Recordatorio

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lunes, 8 de mayo de 2017

Análisis: Testosterona y el #NotAllMen mágico

Título: Testosterona
Autor: Guillermo Jiménez

Sinopsis: La capitana de la brigada pilomántica, Mila Kiwua, está tomando una ronda con sus compañeros cuando un policía nuevo de fuerte temperamento entra en el bar. Desde el primer momento que la fría y azulada capitana mira su ardiente melena y su barba rojiza, solo tiene un objetivo: llevárselo a la cama. Sin embargo, sus avances son truncados por una emergencia en los barrios marginales, en la que los dos deberán rescatar a una turista secuestrada. 

¿Será Mila capaz de cumplir con su deber y controlar sus impulsos? 

Una historia corta de fantasía policial, con tintes de ciencia ficción, thriller y erótica, ambientada en una ciudad turística isleña del siglo XX.

Número de Páginas: 51

Me encanta cuando alguien te promete una cosa y luego no la cumple. Me encanta sobre todo porque entonces tengo derecho a hacer llorar al Niño Jesús [R: mientras no lo ases...]. 

Bien, voy a empezar haciendo un apunte sobre la portada, concretamente sobre el texto y más que nada para que en el futuro no se cometa el mismo error. El texto de una portada de libro se tiene que poder leer BIEN, ya esté arriba, en el centro o abajo. El texto de la portada de Testosterona es blanco sobre gris parcial y líneas de dibujo y queda muy MAL, le hace falta el trazo negro que se pone con Photoshop. Eso sí, la ilustración me mola un montón, con el contraste de los grises y el color de pelo como punto de atención.

Pasemos a lo importante.

Testosterona es un relato corto, de menos de cincuenta páginas si quitamos la portada y las páginas de cortesía. Lo conseguí gratis durante un período de oferta porque, la verdad sea dicha, me daba curiosidad el pelo mágico de colores y como no sé comprar por internet, pues ala... A los diseñadores gráficos nos gustan mucho los colores y una magia que se haga con ellos tiene que ser cuanto menos curiosa. 

La sinopsis tiene una de esas preguntas de novela rosa que obviamente te contestas en cuanto la lees (ya os lo chivo yo, la respuesta es No). Lo de que la chica que tienen que salvar es una turista te lo dicen en la sinopsis, pero es mentira porque en el propio relato pasan de decírtelo (lo he buscado por palabra en el propio PDF: es triste, te dicen que los padres están de vacaciones, pero bien podrían ser nativos de la isla que pasan el puente de mayo). No tengo muy claro que la cosa sea policial ya que durante tres cuartas partes del relato los protagonistas no hacen apenas nada relacionado con la policía. Le concedo la fantasía y el hecho de que a la tía azul sólo le importe triscarse al tío rojo.

Eso sí que está conseguido.

Por otra parte tenemos una narración en primera persona pasado, algo que agradezco porque estoy harta de la primera persona presente que utilizan mucho hoy en día y que me resulta tan cutre cuando la usan mal. Claro que con el tiempo narrativo termina mi agradecimiento porque resulta que cualquier cosa medianamente buena que pudiera tener el relato se lo carga la existencia del panfleto ideológico que te estampan en la cara [R: oh, eso también es muy común hoy en día] y que se te intenta meter a la fuerza por la boca. Si hay algo que me cansa en una historia es la nueva moda de que, por medio de un personaje, se chille un discurso con el que se pretende denunciar una injusticia de nuestra realidad, inconexa con la del relato [L: la sutileza brilla por su ausencia].

Mira, mejor os voy a poner un poco en situación.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Los dobles estándares en Harry Potter: Malfoy vs Weasley


¡Bienvenidos a la mazmorra! Rika para serviros, queráis o no.

Malfoy y Weasley son las dos familias de sangre limpia más prominentes de Harry Potter. Si bien la tensión que existe entre ellas se puede advertir ya con el desdén con el que Draco trata a Ron en el primer libro, comprobamos que ambas son rivales desde que el segundo libro nos abre con Lucius Malfoy y Arthur Weasley dándose puñetazos (muy a lo muggle). Luego el señor Malfoy mete el diario de Voldemort entre los libros de Ginny y ya queda sentenciado para el lector. Es decir, ¿cómo se puede ser tan ruin y cobarde? Quizás porque a doña Rowling le gustan mucho más los personajes blancos y negros de lo que nunca reconocerá.

Los Malfoy representan, con la excepción de Narcissa en el último libro con su amor maternal, lo peor de lo peor. Son los snobs odiados incluso entre los mortífagos, chaqueteros, egoístas y, lo peor de todo, cobardes. Los Weasley contrastan con ellos no solo por ser pobres y mucho más numerosos, sino por su amabilidad, cierta torpeza y actitud más abierta/moderna… Al menos en apariencia.




En realidad, si nos fijamos, encontraremos más parecidos negativos que verdaderas diferencias y no estoy segura de que, en varios casos, doña Rowling lo hiciera a propósito. Vamos por pasos.

Los dos clanes son racistas con los muggles, solo que los Weasley se muestran más paternalistas con estos por influencia directa de Arthur Weasley. En teoría trabaja con muggles, pero no sabe prácticamente nada de estos y su interés por los «cachivaches» —la verdad es que nunca he entendido por qué usan coches si ya un enchufe los hace reír por lo absurdo que les parece— infantiliza todavía más el mundo de los muggles. Aun así, la intención que hay detrás es más o menos loable. Por eso acaba teniendo una pelea con Lucius cuando este hace referencia a sus gustos y amistades cuando los padres de Hermione andan cerca.

sábado, 17 de septiembre de 2016

El amor romántico en la literatura


Tengamos un pequeño descanso de Harry Potter. Tita Lyra os trae otro tema sobre el que reflexionar: ¡dentro música!

Este podría haber sido perfectamente un artículo en torno a cuál es el límite de lo que puede soportar un lector antes de dar por perdido un libro por completo. Dicho así suena hasta triste. ¿Cómo de insoportable puede volverse algo para que resulte intragable? En mi caso por muy pobres expectativas que tenga de una historia, intento acabarla, ya que cabe la ligera esperanza de que todo sea un Show de Truman enmascarado en algo que parece irreparable. 

Como imaginaréis, en mi última experiencia no ha podido ser así. Y no, el título del artículo no es engañoso, pero para poder hablaros del amor romántico en la literatura primero me gustaría calentar motores contándoos mi reciente decepción.

La víctima es La viajera del tiempo, de Lorena Franco, cuya sinopsis paso a copiaros:

«William y Lía son hermanos. Almas gemelas. Una infancia difícil ha hecho que William y Lía dependan el uno del otro desde siempre.  
Todo cambia cuando William desaparece sin dejar rastro, el mismo día en el que entierran a su madre en el año 2007. Nadie sabe qué es lo que ha podido suceder, ni siquiera Lía, convertida ya en una abogada de éxito.  
Cinco años más tarde, cuando Lía entra por casualidad en una galería de arte neoyorquina en la que exponen retratos de escritores y pintores de principios del siglo XIX, descubre en uno de ellos el rostro de su hermano William. En la placa, un seudónimo: ESCORPIÓN, un misterioso escritor cuyas obras fueron publicadas entre 1808 y 1813.  
Un maravilloso y mágico descubrimiento hará que Lía se convierta en una viajera del tiempo, con la esperanza de encontrar a su hermano en el pasado y traerlo de vuelta a casa.»

Mi motivo para dar por perdido este libro no ha sido el uso continuo de la coma criminal (ya lo veréis en la única cita que transcribiré), ni siquiera la incorrecta puntuación o el empleo de algunos tiempos verbales. O que en un 25% que llevo del libro (maldito Kindle, ¿por qué no puede señalar las páginas?) se hayan repetido varias veces los mismos sucesos desde tres perspectivas distintas sin que se aporte con las otras dos algo revelador o trascendente. Ninguna de esas cosas, en serio. Puedo soportarlas.