beldad impecable, Reshi. Te lo digo yo, que he dedicado mucho tiempo a estudiar estas cosas.» (p. 506)


Nos mienten. La sospechosa historia entre Ernesto y Nora se inicia como una relación formal y profesional entre el cliente y su polizo (guardaespaldas) que deriva en un intercambio de reflexiones idealistas por parte de ambos. Ernesto peca del estereotipo de Adonis (término para referirme al mito del hombre perfecto físicamente para todo el mundo); y sin embargo, de manera interesante se declara desde la perspectiva de Nora que:

« […] No encuentra nada sexualmente activo en Ernesto a pesar de su indudable perfección física, o quizá debido a ella […]» (p. 91)


Memorias de Idhún (II). Tríada. No, aún no ha llegado la hora de destripar esta saga. Paciencia. Este es un ejemplo curioso en el que la autora entiende perfectamente la distinción entre amor y atracción sexual, pero que luego al aplicarlo… se hace regulín. El momento en el que Jack rechaza llevar con Kimara una relación puramente sexual (o física) expone cómo es importante para él que el amor y el sexo vayan unidos. Y eso no está mal. El problema es que, en su contraparte, Victoria, observamos que no hay absolutamente ningún conflicto más allá de los celos y la posesión de Jack; y la situación se resuelve con un Jack que contenta a Victoria en vez de superarlo por sí mismo. ¿Qué nos está intentando decir la autora? ¿Que los deseos de tu pareja están por encima de los tuyos propios? Aquí el fallo, entre muchos otros, estuvo que la resolución se viviera desde la perspectiva de Victoria, y no la de Jack.

«Con todo, [Kimara] era joven, y hermosa, a su manera. También Jack se había quedado mirándola fijamente. Nunca había visto a nadie como aquella chica tan exótica.» (p. 193) 
«Jack observó a Kimara, embelesado. Parecían brotar chispas de sus pies. Toda ella parecía una centella bailando en torno a la hoguera.» (p. 212) 
«Recordó lo que Christian le había contado en el Bosque de Awa acerca de las ‘necesidades físicas’. Él ya le había dejado claro lo que pensaba con respecto a la fidelidad en las relaciones. Si ella era capaz de aceptar aquello en el caso de Christian, debía poder tratar a Jack de la misma manera. Además… qué diablos… ¿no había aceptado Jack su relación con el shek?» (p.214)


Ninguna de las tres es una gran fan de la literatura juvenil romántica, donde proliferan más ejemplos de cómo la chica se enamora del chico guapo del instituto por, precisamente, considerarlo atractivo. Quizá se intente disimular este acercamiento superficial (ya que el autor no suele desarrollar primero una relación amistosa) con características de él: que es sensible, misterioso, amable, etc. Pero nada de eso excluye que haya sido creado como una fantasía por y para la protagonista, no como persona que pueda amarla en las mismas condiciones.

Echo de menos que un tema tan intrincado y complicado como el amor esté tan desaprovechado en la literatura actual. ¡Cuando hay hasta una sección para él! Como he tratado de desarrollar, tenemos tan interiorizado que el amor es algo natural para nosotros que solo rozamos la superficie al intentar transmitir experiencias personales a los demás. Lorena Franco es un buen ejemplo de esto, ya que intenta dar una perspectiva idealizada del amor en el que este significa sacrificio por la otra persona. En realidad no está explicando qué es, sino lo que lleva a hacer.

Una definición apropiada del amor, en la que creo estaréis más o menos de acuerdo conmigo, es cuando la vida con esa persona merece ser vivida por la felicidad que te aporta. Con sus matices, claro. Hay muchas personas que no necesitan del amor para serlo (¡hola, arromanticismo!), otras que expanden su significado (¡hola, poliamor!) y alguna otra forma por ahí que habré olvidado, y no por ello tiene menos reconocimiento.

Me he lanzado a dar esta definición pero, en el fondo, sé que no debería haberlo hecho. ¿Por qué, si lo que quiero es que un autor me sorprenda con una profunda reflexión sobre el amor? ¿Por qué, si me gustaría ver otras formas de concebir el amor o de expresarlo? ¡O de no hacerlo! Ahí está el reto: en entender que un tema tan manido como el amor, en el fondo, no ha exprimido ni una milésima de su potencial debido a las preconcepciones que damos por sabidas.

Y a que en la literatura juvenil todo se reduce a encontrar un buen cacho de carne sexualmente atractivo/a (y activo/a).





*Solo continuaría leyendo en caso de que algún bien amado lector me asegure que:
1. El husbando pasa de Lía. No ha mostrado interés por ella, de absolutamente ningún tipo, y por muy pesada/petarda que se ponga no llegarán a nada porque una de las partes no quiere, ni tiene por qué enamorarse mágicamente. Además, ya ha dicho que ha ayudado a decenas de viajeros en el tiempo y no veo motivo para que a ella la trate de forma distinta.
De hecho, me da igual si Lía aprende que no debe tomarse tan a la ligera el amorrrr si luego igualmente se queda con el chico. No me gustan los mensajes hipócritas.
2. La autora no se olvida de que la protagonista aún sigue embarazada y en algún momento tiene que expulsar al feto muerto. Digo yo.

PD. Agradecimientos a Rika y Green por buscarme las citas <3


Fuentes:

http://www.euskomedia.org/PDFAnlt/antropologia/11/06/06157172.pdf
http://jesusgonzalezfonseca.blogspot.com.es/2010/10/el-amor-romantico-traves-de-la-historia.html

Bibliografía recomendada:

Hay publicado un libro titulado Emociones y sentimientos. La construcción social del amor, de Luisa Abad González y Juan Antonio Flores Martos, que recoge una investigación española sobre la construcción de los sentimientos en el ámbito social, especialmente en el amor. Yo no lo he leído porque no es mi campo, pero quizá pueda interesar a alguien.


(Todas las imágenes empleadas pertenecen a sus respectivos dueños)

12 comentarios:

  1. Odio tantísimo que tengan que meter amor a la fuerza en historias que no lo necesitan, sobre todo cuando ni siquiera tiene sentido. Y más por lo que dices, no es amor, es deseo sexual. Si es que todavía hay un tabú tremendo con eso y parece que no se puede decir que un personaje, sobre todo en juvenil, quiere follar, así que lo maquillan de amor para que de el pego. Pero, para mi, se nota muchísimo. No me voy a creer que sabes que una persona es el amor de tu vida en una semana y sin apenas haber hablado, o peor, que si te has relacionado con esa persona sea para discutir (esa interpretación de las peleas como tesión sexual o sentimientos no resueltos da para una entrada a parte). Cada vez que veo eso me dan ganas de gritar: “¡No engañas a nadie! Quieres sexo porque la persona es cuestión te atrae. Reconócelo y punto, no iras al infierno.”

    Tratanto con más gente asexual he oído que dicen que el amor ace es el verdadero amor, y cada vez les doy más la razón. Hablan justamente de confianza o de la felicidad que les aporta estar con una persona, razón por la que quieren que dicha persona sea parte importante de su vida. Eso me parece mucho más real que lo que me venden por todas partes. Han impuesto la idea de que no es amor de verdad si no incluye deseo sexual, hasta el punto de que se centran en esto y se olvidan de todo lo demás.

    Yo como arromántica tengo clarísimo que no quiero pareja, para mi es de lo peor (aquí lo explica bien: http://chekhovandowl.tumblr.com/becomingloveless ). Pero tengo amistades a las que quiero mucho y pasar rato con ellas me hace feliz, aunque no me interese ni de lejos ser su pareja, besarlas ni tener sexo. Recuerdo haber pensado más de una vez: “si sintiera deseo sexual por esta persona eso sería lo que llaman 'amor verdadero' e intentan venderme como súper épico en tantos medios, porque intelectual y emocionalmente dudo que se pueda llegar a conectar más”. ¿Por qué está la amistad tan infravalorada y el amor tan sobrevalorado? A ver si mucha gente le esto y se anima a desconstruir el amor y plasmar otros tipos de relaciones bien desarrolladas fuera de este deseo sexual que nos quieren vender como amor.

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    1. ¡Un placer leerte siempre, Selenita!

      El amor es uno de los premios recurrentes en la literatura al protagonista. La historia del héroe que durante su viaje se enamora y, si vive para contarlo, se retira con ella (o él) para simplemente ser feliz es harta típica. El papel de la pareja puede variar entre una mera acompañante a una miembro destacada del grupo, pero sigue siendo una recompensa, al fin y al cabo. Al menos esa es mi teoría a por qué existen casos donde se mete con tanto calzador “el amor” y donde no interesa realmente plasmarlo. Es una forma fácil de darle un final porque a rasgos generales está tan manido que es ampliamente aceptado como “bueno”.

      Esta entrada daría para una continuación con ejemplos absolutamente tóxicos de amor idealizado en la literatura juvenil, porque casi no hay novela del género que se libre. Y naturalmente, esa atracción sexual que era en un principio se romantiza para llegar a un final en el que la pareja se establezca y coman perdices para siempre. En muy pocos casos se cuestiona si es un amor sano, si está basado en algo más que el deseo, en confianza o en afecto.

      El libro que has estado leyendo de Te odiaré hasta que te quiera daría para una larguísima reflexión sobre los enredos de los que es capaz un autor para justificar con el amor lo que le dé la gana xD

      En la literatura fantástica sí he encontrado una mayor diferenciación entre amor y atracción sexual, en parte creo que porque se piensa que se dirige a un público más adulto (hace unos años era al revés, la fantasía se concebía como algo infantil, pero lo poco que leo del género parece que ha habido un cambio). La confusión se da en adolescentes por el tabú que dices, entre lo prohibido (lo deseado) y lo normativo (lo deseable). Esto es algo a lo que le tengo mucha fe que cambie con las nuevas tendencias, a que se reflexione un poco sobre lo que se escribe sobre el amor en vez de recurrir a los estereotipos que cansan y, encima, son muy criticables.

      Gracias por pasarte y comentar~

      Atte. Lyra.

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  2. ¿No has leído La viajera del tiempo?
    Puedo asegurarte que nada es lo que parece y aunque creas que Lía y el "Adonis" se liarán en realidad él es.......... Ahí lo dejo.
    Por cierto, me has aburrido soberanamente, cosa que La viajera del tiempo no hizo.

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    1. Si entiendes los artículos como una forma de entretenimiento en vez de informativos o de reflexión, entonces sí, posiblemente te haya aburrido, pues ese no es su objetivo.

      Y dado que tú ni lo has leído, pues en caso contrario verías mis reticencias y tendrías más argumentos para animarme a retomar La viajera del tiempo más allá de unos puntos suspensivos (y encima maleducado, ya ves tú si así vas a convencerme de que me he equivocado xD), poco puedo debatirte. Ahí lo dejo.

      ¡Saludos!

      Atte. Lyra.

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    2. Así os va jajaja
      Suerte con esta mierda de blog

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  3. Hello? Los libros de amor son fantasía idealizada. Claro que en la realidad no hay gente asi de guapa pero ya que es una fantasia normal que te pongan a un tio bueno que se enamore de ti. Diras lo que quieras pero nadie se enamora de cuasimodo por muy buena gente que sea. Tambien en los libros de tios se ligan a la guapa de turno. Ya que va a ser un libro para chicas que menos que ponerles un chico guapo para que sea interes amoroso.

    Sin rencon. Lo juro. xD

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    1. Hello! xD

      Ciertamente tienes razón al señalar que actualmente el género romántico se basa en satisfacer fantasías de las lectoras. Pero como tú misma dices "ya que es una fantasía normal que te pongan a un tío bueno que se enamore de ti". Que yo recuerde los libros no se basan en un self-insert (salvo en los fan fiction donde se pone "____" para que cada una coloque su nombre xD), sino en la historia de amor de una pareja, no tuya con un/a chico/a. Otra cosa es que la protagonista sea una Mary Sue para que las lectoras se identifiquen con ella.

      El artículo no va sobre enamorarse de guapos o feos (en mi opinión una clasificación harto simple, lo que gusta a una puede no gustarle a otro), sino cómo se trivializa el tema del amor en pos de hacer libros de self-insert con Mary Sues. Y en algunos casos, lo idealizado se convierte en algo repugnante y poco romántico si lo aplicaras a la realidad (el ejemplo más claro sería la obsesión y celos de Edward Cullen por Bella).

      Siento que me estoy metiendo con tus gustos (?) y la verdad es que cada persona puede (y debería) leer lo que le viniera en gana. El artículo está escrito como reflexión en torno al tema, lo cual más allá de las preferencias que tengamos creo que nunca viene mal. Cualquier opinión mía o de los demás no tiene por qué impedirte seguir disfrutando del género.

      ¡Gracias por pasarte por la mazmorra y comentar! Espero no haber sonado rencorosa xD

      Atte. Lyra.

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  4. ¡Hola! Primera vez que comento tu blog, pero hace un tiempo que he seguido (leído) tus entradas y siempre me parecen muy interesantes. Hace poco que comencé a informarme bien acerca del feminismo, en diversas ámbitos y con ello, mis gustos literarios han ido cambiando (para mejor jaja). Ahora, como bien escribes, es deprimente esa inclusión forzosa de amor romántico y su idealización en cada historia juvenil y más encima, para nada desarrollada. No he leído el libro, pero vi la película de Miss Peregrine y los niños peliculiares (que según se es buena adaptación de la historia original) y está tan bien retradado ahí el tema. La historia daba para un desarrollo del protagonista y dele con emparejarle creando diálogos y situaciones poco creíbles para quiénes recién se venían conociendo. Pasa tan seguido :( Saludos.

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    1. ¡Bienvenida a la mazmorra! Me alegro de que te haya gustado. Por mí nos puedes escribir todo lo que quieras, los artículos sirven de poco si no disponemos de un feedback para desarrollarlos mejor poco a poco~~

      No he visto la película de Miss Peregrine, pero prácticamente puedo imaginar la situación porque es bastante cliché en historias de adolescentes. Tienen poco tiempo de filme y necesitan consolidar el amor para venderlo al público. Yo no soy muy cinéfila, así que no puedo aportar mucho más sobre el tema, no puedo poner ejemplos de películas que lo traten bien.

      Porque ojo, aquí bajo los tomatazos, adoro el tema del amor en las historias, pero cada vez se me hace más aburrido cuántos más patrones absurdos repiten. Que surja por un breve encuentro entre los mozuelos y se obsesionen como si de unos 194782 Romeo y Julieta fueran..., pues que ya soy algo vieja para leer siempre lo mismo.

      ¡Gracias por pasarte y comentar!

      Atte. Lyra.

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  5. Buah, Memorias de Idhún. De eso sí que quiero yo una buena reseña de las vuestras.
    Yo era del team Kirstash y gracias a esa trilogía conocí a mi mejor amiga actual... y solo le tengo un mínimo de cariño por eso, porque ese triángulo lo vislumbre muy turbio. De hecho, no puedo opinar porque el tercero no me lo leí. Me pilló muy mayor para tanta tontería adolescente... Esperaré esa entrada con ansias.

    A mí también me gustaría no ver patrones repetidos EVERYWHERE, porque luego una tira a escribir y no tiene más inspiración que esa, por lo que solo te sale escribir la misma mierda romántica con otros nombres y que no aporta nada nuevo a la literatura.
    Y no estoy en contra del amor, de hecho quiero amor en la literatura, pero algo nuevo y no bobadas adolescentes de "hola. OMG HA DICHO HOLA. ME ARRANCO LA ROPA. TÓMAME."

    Un placer leeros. Es que siempre aprendo algo. Me aportáis visión y perspectiva y os quiero por ello.

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    1. ¡Bienvenida a la mazmorra! Yo era Team Jack, lo reconozco. Y a pesar de que en su momento Memorias de Idhún era mi libro de cabecera (ay, la adolescencia feérica), en su día ya me chocó mucho ese fragmento entre Kimara, Jack y Victoria. Me traumatizó lo bastante como para rescatarlo años después.

      Creo que me tocará a mí hacer las reseñas de Memorias de Idhún, aunque estoy pensando en cómo hacerlo ameno, porque tiene tanto tiempo que se dirigiría sobre todo a quienes lo leísteis. Tú te perdiste el destrozo del último libro, cómo te envidio. Ya llegará~~

      En cuanto al amor, poco más que añadir a lo tuyo. Adoro el amor, las parejas y mis OTP. Por eso me aburren el género romántico juvenil, nunca aporta nada nuevo. Si alguna vez te animas y escribes algo que sea distinto, my body is ready.

      Nosotras también os queremos <3
      (Viva el amor)

      ¡Gracias por pasarte y comentar!

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